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Columnas

La Ciudad [V]: de manos y escenarios

La Ciudad [V]: de manos y escenarios

16 octubre, 2023
por Erik Carranza L. | Twitter: SA_Anonima

Tommie Smith y John Carlos con el puño derecho alzado del Poder Negro el miércoles 16 de octubre de 1968 en el Estadio Olímpico Universitario.

“un poco con la cabeza y un poco con la mano de dios”
Diego Armando Maradona.

Parte de estos textos dentro el proyecto de investigación sobre ciudad, cuerpo y deporte urbano están dedicados a la reflexión sobre la vinculación de eventos deportivos y su influencia en el pensamiento urbano-arquitectónico en la ciudad, mientras desarrollamos en la oficina por un lado proyectos deportivos como propuestas potenciales para la ciudad, por otro lado escribimos sobre intereses particulares en el deporte tratando de vincular ese pensamiento con la práctica, ¿qué, cómo, cuando, donde y por qué se han dado una serie de eventos en la ciudad?, ¿que influencia puede llegar a tener un evento deportivo en la ciudad?, ¿cuáles han sido los escenarios de la arquitectura para ciertos eventos?; en resumen la eterna relación teórica-práctica, es decir mientras una mano piensa, la otra mano dibuja -y la mente y el corazón operan-, el ya caduco cuestionamiento sobre como pensamos y como dibujamos o diría yo el continuo cuestionamiento académico entre el pensar y el hacer y en medio de estos dos está el ignorar -la primera lección de construcción que me dieron en una obra fue precisamente sobre está última, un ingeniero ante la falta de toma de decisiones de los proyectistas, arquitectos, sentenció una reunión con “la ignorancia da cierto grado de satisfacción” y esa frase resonó por mucho tiempo durante el desarrollo de esa obra en particular, con el paso del tiempo se convirtió en una bandera propia para analizar las tomas de decisiones a nivel urbano en la Ciudad de México: “la ignorancia da cierto grado de satisfacción y en esta ciudad se toman decisiones completamente satisfechos”-.

Un par de esos eventos en el que constantemente caigo ya sea en conversaciones con otros arquitectos -Felipe Orensanz por ejemplo- o en solitario, son los ocurridos entre el 2 y el 16 de octubre de 1968 y el del 22 de junio de 1986, son esos eventos desde mi perspectiva detonantes que han cambiado la forma por un lado de entender el poder político, social, y económico tanto de una ciudad como de sus habitantes y por otro la relación deportiva y recreativa con ciertos espacios urbano-arquitectónicos que genera ciertos vínculos afectivos. Ambos eventos tienen algo en común: unas manos.

guantes blancos del batallón olimpia, imágenes recuperadas de twitter via https://twitter.com/Cuauhtemoc_1521/status/1576794362930864128

guantes blancos del batallón olimpia, imágenes recuperadas de twitter via https://twitter.com/Cuauhtemoc_1521/status/1576794362930864128

Manos, puños y guantes.

Un guante blanco, el del poder político, el de la indiferencia por la vida, en la mano izquierda, el del batallón olimpia, grupo paramilitar creado por el Gobierno de México (Luis Echeverría Álvarez y Gustavo Díaz Ordaz) durante la Operación Galeana, soldados vestidos de civiles e infiltrados entre los manifestantes que tenían como orden disparar para desestabilizar tanto a los estudiantes como al ejercito el 2 de octubre de 1968, diez días antes de la inauguración de los juegos olímpicos y catorce días antes de que se levantaran los guantes negros en el Estadio Olímpico Universitario.

El escenario, el Conjunto Urbano Presidente Adolfo López Mateos en  Nonoalco Tlatelolco de los arquitectos Mario Pani Darqui, Luis Ramos Cunningham y Ricardo de Robina, de 1957-1964, la utopía europea construida en Latinoamérica: una plaza, la de las tres culturas y unos edificios: al norte perpendiculares a la plaza el Edificio Sinaloa, Estado de México, San Luis Potosí, Tabasco, Tlaxcala y Colima (tres edificios mas hacia el oriente el del Estado de Guerrero); al oriente, el Edificio Chihuahua que ardía en fuego, el edificio emblema de remate de la plaza que en su tercer nivel se encontraban los oradores del Consejo General de Huelga para emitir unas palabras (al día de hoy si uno se para mirando hacia este edifico ve la apertura paulatina que ha tenido la junta constructiva que deja pasar la luz del oriente); al sur, la Parroquia de Santiago Apóstol Tlatelolco donde se instalaron francotiradores (en una de las fotos históricas de ese día un soldado sentado se toma la cara con ambas manos en un gesto de arrepentimiento de ver lo que estaba sucediendo, esas son las manos del encubrimiento de la tristeza y de la incredulidad que no quieren ver desde las alturas lo que pasó ese día) y el de la Secretaria de Relaciones Exteriores de Pedro Ramírez Vázquez de 1960 protegido por el ejercito para evitar su toma; al poniente la Zona Arqueológica de Tlatelolco y la Escuela Preparatoria Técnica Piloto Cuauhtémoc (ex Vocacional no. 7 del IPN y que posteriormente alojó al Hospital General de Zona 27 del IMSS), el de la estructura triangular que fue demolida en el 2012. Ese mismo escenario que en algún momento Mario Pani imaginó con la reconstrucción de una pirámide humeante en la zona arqueológica de Tlatelolco, pero que nunca imaginó con tanques militares y manchas de sangre en los pavimentos de la plaza como símbolo de la muerte del movimiento moderno.

Los movimientos estudiantiles de 1968 tuvieron su origen en la incitación de los grupos porriles (de choque) de las instituciones educativas tras una pelea después de un partido de fútbol americano (un partido de tochito) entre las vocacionales 2 y 5 del IPN, Instituto Politécnico Nacional (estudiantes de la clase trabajadora) y de la preparatoria Isaac Ochoterene de la Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM (estudiantes de clase media), ahí el primer enfrentamiento, de ahí esa idea de representar a los jugadores de fútbol americano en el mural del Estadio de Ciudad Universitaria por Diego Rivera que no pudo concluirse.

Un guante blanco que protege y que encubre esas manos infiltradas en los grupos estudiantiles que movían los intereses políticos de ese época.

El 16 de octubre de 1968, se celebró la carrera de 200 metros en los Juegos Olímpicos de México 68, en la premiación, la aparición de un par de guantes negros, el de Tommie Smith, no. 307 (medalla de oro) y John Carlos, no. 259 (medalla de bronce) representando a Estados Unidos. Tommie Smith a los 24 años de edad, levantó el brazo y el puño derecho, John Carlos levantó el brazo y el puño izquierdo, ambos con la cabeza agachada, con los ojos cerrados sin ver su bandera y sin interpretar su himno nacional. Ante el olvido de uno de ellos de los guantes en la Villa Olímpica Libertador Miguel Hidalgo (obra de los arquitectos González Rul, Ortega Viramontes, Hernández Navarro y Torres Martínez de 1968), cuenta la anécdota que el australiano Peter Norman (medalla de plata) -con la cabeza mirando hacia el frente, hacia su bandera en la fotografía de ese momento-, antes de la premiación les recomendó que cada uno usará un guante del par que si habían llevado, Carlos el izquierdo y Smith el derecho,  sin importar la representación con el puño derecho alzado del Poder Negro, mas bien era el acto y la intención lo que les recomendó hacer como simbolismo. 

El guante negro -un recubrimiento térmico en la mano- como protesta ante la falta de los derechos civiles para los ciudadanos afroamericanos en Estados Unidos.

El escenario, el Estadio Olímpico de Ciudad Universitaria de los arquitectos Augusto Pérez Palacios, Jorge Bravo Jiménez y Raúl Salinas Moro, con el mural de La universidad, la familia y el deporte en México por Diego Rivera donde la familia se representa mediante un hombre español, una mujer indígena y una niña mestiza con una paloma en sus manos de la paz; en sus extremos dos deportistas, un hombre a la izquierda y una mujer a la derecha que encienden con una antorcha en su mano derecha la llama olímpica, tal cual lo hizo Norma Enriqueta Basilio Sotelo el 12 de octubre de 1968; atletas, deportistas y jugadores con balones de basquetbol y fútbol americano en sus manos no pudieron ser terminados por temas de salud de Diego Rivera y presupuestales de la obra.

Dibujo preparatorio de Diego Rivera, la universidad, la familia y el deporte en Mexico 1952-54, perspectiva de Augusto Pérez Palacios; imagen recuperada del libro UNAM: 100 años de muralismo. Archivo de Arquitectos Mexicanos de la Facultad de Arquitectura de la UNAM.

En el 2020, 52 años después, la marca de ropa deportiva Puma lanzó una edición especial de tenis, The Puma Suede 307 para conmemorar ese momento y ese saludo del Poder Negro e invitó a Tommie Smith al Estadio Olímpico Universitario en México a rememorar ese simbolismo y levantar nuevamente el brazo con el puño derecho y su guante negro.

Ese gesto silencioso cambió la forma de protesta en el deporte, gesto que se repitió en el 2016, 48 años después cuando Colin Kaepernick, quarterback del equipo de futbol americano de los 49ers de San Francisco, que se arrodilló durante la interpretación del himno nacional de Estados Unidos en protesta por la brutalidad y racismo policiaco contra ciudadanos afroamericanos. Nada ha cambiado, ni aquí ni allá, el 2 octubre de 1968 se repitió un 26 y 27 de septiembre de 2014 (la desaparición forzada de Iguala y Ayotzinapa) y un puño negro levantado o la rodilla en el suelo es eso, otra repetición, un déjà vú histórico de lo que no hemos podido superar.

El taking the knee de Kaepernick y el black power salute de Smith y Carlos no son solo la acción de arrodillarse con la pierna derecha en el piso y el levantar la mano derecha cerrada al aire, es la acción del cuerpo al permanecer estático, es el silencio de esos cuerpos sin movimiento lo que perturbó a algunos (Trump y al Comité Olímpico entre otros), es la pausa, el simbolismo de la protesta, cuerpos sin movimiento, estáticos y silenciosos contra lo que significa un evento deportivo, fiesta, celebración, ruido y cuerpos en movimiento. 

El guante blanco como señuelo para identificarse como infiltrado, para evitar ser disparado, para evitar morir en una manifestación estudiantil y por otro lado el guante negro, para parar la discriminación, para evitar morir un día cualquiera en manos de un policía….son cuerpos, señor, son cuerpos, es un guante blanco en la mano izquierda (la siniestra), es un guante negro en la mano derecha (la diestra) en los escenarios de aquella vida moderna.

Guantes que también han sustituido los pictogramas del Sistema de Transporte Colectivo Metro, pasando del de la Plaza de las Tres Culturas (con la capa prehispánica de la pirámide, la capa colonial con los arcos y la capa moderna con le estructura triangular), al de la Torre Insignia al del guante blanco ensangrentado del colectivo Redretro México del Sistema de Transporte Onírico.

pictogramas de la estación del metro Tlatelolco de la Ciudad de México, la original de la Plaza de las Tres Culturas, la actual la de la Torre Insignia que sustituyó a la anterior por los eventos del 2 de octubre de 1968 y la propuesta del Sistema de Transporte Onírico Redretro México con el guante blanco.

En otro orden de ideas, en las de la representación cinematográfica bien valdría la pena analizar los escenarios domésticos de los habitantes del departamento del Edificio Chihuahua en Tlatelolco, el de Rojo Amanecer de Jorge Fons de 1989 con Alicia (Maria Rojo), Carlitos (Ademar Arau), Jorge (Demián Bichir), Graciela (Paloma Robles), Humberto (Héctor Bonilla) y Sergio (Bruno Bichir) en la estancia y compararlas contra las de Temporada de Patos de Fernando Eimbcke de 2004 con Moko ( Diego Cataño), Rita (Danny Pereda), Flama (Daniel Miranda) y Ulises (Enrique Arreola) en la sala de estar del departamento del Edificio 5 de febrero para entender de alguna forma la habitabilidad y las formas de vida, el moderno y el contemporáneo, un miércoles 2 de octubre y un domingo gris de video juegos, pizzas y coca-cola, esa  nueva temporada de multifamiliares.

#foralltime puma 307 unlimited edition por Tommie Smith,
imágenes recuperadas de
https://about.puma.com/en/newsroom/brand-and-product-news/2020/2020-10-08-suede-307-tommie-smith

Diego Armando Maradona, la mano de D10S en el mundial de México 86

Manos, futbol y D10S.

A diferencia de las manos recubiertas por guantes y de la rodilla en el piso, la mano de D10S, la de Diego Armando Maradona (Argentina) ante Peter Shilton (Inglaterra), en el primer gol de cuartos de final en el Mundial de México 86, un 22 de junio, ante 87,000 espectadores, es una mano en acción, evidente y clara, es también un puño cerrado en el minuto 5 con 27 segundos ante el guante de un guardameta que trata de parar la acción, es una mano que reacciona ante una jugada fortuita, la mano piensa, actúa y se levanta para complementar el movimiento de la cabeza, para hacer un gol y engañar….lo que paso 3 minutos y 48 segundos después en el minuto 9:15 fue la conquista del espacio por parte de un jugador en un encuentro de futbol, fue el gol del siglo; como dice Luis Felipe Marquez Galue, el futbol es espacial, aquí o en una cancha improvisada que cierra una calle.

El escenario, el Estadio Azteca de los arquitectos Rafael Mijares Alcérreca y Pedro Ramírez Vázquez, la reconversión de este espacio para eventos deportivos y recreativos en la sede de la Iglesia Maradoniana, una religión posmoderna fundada el 30 de octubre de 1988 en Rosario, Argentina por Héctor Campomar, Alejandro Verón y Hernán Amez, con su propia biblia “yo soy el Diego de la gente”, propio rezo “Diego nuestro” y sus propios diez mandamientos, uno de ellos, el sexto: “honrar los templos donde predicó y sus mantos sagrados”, el Estadio Azteca es sagrado para sus feligreses y su D10S es Diego Armando Maradona. En San Andrés Cholula, Puebla existe otra Iglesia Maradoniana de México, la Iglesia de la Unidad ubicada en Av. 5 de Mayo no. 1204, en el Centro a siete cuadras del Zócalo que en el 2021 me tocó  renovar, conexión de los espacios simbólicos de la ciudad en los que nos toca trabajar. 

Por las calles se lee un grafiti que anuncia que D10S existe, representado a Diego con otro tipo de manos en acción, claro, diferentes a las manos de La Creación de Adán de Miguel Ángel Buonarroti pintadas en la bóveda de la Capilla Sixtina, pero sí, D10S existe para todos en diferentes representaciones.

Manos como la de Chandigarh de Le Corbusier, la mano que piensa de Juhani Pallasma, las de Juan O´Gorman, las de Siqueiros, las de Francisco Eppens en vida, muerte y mestizaje y los cuatro elementos, las de Isamu Noguchi en Historia de México o las manos y manijas del Centro Cultural Metropolitano Gabriel Mistral (que después del golpe de estado en 1973 en Chile, este se transformó en la sede del gobierno del régimen de Pinochet y mandó orientar hacia abajo las manos de las puertas que representaban unos puños al aire de libertad para representar unas manos atadas hacia abajo, la libertad convertida en sumisión) y otras manos más, manos que por su simple representación nos dicen mucho en su articulación, gesto y simbolismo, las manos quietas.

Este texto fue pensado, escrito, revisado, corregido, enviado y publicado a mano y está dedicado al Ingeniero Fernando Reynoso que me dió esa primera lección en la vida profesional.

D10S existe, grafiti de Maradona hecho por los seguidores de la Iglesia Maradoniana, imagen recuperadas de Wikimedia Commons
https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Maradona_-_grafiti.jpg

Este texto forma parte del proyecto de investigación de “ciudad cuerpo y deporte urbano” del Sistema Nacional de Creadores de Arte en Arquitectura (diseño arquitectónico). 

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