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Columnas

Espacios: Besalú, La economía del tiempo

Espacios: Besalú, La economía del tiempo

 

A las faldas de los Pirineos, entre dos ríos y paso natural de movimientos comerciales al menos desde la edad de hierro, este peculiar Conjunto Medieval, como se les denomina en Cataluña a estas villas de gran valor patrimonial, se ubica actualmente dentro de la provincia de Girona. La denominación evidencia el período histórico mayormente representado por su arquitectura y estructura urbana.

De su pasado ibérico y romano quedan vestigios arqueológicos ya que los seres humanos, por las buenas o por las malas, tendemos a reedificar cada vez que las circunstancias lo permiten, sobre la preexistencia. Es seguramente nuestra valoración contemporánea por el pasado, lo que ha dado pie a una batalla peculiar por la defensa y conservación del patrimonio en su más amplio sentido.

Tras la caída del Imperio Romano de Occidente y la ocupación del territorio mencionado por los Francos, hasta Besalú llegan las glorias del imperio Carolingio y, como sucedió continuamente en la alta edad media, el núcleo urbano se origina por la construcción de un castillo feudal, cuyo registro en este caso data del siglo X de nuestra era.

La fertilidad de la región y los cruces de caminos comerciales generan una bonanza que va a convertir a Besalú en un núcleo importante de mercado. Con la riqueza llega también el crecimiento poblacional y la complejidad de la urbe. En la baja edad media, el castillo y su capilla particular irán cayendo en el olvido para dar paso a otras jerarquías y nuevas construcciones, como el monasterio benedictino de Sant Pere, el hospital San Juliá manejado por los monjes del monasterio y edificado para “reconocer” a los peregrinos —su portada, por cierto, nos regala una estupenda estructura de seis arquivoltas. O los portales para la merca, o el barrio judío, con uno de los pocos baños de purificación que quedan en Europa y cuya comunidad era fundamental para dicha evolución comercial. También llegó el puente que guardaba la entrada a la población, primero en un solo trazo recto y, tras su derrumbe por una avalancha en el siglo XII, su reconstrucción adoptando en su traza una geometría angular que le brindaba mayor resistencia —si, ya lo he comentado varias veces, la geometría es una herramienta estructural. El puente y la parroquia de San Vicens aportan interesantes aspectos de transición entre el románico y el gótico.

Pero a la llegada del renacimiento, otras rutas y otros intereses van a ir dejando a Besalú sin la economía necesaria para seguirse reconstruyendo y, entonces, quedará atrapado en la economía del tiempo. Así, de importante villa en el medievo, el pueblo no renacerá hasta la segunda mitad del siglo XX, donde la industria del turismo cultural le pondrá nuevamente en la ruta comercial, pero ahora, de esta peculiar industria contemporánea.

Así, dado el valor patrimonial y su “renta” hacia el consumidor del turismo, las estructuras medievales ya no se eliminan para dar paso a nuevas construcciones contemporáneas, sólo se modifican, preferentemente por dentro, para dar pie al confort que exige el visitante y, hay que decirlo, algunas modificaciones acertadísimas al espacio público, donde elementos contemporáneos, casi imperceptibles, acentúan banquetas, coladeras de drenaje o luminarias públicas.

Lo nuevo se va afuera, hasta que las derivas y transformaciones económicas en el tiempo, dicten otros destinos ¿qué pasará con la industria del turismo tras esta pandemia? ¿Y con estos peculiares conjuntos que depende de ella? Nunca nada es certero, más que el movimiento.

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