Cuidado no te caigas de la plataforma, Verónica (o La purpurina, aunque pase el tiempo, nunca deja de brillar).
Yo crecí en los 90s y en las tardes calurosísimas de los veranos cubanos, me sentaba con mi abuela frente [...]
30 septiembre, 2026
por Liana Vázquez
Hace unos años, una amiga que quiero mucho me regaló ‘Just kids’ de Patti Smith. Yo lo había leído cuando era jovencita en una edición en español que llegó a mis manos de casualidad, pero creo firmemente que los libros cambian en dependencia de los momentos vitales en que se leen. Este no fue la excepción. Yo lo recordaba como una memoria curiosa de la vida de Patti y de su relación con Robert Mapplethorpe en la desordenada Nueva York de los 70s; pero con la relectura, encontré a una joven tratando de entender la vida y a sí misma en una ciudad que ya no existe donde todo estaba ocurriendo por primera vez. Desde entonces ‘Horses’, el disco debut de Patti, me ha acompañado y ella ha sido una obsesión constante en mi cabeza. ‘Just kids’, ese libro al que desde entonces regreso a cada rato, es mucho más que una memoria. Es un cuento, una fábula que habla de crecer, de entenderte, de abrazar lo que esencialmente eres, de música, de punk y rock ‘n’ roll, de poesía, de ser joven y querer volar, de estrellarte. Y habla de arte, de muerte, de silencio y de gritos, de religión, de catarsis, de almas gemelas, de amor y desamor, de compañía, de una especie de devoción, de pensar y de sentir. De no poder salvarse y tener que hacerlo. De crecer, en definitiva. “Where does it all lead? What will become of us? These were our young questions, and young answers were revealed. It leads to each other. We become ourselves.”


En tres meses cumplo cuarenta años y a veces me sorprendo pensando en la que fui en mis veintes y la veo lejos, perdida por las calles sucias de La Habana y quiero abrazarla y decirle que todo estará bien, o al menos estará donde tenga que estar. Pero entonces pienso en que sin aquella no existiría esta y que es mejor abrazar lo que fui e identificar qué de lo que soy hoy viene de allá. Porque mis veintes, a pesar del calor, de la angustia de no saber qué era, de las miles de horas en la biblioteca, de la música rara, de los pantalones rotos y las chanclas, de los libros viejos y las noches sudadas; fueron años felices para mí que también vivía en una ciudad que ya no existe y que hubiera podido escribir alguna memoria (la mía mucho más aburrida) con mis amigas compartiendo mojitos y vino barato y risas interminables y lloros que hoy me parecen completamente ridículos. Yo, y esto lo sé ahora, en mis veintes era exactamente como cualquier persona joven que cree que vive en una canción eterna.
‘‘Yo solía ser uno de ellos’’ es una exposición de Tony Solis que se inauguró hace algunas semanas y que me hizo conectar inmediatamente con Patti (la actual cuando habla de su pasado sobre todo) y conmigo ahora, pensando en la yo de antes; porque parte precisamente de cómo se ve la juventud cuando dejamos de tenerla. Cuando la vemos inevitablemente desde otro lugar.
Tony empezó a fotografiar siendo muy joven y retrataba su entorno, lo que él veía, su alrededor vital. Educó su mirada en función de su experiencia y las fotos fueron el testimonio más acertado de lo que era su vida, de lo que era él en su juventud. Las fotos que él hacía en sus veintes, mientras se convertía en fotógrafo, en artista y en adulto; son fotos de veinteañeros siendo veinteañeros, no había juicios, no había orden, no había vergüenzas, la noche nunca acababa y la vida era simplemente algo que estaba pasando mientras el tiempo era eterno. La paradoja de la juventud vista a través de una cámara digital. Pero el tiempo pasó y no fue eterno. Hubo más fotos, hubo más vida, la mirada cambió y también los colores, los formatos, las historias.
Un día en el hoy, Tony, que roza los cincuenta años, pensó en la posibilidad de volver a retratar como entonces. Lo sintió imposible, ya él no era eso, ya él no formaba parte de esa juventud, pero descubrió enseguida, que se puede mirar (y retratar) algo de lo que no formas parte como si te perteneciera. Entonces, comenzó a buscar a aquella gente (o quizás a él mismo) que él creía recordar, en personas nuevas, desconocidas, y absurdamente jóvenes. Curiosamente, lo que encontró no era diferente a lo que antes retrataba. Identificó gestos, energía, formas de habitar el mundo. Entendió que los jóvenes de ahora también son desordenados, no tienen vergüenza, el tiempo no se les acaba, nada les urge más que vivir, ríen altísimo y no les importa si saben todo o nada, porque tienen todo el tiempo del mundo para descubrirlo. Y así esta serie, se convirtió en una conversación entre el Tony de veinte años y el de ahora, que se niega a ser ajeno a esto que indiscutiblemente forma parte de su vida. “Who can know the heart of youth but youth itself?”

Las fotos que conforman la muestra parecen sacadas de un álbum del artista de hace veinte años. La iluminación, la rareza, las poses, la irreverencia están presentes como entonces, pero la curaduría apunta a una reflexión sobre el paso de los años, de la vida. Hay mas objetos de su pasado, hay cámaras y hay revistas con editoriales de moda, y hay VHS con películas y un baúl que promete haber resguardado secretos y hay stickers y un overall y hay fotos de su madre, y de su juventud con mil amigxs y hay interruptores de su memoria de jovencito y un video donde muchos jóvenes comparten metraje y espacio, donde hacen todo sin absolutamente hacer nada (o viceversa). Es, en resumen, una pequeña máquina del tiempo de un Tony que fue y que no es pero que a la vez sigue siendo y que lo comparte con quien recorre las salas con una sonrisa, porque puede que si generacionalmente estás cerca, identifiques alguna sensación nada ajena.
“We ventured to the city to the Chelsea Hotel…We entered the halls of our new university,
They gave all the keys to you and you offered them to me…
Kids, kids, kids, kids…
Life to life, sea to sea, fortune strength, dream upon dream.”

Referencias:
*‘‘Yo solía ser uno de ellos’’ puede visitarse hasta el 24 de octubre en Galería Enrique Guerrero.
**Todas las citas son de ‘‘Just kids’’ de Patti Smith
Yo crecí en los 90s y en las tardes calurosísimas de los veranos cubanos, me sentaba con mi abuela frente [...]
Una amiga muy querida me dijo hace unos años que las pinturas de Fernanda Caballero le recordaban a las pinturas [...]