100 años de Teodoro González de León.
“La arquitectura, la pintura y la escultura, junto con la lectura y la música son mi manera de ser en [...]
22 julio, 2026
por Ernesto Betancourt
No deja de sorprender que en la época de la IA y la transmisión política y mediática de las redes sociales, la arquitectura sigue ejerciendo su cautivador poder de representación.
El pasado 10 de Julio, se dió a conocer el resultado del proyecto ganador del concurso para el Museo Nacional de Ecuador en Quito, el anuncio desató una polémica intensa en redes y prensa que llevó a descartar el proyecto seleccionado y firmado por el español: Alberto Campo Baeza y el Taller local MAODA (Metrópoli Andina Oficina de Diseño Avanzada). Lee la nota AQUÍ.
En los días que siguieron al anuncio, las redes se llenaron de opiniones negativas sobre el resultado que llevó a la Ministra de Cultura Nacional, que formó parte del jurado, a presentar su renuncia y al ministro de Transporte y Obras Públicas: Roberto Luque -también representante gubernamental en el jurado, declarar que el proyecto seleccionado “no es lo que Ecuador necesita”, (1) cuando días antes había celebrado el resultado.
En un giro aparentemente motivado por la crítica “ciudadana” reclamando falta de legitimidad para representar los “valores de la cultura ecuatoriana”, el diseño ganador fue desechado, no por sus características funcionales, ni necesariamente por el análisis de sus plantas y secciones, sino por unas vistas dadas a conocer del proyecto: Caja brutalista, colonialismo europeo, desdén a las tradiciones y la historia quiteña, descontextualizado, sin respuesta a la “otredad”(sic), horrible, innecesario, son algunos de los adjetivos que encontré, fundamentalmente en las redes sociales, para describir la propuesta.
El ministro, sin ningún reparo, a dos días de la decisión -seguramente acatando instrucciones, modificaba las bases de participación invitando a los finalistas a una segunda ronda y a los “ciudadanos” a proponer las características que quisieran para el nuevo proyecto: “Ahora ustedes elijan el museo que quieran” (2), no pasó ni una semana para contar con un nuevo proyecto, avalado, ahora sí, con el beneplácito popular.
Los concursos de arquitectura, principalmente tratándose de intervenciones públicas casi siempre provocan reacciones encontradas y crean el escenario ideal para la controversia política, una propuesta arquitectónica siempre presentará flancos débiles para su ataque, frecuentemente se utilizan criterios con un alto grado de subjetividad para su descalificación, el proyecto de Campo Baeza y MAODA fue descalificado públicamente y a toda velocidad con base a argumentos insustanciales y subjetivos, como los que se leen arriba, supuestamente por no considerar las características del lugar y la tradición andina del pueblo ecuatoriano, que a decir de sus críticos, tratándose del Museo Nacional no podían ser soslayados, muy probablemente las razones e intereses ocultos que motivaron el desenlace sean otros.
“La democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre (sic) a excepción de todos los demás” frase que suele atribuírsele a Churchill, podría ajustarse perfectamente a los concursos de arquitectura, con las variadas modalidades en las que pueden presentarse, no son, ni serán perfectos, pero es la forma menos arbitraria y sensata de asignar proyectos, más aún cuando se trata de fondos públicos, en el caso del Museo del Ecuador como en otros casos, y este es el punto central de la polémica, no es el desenlace lo que se necesariamente debe ser defendido, no un proyecto u otro, que por lo demás, como todos puede tener virtudes o defectos, unas pueden ser resaltadas y los otros minimizados en un desarrollo posterior, sino el proceso, es este el que hay que defender a toda costa, más cuando este fue llevado desde su inicio con pulcritud y transparencia, como en este caso por El Colegio de Arquitectos de Pichincha y ejecutado por un jurado conformado por prestigiosos profesionales, además de haber sido suscrito en sus bases y condiciones por todos los participantes en las que se estipulaba que el fallo sería inapelable.
En 1970 el proyecto ganador para el Centro Pompidou fue calificado como: “Una refinería en el corazón de París” y sus entonces jovencísimos autores: Renzo Piano y Richard Rogers fueron abucheados y algunos asistentes les arrojaron tomates durante la ceremonia de presentación, hoy es el museo parisino más visitado, solo después del Louvre. (3)
En 1922 el periódico Chicago Tribune en su 75 aniversario convocó a un concurso internacional para diseñar su nueva sede, la iniciativa solicitaba:
“The world’s most beautiful and distinctive office building.” (4)
Para el jurado, ello significó una torre neo-gótica que: por “su monumentalidad y permanencia, su capacidad de transmitir prestigio institucional para un gran periódico y una imagen fácilmente reconocible desde Michigan Avenue” atributos todos que el proyecto seleccionado de John Mead Howells y Raymond Hood, en su opinión, ofrecía.
En cambio la colosal columna dórica de Adolf Loos o las propuestas modernistas: de Gropius, Hilberseimer o Bruno Taut, no eran para aquel jurado, aptos para representar los ideales perseguidos, ni para la imagen de la institución o para la ciudad de Chicago, renunciando a la oportunidad de construir entonces la primer gran torre moderna en el mundo en lugar del pastiche historicista que eligieron.
Sin embargo, en ambos casos, pese a críticas, ataques o alabanzas, el proyecto vencedor fue el que se construyó, responsabilidad delegada en un jurado de especialistas, fruto de su época. Casos semejantes ocurrieron con la Opera de Sidney o con la sede de las Naciones Unidas en NY, con resultados extraordinarios en un caso o no tanto en otro.
En cambio en este caso y al vapor, en medio del escándalo, el gobierno convocó, sin el concurso del Colegio de Arquitectos local, a una nueva vuelta con los otros finalistas mediante un proceso opaco y desaseado. El curso posterior que ha seguido está salpicado de irregularidades y sospechas, uno de los miembros del jurado declaró que recibieron una llamada del presidente para inducir el resultado (5), se habla también de usar el proyecto del Museo para valorizar un proyecto inmobiliario que se construirá adyacente al sitio, entre sospechas y declaraciones, se ensucio un proceso que prometía ejemplaridad.
Como parte de este nuevo intento, se abrió un canal para que la “ciudadanía” pudiese votar por su favorito, sin ninguna argumentación ni análisis. Ese “voto popular” apenas contó un 15% de la revalorización, se invitó a quien quisiera por medio de un botón elegir a lo que quedaba del repechaje, y el ganador fue en realidad ahora seleccionado por un nuevo jurado aparentemente más ligado a intereses inmobiliarios y cercanos a la presidencia del Ecuador. La participación ciudadana, siempre fundamental, debe darse antes o durante el proceso, no una vez dado el fallo, la inconformidad posterior le resta legitimidad a todo el desarrollo e incluso al nuevo proyecto, que puede ser objeto de los mismos señalamientos y reclamos subjetivos.
Es una pena que el ahora proyecto seleccionado venga firmado por SAANA (lee la noticia AQUÍ), que en mi opinión deberían desvincularse de esta opereta montada en torno al fallido concurso, así como varios de los finalistas, entre ellos la entrada firmada por PRODUCTORA y el prestigiado arquitecto ecuatoriano Handel Guayasamin, se negaron a avalar el embuste en el que derivó la nueva iniciativa.
El nexo entre política y arquitectura sigue tan vigente como lo ha sido toda la historia, los edificios siguen diciendo cosas, y representando su época, pero la política suele operar bajo intereses mezquinos y oscuros, por ello es necesario introducir recursos de transparencia y contrapesos a la voluntad de individuos o de grupos singulares, en la arquitectura ocurre lo mismo.
La educación de la arquitectura y la cultura de los concursos sigue siendo importante para la salud de las instituciones que busca albergar y de nuestras ciudades, más allá y además de buscar ser: ”The most beautiful building” como anunciaban los promotores del edificio del Chicago Tribune, los organizadores, jurados, participantes y gobiernos promotores deberían buscar igualmente mecanismos éticos de participación.
En el caso que nos ocupa, algunos participantes y el Gobierno del Ecuador -además de hacer un ridículo internacional, faltaron a la ética, sobre la belleza no opinaré por ahora, pero esta historia creo, seguirá en suspenso, aun no acaba.
Referencias:
(1) El País; 27 de Julio 2026.
(2) ibid.
(3) https://www.centrepompidou.fr/en/pompidou-plus/magazine/article/from-pompidou-to-beaubourg-the-secret-history-of-renzo-pianos-and-richard-rogerss-+
(4) The Lakefront Historian; The Chicago Tribune Tower Competition: https://lakefronthistorian.com/2018/02/08/the-chicago-tribune-tower-competition/
(5) ArquitecturaViva.com
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