Esta doble condición exige abordar el problema de la construcción industrial, no sólo como una cuestión estrictamente funcional, en la que sólo importa el rendimiento económico del edificio, sino de una manera más amplia en el aspecto arquitectónico. Así, la arquitectura de la Central es simbólica, tanto en su geometría —basada en la circularidad energética y económica— como en su materialidad —que opta por la transparencia literal y pedagógica—, para presentar el conjunto como una identidad. Dos elementos principales componen el edificio: un contenedor de concreto y una estructura ligera de acero y plástico reciclable. La base sirve de soporte a toda la maquinaria y establece conexiones terrestres con el exterior, por medio de dos grandes puertas de acero galvanizado, y con un silo que almacena biomasa instalado bajo tierra.