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La pregunta por la técnica: imaginación ética, por favor

La pregunta por la técnica: imaginación ética, por favor

27 octubre, 2021
por Aura Cruz Aburto

Una simple mirada a la situación actual de la cultura revela lo siguiente: que ésta está caracterizada por objetos de uso cuyos diseños han sido creados irresponsablemente, con una atención centrada en el objeto […] Los creadores, los diseñadores, al menos desde entonces, son personas que proyectan formas sobre objetos, para producir objetos de uso cada vez más útiles. Los objetos se resisten a estos proyectos. Esta resistencia atrae y fascina a la vez que encadena la atención de los creadores. Les permite penetrar más y más profundamente en el mundo objetual, objetivo y problemático, les permite conocerlo y dominarlo cada vez mejor. Permite el progreso científico y técnico. Este progreso cautiva y engancha de un modo tal que los creadores, ocupados en él, olvidan aquel otro progreso, a saber, el progreso en dirección a los demás seres humanos. El progreso científico y técnico es tan cautivador que cualquier creación o diseño responsable es entendido prácticamente como una regresión, como un paso atrás. La situación cultural actual está como está porque se considera retrógrado crear responsablemente.

Vilém Flusser

 

Escena número 1

En un espacio educativo, en un curso de diseño para la innovación social se desarrolla una discusión alrededor de la responsabilidad que tiene un diseñador en cuanto a las acciones que posibilita su producción… Ocurre un desacuerdo, algunes estudiantes sostienen que hay responsabilidad; los profesores señalan que no pueden ser responsables de que un “usuario” (sí, esa molesta y reduccionista manera de convertir a las personas en meros usadores de cosas que una mente maestra ha diseñado) haga con, por ejemplo, un cuchillo: procesar el alimento o usarlo como arma.

 

Escena número 2

En otro curso, de ese mismo espacio educativo, una vez más se desarrolla una discusión. Esta vez, se debate acerca de la conveniencia de las consideraciones éticas con respecto al desarrollo tecnológico (en particular, se habla del desarrollo de aplicaciones, sí, de esas que usan los teléfonos “inteligentes”). Una vez más, algunes estudiantes señalan que es indispensable integrar estas consideraciones, como hemos conversado, la imaginación ética (sí, la que atiene a los principios que guían la acción y los efectos que esta produce, por decirlo de una manera muy, muy esquemática) debe ser impulsada tanto como la imaginación tecnocientífica lo ha sido (aquella que ensueña con más y más posibilidades de acción). Una vez más, también, les profesores dicen que las consideraciones morales (curioso, no distinguen entre lo ético y lo moral) sólo entorpecen al desarrollo técnico. Quizá tengan razón; sin embargo, lo que no se preguntan es si este entorpecimiento no supone también la introducción de algo que habrá que llamar responsabilidad.

 

Escena numero 3

Hace pocos días me encuentro con un artículo titulado “Los límites de la arquitectura”. En dicho texto se sostiene que la arquitectura es neutral, ergo, los arquitectos, en tanto tales, en tanto productores de ésta, son neutrales también. No puedo dar crédito. El argumento inicial sostiene que una obra edilicia puede ser transformada de espacio de plenitud a máquina infernal por sus gestores y habitantes (¿y sus artífices qué?)… sí, como si la arquitectura fuese tan sólo un “lienzo en blanco”. Como si sus configuraciones no posibilitasen acciones e impidieran otras. Claro, no habrá que dudar nunca del poder de apropiación que, en efecto, excede las pretensiones demiúrgicas de los arquitectos; pero ello no quiere decir que el proyecto no suponga en su propia factura el desarrollo de condiciones de posibilidad para determinadas formas de vida. 

Con base en todas las escenas descritas, que lamentablemente están muy lejos de ser ficción, sostengo aquí que es necesario echar abajo la indolente creencia de que, en tanto arquitectes y diseñadores somos meramente creadores. Toda creación supone el desplazamiento de otras condiciones, toda creación es destrucción y más nos vale hacernos responsables de aquello que estamos eligiendo, tal como el pensador del diseño, Tony Fry, lo sostiene.

Parece que todo apunta a la necesidad de restituir —que quizá se trate casi, dramáticamente de instituir— una imaginación ética en la formación del diseño en sus muy diversas expresiones (urbana, arquitectónica, industrial, gráfica, etc.); es decir, asumir que cuando se proyecta no sólo está en juego el cómo conseguir ciertas finalidades instrumentales, sino que éstas mismas comportan implicaciones éticas que habrán de dar lugar a formas de vida y, seguramente, cancelarán muchas otras. El debate incluye tomar en cuenta que el mismo proceder técnico está envuelto y parte de formas de comprensión del mundo que, a su vez, suponen su reproducción, transformación, etc.: la técnica no es neutral y tampoco implica por definición avance, progreso… fantasías típicas de la edad moderna. 

Ya en 1953, Martín Heidegger (La pregunta por la técnica) señalaba que la pregunta por la técnica no es técnica, sino ontológica. ¿Qué quiere decir esto? De una manera tremendamente simplificadora (pues este no es el espacio para el desarrollo de una larga disertación filosófica), quiere decir que a toda forma de ser y proceder en el mundo le supone una manera de comprenderlo, de constituirlo. De nuevo: ni la técnica, ni el diseño, ni la arquitectura en tanto actividades que transforman y reforman el mundo son neutrales.

Finalmente, cabe enfatizar que convocar al desarrollo y la intervención de la imaginación ética, además de la tecnocientífica, no supone tener una animadversión por la tecnología ni por la innovación por defecto. También es posible pensar en el desarrollo de una actitud técnica y diseñística más promisoria para el sostén del planeta y todos los seres que le habitamos (humanos y no-humanos), una tecnología —o mejor unas cosmotécnicas, así en plural— futurante(s), en palabras del pensador del diseño Tony Fry. Sin embargo, antes de hablar de la cosmotécnica, arquitectura y diseño (lo que haré en el próximo artículo), es preciso decir: ¡No, ni la arquitectura ni les arquitectes somos neutrales!

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