Columnas
Habla ciudad: Santiago
Lo mejor que le pudo haber pasado a Santiago fue el incendio del triste edificio Diego Portales. Construido en 1971 [...]
11 junio, 2013
por Rodrigo Díaz | Twitter: pedestre
La realidad es algo distinta: en la práctica, el proyecto se desenvuelve con la delicadeza de un elefante dentro de la frágil cristalería del pueblo de Xoco. La publicidad habla de tradición y cultura, pero los volúmenes —el mayor es de 60 pisos— se insertan sin establecer el más mínimo diálogo con el entorno. Más bien es un monólogo planteado en los términos exclusivos del megaproyecto. Habla de sustentabilidad, pero en vez de promover el uso del transporte público, la caminata y la bicicleta, se da el gusto de aportar 10,000 estacionamientos (verdadero imán de automóviles) a un sector que ya sufre los estragos de la congestión vehicular. Mítikah se plantea como la nueva ciudad, pero es una ciudad que reniega de una que ya existe y que pareciera dar vergüenza. En una celebrada columna, el poeta chileno Cristián Warnken recurrió al gigante egoísta de Oscar Wilde para referirse a esta particular forma de concebir la arquitectura y la ciudad: “El empresario que ‘sueña’ una torre o un mall de manera narcisista y egoísta, el arquitecto que proyecta la obra sabiendo en el fondo de su alma que se trata de un horror, los alcaldes que hacen vista gorda de los efectos de estas ‘intervenciones’, el funcionario que firma el permiso de construcción respectivo, el ministro que reacciona tarde, el parlamentario que no fiscaliza a tiempo, cada uno de ellos, en su esfera de acción propia, es responsable de sus actos y omisiones. No es cierto que porque la legislación lo permita, yo pueda desde destruir un entorno patrimonial hasta producir un colapso vial que arruinará la calidad de vida de miles de mis compatriotas, y sentir que lo que hago no es éticamente reprobable porque está legalmente permitido”. La voracidad de los promotores inmobiliarios, la miopía de las autoridades, y la permisividad ciudadana le han dejado el camino libre a gigantes egoístas que no entienden que densificar es mucho más que construir muchos pisos uno encima del otro. No todo está perdido: los gigantes también pueden ser generosos. La multiplicación del suelo en la vertical ofrece la extraordinaria oportunidad no sólo de crear nuevas ciudades en la altura, sino de mejorarla en el nivel de la calle. Imaginar y planear la manera en que construimos la densidad aparece como el gran desafío urbano de los años venideros.
*Texto publicado en Arquine No.64 | Vivienda colectiva | Las reglas de la densidad
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