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Vivienda sustentable en México: ¿realidad o utopía?

Vivienda sustentable en México: ¿realidad o utopía?

Este texto fue publicado primero en Revista Este País

La vivienda es una necesidad humana desde tiempos remotos, provee refugio ante las condiciones externas, pero también es un espacio para la recreación social. Sin embargo, la demanda por un lugar dónde vivir ha incrementado debido al crecimiento exponencial de la población, convirtiendo esta necesidad en una amenaza para los espacios que habitamos, alejándonos del equilibrio esencial entre humanidad y naturaleza.

De acuerdo con un estudio de la Agencia Internacional de Energía (IEA, 2008), las ciudades son las responsables de entre 60 y 80% de la emisión de Gases de Efecto Invernadero (GEI). Por ello, juegan un papel fundamental para mitigar las emisiones y adoptar estrategias de adaptación al cambio climático. Por ejemplo, en México el sector vivienda consume alrededor de 19% de la energía producida, y junto con los sectores comercio, servicios y público, acumulan 23% del uso energético.

La crisis ambiental actual nos ha obligado a replantearnos la manera en la que vivimos y alteramos nuestro hábitat. A nivel global el sector de la construcción contribuye al 23% de la contaminación atmosférica, 40% de la contaminación de agua potable, y 50% de los residuos en vertederos. Tan sólo en nuestro país la demanda actual de vivienda nueva rebasa las 200 mil unidades anuales (Consejo Nacional de Población). Existe la necesidad de satisfacer esta demanda de una manera sustentable, incorporando elementos de alta eficiencia energética, y por tanto capaces de abatir las emisiones de GEI. Por esta razón es más que urgente tomar decisiones que nos lleven a la construcción de edificaciones con un menor impacto ambiental, por decirlo de otra manera, a construir de manera sustentable.

La construcción sustentable se define como “un sistema constructivo que promueve alteraciones conscientes en el entorno, atendiendo las necesidades de habitación y uso de espacios, preservando el medioambiente y los recursos naturales, y garantizando la calidad de vida para las generaciones actuales y futuras”. Para que esto se lleve a cabo, se necesita elegir de manera rigurosa los materiales, las técnicas y las tecnologías para que se combinen en formas innovadoras. Este tipo de construcciones son desarrolladas mediante diferentes métodos de arquitectura sustentable, algunos utilizados desde tiempos ancestrales. Su desarrollo incluye la planificación del proyecto, el manejo de los desechos, el uso de la vivienda y su mantenimiento. Entre los métodos más importantes se encuentran:

  • La arquitectura biomimética, la cual, inspirándose en la naturaleza, busca soluciones en los sistemas vivos para adaptarse a las condiciones externas, con la ventaja de ofrecer una mayor eficiencia energética.
  • La arquitectura bioclimática, que busca aprovechar al máximo las condiciones geográficas y climáticas del lugar. Incluyendo el aprovechamiento de luz solar, la disposición de agua, la vegetación presente, la altura, entre otras.
  • La bioconstrucción, que utiliza materiales naturales, como: barro, arcilla, fibras de madera, lana, etc., o la incorporación de nuevos materiales que sean reciclables, no agresivos con la naturaleza, o de bajo impacto en la construcción. Preferentemente aprovechando los recursos de la región y considerando las características de esta. Dentro de sus ventajas más notables está la reducción de contaminantes en diferentes etapas de la construcción. Además de que se evita la exposición a materiales tóxicos que puedan afectar la salud.

Por otro lado, los dispositivos promovidos en la construcción sustentable son variados: se incluyen aquellos orientados a reducir el consumo de electricidad y combustible como materiales térmicos, ventilación cruzada, chimeneas de calor, aislamiento térmico, equipos de aire acondicionado de alta eficiencia o bajo consumo y focos ahorradores. Figuran también aquellos que permiten el uso de energías alternativas, como los calentadores solares de agua y los sistemas fotovoltaicos. Por último, están los destinados a reducir el consumo de agua potable como los microsistemas para tratamiento de aguas grises, sanitarios ecológicos (con sistema dual), grifos, regaderas o válvulas con dispositivo ahorrador y cisternas para la captación, almacenamiento y reúso de aguas pluviales.

Para asegurarse que estas y otras técnicas se lleven a cabo adecuadamente, existen regulaciones sobre vivienda sustentable en México de diversos niveles normativos. Entre las más importantes destacan leyes y reglamentos federales, normas oficiales mexicanas, programas nacionales, regionales y locales de política pública, instrumentos económicos y de política, como las Acciones Nacionalmente Apropiadas de Mitigación (NAMAs) y la Hipoteca Verde del INFONAVIT, así como estándares internacionales, como la certificación LEED (Leadership in Energy and Environmental Design Certification).

Actualmente, la regulación vigente de más alto nivel en nuestro país es la Ley de Vivienda de 2006, que ha sido reformada en 2014 y 2019 para incluir una definición de vivienda sustentable relativa a la procuración del aprovechamiento y explotación racional de los recursos naturales y el respeto al medio ambiente en las acciones de suelo y vivienda. Entre sus criterios están considerados los de la prevención de desastres, la eficiencia energética y la utilización de productos que eviten afluentes y emisiones. Por otra parte, entre las normas oficiales mexicanas —también conocidas como NOMs— más relevantes en el tema, está la NMX-AA-164-SCF1-2013 que habla sobre la Edificación Sustentable. Esta normativa específica los requerimientos para una edificación sustentable durante el diseño, la construcción, la operación, el mantenimiento, la demolición y la remodelación, renovación o reacondicionamiento del edificio. Sin embargo, es de aplicación voluntaria.

El problema es que el cumplimiento de las normas no resulta rentable para las empresas e implica una carga significativa sobre el ingreso disponible de las familias. Por lo cual, existen algunos programas que incentivan la vivienda sustentable en México como son la Hipoteca Verde, a cargo del INFONAVIT y los Programas de Vivienda Sustentable (PVS): EcoCasa, NAMA, RENTA y URBA, a cargo de la Sociedad Hipotecaria Federal.

Hipoteca Verde es un monto añadido a los créditos de vivienda para disminuir el consumo de agua, luz y gas mediante el uso de alguna “ecotecnología”. Así, todas las viviendas que se compren, construyan, amplíen o remodelen con un crédito del INFONAVIT, deben contar o ser equipadas con estas. Por otro lado, en 2013, la Sociedad Hipotecaria Federal comenzó a operar los PVS para contribuir en la reducción de emisiones globales relacionadas con el sector residencial, otorgando financiamiento a desarrolladores para la construcción de viviendas eficientes con estándares de sustentabilidad y confort. De los cuatro PVS, EcoCasa es el más consolidado y tiene por objetivo alcanzar desde un 20% hasta el más alto porcentaje de reducción de emisiones de CO2 en cada proyecto. Este integra criterios de sustentabilidad a través de cuatro herramientas que evalúan la Eficiencia Energética (DEEVi), Consumo de Agua (SAAVi), Entorno Urbano (HEEVi) y la Huella de Carbono de los materiales, basándose en el “Desempeño Integral de la Vivienda”.

Finalmente, el Programa Nacional de Vivienda 2021-2024 recupera los siete elementos de la vivienda adecuada enunciados por ONU-Habitat, los cuales están en sintonía con los Objetivos de Desarrollo Sustentable (ODS) y la Nueva Agenda Urbana, promoviendo la vivienda sustentable.

El rezago habitacional es un determinante básico para la aplicación de medidas ambientales porque atiende aspectos como estándares de hacinamiento, deterioro de la vivienda y calidad de los materiales de construcción; algunos de los principales obstáculos para la instalación de algunos dispositivos como paneles solares, cisternas para la reutilización de aguas grises o aprovechamiento de energías alternativas. A estos indicadores de rezago habitacional, se suman otros dos aspectos relevantes: la calidad de los materiales y el diseño. Y es que la mayoría de las construcciones de vivienda en México se han realizado por albañil o maestro de obras, o algún miembro del hogar, y solo 2% ha contratado una empresa constructora. Esto supone cierto grado de fragilidad estructural en el caso de la vivienda autoconstruida sin dirección de servicios especializados, ya que los tomadores de decisiones son las familias, lo cual obliga a entender su lógica y motivaciones para enfrentar sus necesidades habitacionales sin atender la eficiencia energética y la provisión de servicios básicos. En el caso de los fraccionamientos, su principal problema es que han sido construidos en las afueras de las ciudades, incrementando sus emisiones por transporte.

La sustentabilidad puede alcanzarse si se enfoca en las mejoras en el uso de los recursos, la reutilización de residuos, si promueve el cuidado del medioambiente y estimula la utilización de tecnologías alternativas más eficientes que optimicen y disminuyan los recursos naturales como el consumo de agua, electricidad y gas para mitigar las emisiones. Sin embargo, aún existen muchas necesidades básicas por cubrir y lograr esta transición. Una brecha de oportunidad es rescatar los diseños tradicionales con materiales autóctonos y la bioconstrucción como alternativas viables para la producción de vivienda en el país, tanto autoconstruida como comercial. Otra alternativa es la adaptación, para disminuir los efectos ocasionados por el cambio climático y retomar los principios de vivienda adecuada enunciados por ONU-Habitat ayudando a que las viviendas aparte de ser autosustentables, tengan acceso a servicios de calidad y prácticas culturales congruentes.


Referencias

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