El emplazamiento del proyecto era un espacio verde rodeado de frondosos árboles de unos 10-12 metros de altura media. Para reflejar esa condición, el estudio estableció un espacio verde público destinado a que el edificio resultara lo suficientemente bajo, a escala humana, asegurándose de que la altura no superara los cuatro pisos. El resultado es que el edificio queda enterrado entre verdes árboles, con la azotea creada también como zona verde para conectar el flujo de la naturaleza. Se dejaron rastros de un bosque, antiguamente utilizado como cinturón verde, junto con árboles Zelkova, tan antiguos como la propia historia del edificio de la Asamblea Nacional.