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Columnas

Uxmal: la magia subjetiva de las relaciones visuales (segunda entrega)

Uxmal: la magia subjetiva de las relaciones visuales (segunda entrega)

Con dedicatoria especial a mi padre, quien finalmente se ha ido a descansar eternamente al lado de mi mamá, a inicios de este año.

 

Al borde de la escalinata que asciende hasta la puerta es el acceso al denominado cuadrángulo de las monjas, punto donde se quedó nuestro relato y que, en esta perspectiva, comentábamos asemeja a una flecha que apunta al cielo. Mientras que, al mismo tiempo, el juego del claroscuro que muestra la bóveda falsa en sombra deja asomar la luz del mismo firmamento ya no apuntado, sino enmarcado por la forma geométrica. La o el viajero, una vez trascendidos los peldaños de la escalinata, si se para justo al borde de la puerta y gira 180 grados para revisar la ruta de dónde venía, podrá ahora apreciar claramente la configuración del juego de pelota en pleno: su característica forma de I latina, el espacio central acotado con taludes muy tendidos y tableros contundentes, lo que sería propiamente la cancha, y el marcador de piedra circular en cantiléver brotando del poniente (la derecha de quien observa en ese punto).

La escalinata que conecta con el templo de las tortugas se pierde tras un árbol, pero vemos la única oquedad de dicha edificación jugando asimétrica en la composición que generan todos los volúmenes. El templo en sí corona un primer basamento piramidal; a su izquierda, un segundo basamento, del mismo estilo nos permite ver la punta del palacio del gobernador, donde comenzamos nuestro recorrido, y luego contemplar cómo el volumen se fuga hasta esconderse tras el friso de Las Tortugas que, coincidentemente, pareciera ensamblar con el momento exacto donde el cuerpo bajo del Palacio evoluciona a su vez en el friso de éste. Hay un cierto sentido de zig-zag en todo este juego de volúmenes, que pareciera ir ascendiendo en diagonales hasta el cielo.

Toca ahora trascender la puerta, pasar por debajo de la falsa bóveda y llegar al borde del gran patio, donde una compleja edificación nos recibe. Ésta está comprendida por una escalinata central, y dos pórticos laterales que forman un gran basamento longitudinal. Es el edificio de cota más elevada en este conjunto que, como su nombre indica, se compone de cuatro volúmenes configurando un patio sensiblemente rectangular. Ahora vienen las sutilezas, al centro y en la base de la escalinata una estela parece marcar un eje entre el vano central del edificio, su coronamiento enfatizado con mascarones de Chac y una ruina de templete al centro del patio. Sin embargo, este eje no apunta exactamente a la puerta donde estamos parados, parece tener un desvío ligero e intrigante. El juego de vanos en el edificio, es non, lo cual da una simetría perfecta, con el vano más ancho al centro, y cinco vanos iguales a cada lado. Es la magia de los números cuando no son abstractos y pueden ser visualizados compositivamente. Con esa filosofía, si el edificio descrito se arma con 11 vanos, los laterales tendrán 9 y 7, y el que configura la entrada incluyendo el arco maya 5, lo cual podrá corroborar usted en imágenes más adelante.

Ahora bien, el cuadrángulo no es completamente cerrado, es decir, las esquinas de las edificaciones no se tocan, así que se abren ciertas ranuras a la rasante de las fachadas, como muestra, gire usted a la derecha, que es el oriente en la posición en que nos encontramos. Verá entonces cómo en la ranura visual que se forma entre el cuerpo donde estamos, y el que lo encuentra en perpendicular al oriente, la arquitectura del cuadrángulo nos deja ver la escalinata de la pirámide del adivino, el gran vano que nos adentra en su interior y algo del segundo cuerpo de la pirámide. Todo pareciera estar enganchado por las narices de los mascarones de Chac que rematan la esquina del edificio oriental. Una nueva sensación de zigzag se va armando entre los distintos elementos arquitectónicos que visualizamos: escalera, vano, friso fugado, basamento, friso perpendicular, vano, etc.

Ahora crucemos el gran patio, y lo llamo de esta manera porque a pesar de su dimensión urbana, la contención entre los cuatro edificios le da más la sensación de espacio privado que de evento público, pero solo es eso, una sensación. No sabría decir realmente cual era su uso. Ascienda por la escalinata central del primer cuerpo descrito, que es el norte, y alineado exactamente con el vano central del mismo, gire 180 grados (media vuelta) para observar nuevamente de dónde veníamos… ¡¡¡ha!!  la magia de la urbe que se va construyendo a lo largo de las décadas y los siglos, sin prisa y sin especulación inmobiliaria¡¡¡ la urbe para los rituales del cosmos, macro y micro. Perdone mi emoción, pero este es uno de los juegos de relación más completos de este mágico recorrido.

Mire bien la imagen e iré describiendo desde la base hasta el cielo si me lo permite. Al centro, pero en escorzo, vemos nuestro reiterativo arco maya, el ligero giro del edificio sur donde se encuentra, con respecto al eje del edificio norte donde estamos parados, permite ver la profundidad y la sensación de umbral. A los lados, dos de los vanos perforando el cuerpo bajo, totalmente carente de ornamentación, y rematados en el friso altamente ornamentado, por réplicas en bajo relieve, de la casa popular maya, misma que se repetirá de manera rítmica, en todos los edificios, aunque no en todos los vanos de éstos. Así, estos elementos parecen enmarcar al Templo de las Tortugas, cuyo vano coincide sensiblemente con la punta del arco maya. El templo mismo pareciera estar asentado sobre el techo del cuerpo del cuadrángulo, que en esta vista nos aparece en primer plano. Formando una especie de marco al templo de las Tortugas, animal que por cierto vincula la tierra, el agua y el cielo según la ideología maya, al poniente del mismo (su derecha) aparece la pirámide mayor, con otro elemento aún sin desmontar, que seguramente daría otras referencias; a su izquierda, el palacio del gobernador, con su fachada corta al frente portando un único vano, y su basamento (en la imagen aún lleno de vegetación, hoy en día ya desmontado) coincidiendo con el techo del templo de las tortugas por un lado, y a la lejanía, más al oriente, con otro cuerpo aún en estado selvático. Es como si todos los siglos, y todas las etapas constructivas de la ciudad, se paralizarán un instante, y así, formando un cuenco, Palacio, Templo de las tortugas, y Pirámide Mayor, hacen sensiblemente la contra forma del arco maya, donde inició descriptivamente este párrafo.

Ahora, sin bajar de la plataforma donde se encuentra el edificio principal de 11 vanos, solo recorremos hacia el poniente, hasta llegar al punto donde queda casi tangente la fachada del volumen de 7 vanos y fijamos la vista perpendicularmente al sur. En esa postura, la altura del friso del edificio de 7 vanos parece estar centrada sensiblemente a la altura del ojo del observador, con lo que la fuga que se forma por la perspectiva, entre la cornisa superior e inferior del friso, parece apuntar a la base, a lo lejos, del edificio conocido como la pirámide mayor, claro que la vegetación actual nos niega el poder ver el comienzo de dicha edificación, pero por ejercicio de relación, es deducible este efecto. El vano único de ese basamento piramidal, queda al centro del hueco urbano que se forma entre los edificios de 9 vanos (por el que entramos al cuadrángulo) y el de los 7 que referimos ahora y si usted tiene suficiente imaginación y dibuja en su cabeza a la pirámide mayor coronada con su templo respectivo (ausente hoy día) éste mandaría el eje compositivo de la vista descrita. Note también como el inicio del friso en el edificio de 9 vanos, parece coincidir con el inicio de la plataforma del edificio de 7 vanos. No es la cota exacta de nivel lo que importa, sino su relación perceptual de ensamblaje.

Ahora, sin movernos de ese punto, volteamos en diagonal hacia el oriente, donde cierra el cuadrángulo una edificación de 5 vanos, paralela a la de 7 y perpendicular a la de 9 y 11 (creciendo siempre dos, o decreciendo siempre dos, en nones para la simetría perfecta) La vista nos muestra a la pirámide del adivino, que parece desplantarse desde el friso del edificio de cinco vanos justo en el punto donde las plataformas de dicha pirámide, dan pie a un gran acceso, muy peculiar y poco usual en la arquitectura prehispánica, donde se interna uno en el cuerpo de la pirámide para emerger del lado opuesto, como en un túnel que se ilumina al amanecer y al anochecer en los equinoccios de otoño y primavera, por encima de ese gran hueco, también como uno solo, la puerta del templo que corona la pirámide ¿qué más observa usted en esta imagen? Hay algunas cosas más que podríamos contar, pero prefiero dejarlo al descubrimiento de cada quien.

Caminamos de poniente a oriente, siempre en la plataforma del edificio de 11 vanos, hasta llegar al encuentro de éste con el volumen oriente del cuadrángulo, para volver nuevamente nuestra vista en perpendicular al sur, encontrando en el hueco que se forma entre el edificio que se fuga en la vista y el de 9 vanos un “hueco” más a cuyo lado derecho observamos la silueta del Palacio del Gobernador, el templo de las tortugas y un fragmento de la pirámide mayor, como telón de fondo en el paisaje, mientras que la fuga de la cornisa mayor y menor del friso del edificio de 5 vanos parece apuntar a la base de la gran terraza sur. Note también cómo el friso del edificio de 9 vanos parece ensamblar si lo continuamos, con la base del edificio de 5.

Toca salir, si el recorrido fuera libre, por ese punto señalado y al mirar a su izquierda, por el oriente, encontrar nuevamente la Pirámide del Adivino, cuya escalinata ahora parece formar un eje con otro arco maya, recientemente restaurado ¿qué nuevo juego de relaciones encerrará si pudiéramos saltarnos las trancas de limitación con que la visita actual impide que crucemos por él? esperemos que un día podamos averiguarlo. Mientras, observamos el enorme marco labrado que en la pirámide, enfatiza el vano por donde el sol asoma en equinoccios, de oriente a poniente o viceversa, según la hora del día, pues en la última imagen de esta entrega, nos encontraremos parados ahí, viendo hacia el cuadrángulo de las Monjas. Aprovechando el telefoto, le comparto a detalle estos labrados.

Hoy en día, es imposible subir a la pirámide como turista común, quizá con un permiso especial que no he intentado tramitar. Pero para compartir no hay límite, y por tanto les dejo esta última vista. Justo al pie de enorme vano enmarcado el conjunto del cuadrángulo de las monjas se despliega por debajo de la llana línea de horizonte que limita el mundo terreno del celestial en ese pequeño territorio de la península yucateca, donde Uxmal alguna vez vivió en esplendor. Desde ahí, siguiendo las trayectorias de techos, frisos y basamentos, podemos ver cómo el juego de alturas entre los cuatro edificios del recinto, se desarrolla como una armonía de piezas que van embonando visualmente, llegando a la casi perfecta vinculación de topografía, geometría y paisaje, con el juego místico de los números expresado en los vanos de cada cuerpo 9 y 11 (edificio norte y sur) frente a frente, 5 y 7 (edificio oriente y poniente) también confrontados.

Hasta aquí esta entrega, y desarrollando la tercera y última, espero que la vayan disfrutando.

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