Asiste a las conferencias de MEXTRÓPOLI 2026

Obras

Casa Malonic | Contener, sustraer, abrir, atravesar

Casa Malonic | Contener, sustraer, abrir, atravesar

Al llegar a este lugar, el paisaje se revela con una intensidad difícil de describir. El mar se convierte en un horizonte infinito, mientras que una porción de selva ocupa el terreno con una presencia casi sagrada. La luz, las flores, las piedras, los árboles y un sinnúmero de seres vivos se reúnen para crear una experiencia que existe antes que la arquitectura. Bajo estas condiciones, la arquitectura no podía entenderse como un objeto independiente del paisaje, sino como una manera de establecer una relación con él.

La respuesta fue reducir la arquitectura a sus elementos esenciales.

Un suelo.

Una cubierta.

Una sombra.

La casa busca la simplicidad de una enramada: un refugio sencillo bajo una cubierta. No como una imagen de la arquitectura tradicional, sino como una condición elemental del habitar: estar bajo una sombra, protegido de la lluvia y el sol, mientras el paisaje vive a su alrededor.

El horizonte no es una vista colocada dentro de la casa.

Es la condición que da origen a la casa.

El suelo prolonga esta relación con el sitio. Su color y textura evocan la arena de la playa, como si la casa hubiera encontrado una manera de prolongar esa arena bajo la sombra de la cubierta. La materialidad no busca representar el paisaje, sino establecer una continuidad sensorial con él. La arquitectura se experimenta primero a través de los pies, antes de ser comprendida por los ojos.

El blanco de los muros, por su parte, encuentra su referencia en las flores blancas de los nueve árboles de cacaloxúchil que rodean la casa. De esta manera, la arquitectura retoma dos condiciones del lugar: la tierra y el color.

Sin embargo, esta relación con el paisaje no se revela de inmediato. Desde la calle, la casa se presenta como una masa blanca contenida, acompañada por un único muro curvo de concreto. Su trayectoria sigue el camino y establece un límite entre la calle y la casa. A medida que uno avanza, la vegetación, las piedras y la topografía intensifican una condición defensiva cada vez más marcada hacia la calle, permitiendo que la casa permanezca oculta hasta que uno decide atravesarla.

El recorrido conduce a un patio circular delimitado por muros blancos. Allí, el paisaje reaparece por encima de los muros. La arquitectura comienza a perder su condición de límite y se convierte, en cambio, en una manera de dirigir la mirada y el cuerpo hacia la belleza de la naturaleza circundante. Este gran vacío circular sustrae una porción de la masa construida. El muro deja de ser una superficie continua y se convierte en un borde. A través de él, el cielo, la luz solar y las copas de los árboles ingresan en la experiencia interior.

El proyecto se organiza así en torno a una transición: de la calle al refugio, del refugio al patio, del patio al paisaje. La arquitectura comienza como una masa que protege y termina como una estructura que apenas establece una sombra frente al horizonte.

Entre estas dos condiciones se encuentran los espacios de la casa.

El proyecto no busca reproducir la naturaleza ni desaparecer por completo en ella. Busca construir una relación precisa con el sitio mediante unas cuantas operaciones: contener, atravesar, sustraer y abrir.

En última instancia, la casa se entiende como un equilibrio entre materia y vacío.

La masa blanca protege.

El muro guía.

El vacío permite que el paisaje penetre.

La cubierta ofrece sombra.

Y el horizonte permanece.

PRODUCTOS RELACIONADOS