Si bien prevalece esta convicción, algunos estamos convencidos de que no sólo se puede enseñar arquitectura, sino que es la tarea de las escuelas técnicas y las facultades. “La arquitectura”, dice Bernard Tschumi, “es el arte de construir conceptos” y para ello “hay escuelas que enseñan cómo pensar y otras enseñan qué pensar. Las primeras combaten la ignorancia mientras que las otras la refuerzan.” A lo que Mark Wigley añade que las escuelas y universidades no son más que “máquinas de reducción de estupidez”. La arquitectura es una forma de conocimiento antes que un conocimiento de la forma. Y su enseñanza sigue pendulando entre la continuidad con las Arts & Crafts y la ruptura, entre el compromiso social de la formación del arquitecto y la autonomía de la disciplina arquitectónica, entre la profesionalización de la enseñanza y la especulación formal, y entre lo artesanal y lo conceptual. Para ello, el lugar de transmitir y adquirir conocimiento sí importa. Si la Bauhaus rompió con la Academia y los estilos para postular un modelo de aprendizaje que transformara alumnos en artistas y artesanos comprometidos con su tiempo y su tecnología, atendiendo las necesidades de una sociedad industrial, las escuelas de arquitectura contemporáneas deben ser lugares en los que se comparta conocimiento con compromiso social, y también laboratorios donde se especule e investigue sobre la forma. Deben dejar de ser fábricas de arquitectos para convertirse en plataformas de investigación y de generación de pensamiento crítico.
Obra
Esrawe Studio | Franklin Azzi Architecture | WEISS/MANFREDI | Estudio Carme Pinós | Gonzalo Claro | NADAAA | John Wardle Architects | Arquitectonica | LGA Architetural Partners | Álvaro Siza + Carlos CastanheiraEntrevistas y ensayos
João Luís Carrilho da Graça | Marina Otero | Sofía von Ellrichshausen | Mariam Kamara | Dominique Perrault | David Chipperfield | Terence Gower | Olga Tensheva | Nicolay Boyadjiev | Juan Román | Alberto Pérez Gómez