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La Vista | El espesor del horizonte

La Vista | El espesor del horizonte

Situada sobre las dunas del desierto de Baja California Sur, Casa La Vista es una residencia con una fuerte presencia tectónica. La casa se encuentra en un acantilado con vistas al horizonte, por lo que se aprovechó esta condición y se orientó hacia el sureste para enmarcar el punto de encuentro entre el cielo y el mar, con vistas a la costa de San José del Cabo y Punta Gorda.

Ante las exigencias de un clima extremo con altas temperaturas, el diseño replantea la relación entre el interior y el exterior. El enfoque principal fue crear una gran cubierta como elemento principal, así como espacios y materiales que funcionaran ante estas condiciones. La cubierta unifica las distintas alas de la residencia y permite que la arquitectura dialogue con el desierto, incorporaron grandes voladizos para generar sombra y protección térmica. Cuando los ventanales se abren por completo, se produce una ventilación cruzada a lo largo del eje central que refresca los patios interiores y deja que entre la brisa del lugar.

 

La casa se despliega en tres alas conectadas por un eje longitudinal que las atraviesa de manera natural. Dos de estas secciones albergan cinco habitaciones conectadas por un jardín desértico que activa el recorrido, la convivencia y la contemplación, y que funciona como transición hacia el ala social, el corazón de la vida familiar.

 

La construcción se realizó con piedra de la cantera de Santa Catarina, que envuelve la estructura con tonos terrosos similares a los del paisaje y crea una transición suave entre lo construido y el entorno. En el ala social, el revestimiento de travertino de Puebla contrasta sutilmente con la calidez de los suelos y techos de piedra de Ojinaga. Para la carpintería se eligió madera rosa morada, que se mantuvo al natural para respetar su tono original y que aportara su calidez única.

 

Toda la vegetación es endémica, rescatada y trasplantada del ecosistema colindante. Su diseño sigue un orden intencional de ritmos y secuencias que acompaña el movimiento, modula la sombra y da vida a los espacios.


Fuera de la ubicación y los materiales, el valor de la casa está en la vida que ofrece. Fue diseñada para llevar una vida tranquila, logrando que caminar por ella transmita una serenidad tangible. Además, los espacios conservan un calor sutil, como si la casa misma respirara al ritmo del desierto.

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