Con Moscas, Fernando Eimbcke vuelve a los multifamiliares
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13 agosto, 2026
por Carlos Rodríguez
Fotograma de La casa
Las fantasías surgen de lo indeterminado, pero cristalizan en lugares concretos. La casa donde Gabriel García Márquez escribió Cien años de soledad (1967) es motivo de una película dirigida por Eva Villaseñor titulada, simplemente, La casa (2025). En ella Rodrigo y Gonzalo García Barcha cumplen la fantasía de volver a la casa de la Ciudad de México que habitaron durante tres años en la década de los sesenta, donde su madre Mercedes, en su papel de guardiana, permitió que el escritor se desentierra, encerrado en un cuarto con la puerta entreabierta, para escribir la novela que les cambió la vida.
Ubicada en la cerrada de la Loma 19 de la colonia Lomas de San Ángel Inn, la casa es un lugar mítico para todos los admiradores de García Márquez y de la literatura latinoamericana. El inmueble forma parte de una ruta arquitectónica que incluye, entre otros lugares, la casa de la colonia Cuauhtémoc donde Juan Rulfo hizo lo suyo con Pedro Páramo (1955), también el edificio que proyectó Mario Pani donde vivió Octavio Paz. Hoy la casa que habitaron los García Márquez es la Casa Estudio Cien Años de Soledad, que dirige Juan Villoro, que forma parte de la Fundación para las Letras Mexicanas.
Villaseñor recibió la invitación para realizar el documental de parte de Villoro. Ella, que curiosamente había vivido muy cerca de la casa, propuso un tratamiento menos de reportaje para desacralizar la figura del escritor colombiano y verlo en una dimensión más íntima, en su casa, a través de los recuerdos de la familia. Para su película, Villaseñor rescata algunas ideas primarias de la creación de Cien años de soledad, por ejemplo la intención de García Márquez de que toda la acción ocurriera dentro de una casa. En un primer momento, ese era el nombre de la novela, La casa.

Así, el filme inicia con Rodrigo y Gonzalo afuera, mirando la fachada, antes de entrar. En las historias que les contaron y en sus propios recuerdos, la casa no tenía zaguán sino que después de un patio o jardín se entraba directamente a ella. Eran otros tiempos. Ya en el interior hacen memoria sobre los espacios. Como suele ocurrir, recuerdan dimensiones espaciales muy distintas de las reales. Contrario a lo que se podría pensar, se trata de una casa modesta para su época. Ambos coinciden en que estaba muy vacía, reflejo de su situación económica apretada. En la consola, uno de los pocos muebles, sonaba Lucha Villa con las canciones de El gallo de oro (1964), la película de Roberto Gavaldón en la que García Márquez y Carlos Fuentes hicieron el guión, basado en la historia de Rulfo.
Villaseñor guía a los hermanos a través de la peliaguda fantasía de volver a la casa de su infancia que, de forma inevitable, remueve sentimientos. Algunos de estos son explícitos, por ejemplo las visitas de gente como Álvaro Mutis, que disfrutaba de asustarlos, o el amigo imaginario de Gonzalo, bien conocido por sus padres y hermano. Otros recuerdos se quedan en el silencio, donde la directora sabe mantener la mirada el tiempo preciso para indicar que la memoria, como las casas, tiene también espacios privados.
La casa hace dos contribuciones muy importantes. El primero es la reconstrucción de Gabo como un hombre que pasaba varias horas frente a la máquina de escribir, sin hacerle caso a los niños que entraban ocasionalmente al cuarto donde escribía, pero también como un padre amoroso. Lo mismo que Mercedes, la Gaba, como le dicen Rodrigo y Gonzalo, que apoyó al esposo para que finalmente, a los cuarenta años, publicara un libro que nadie sospechaba que se iba a convertir en una obra fundamental.
El segundo aporte es la grabación que Villaseñor halló en la Fonoteca Nacional donde García Márquez habla de sus sueños, que son metáforas espaciales y arquitectónicas, donde un cuarto conduce a otro cuarto y a otro cuarto y a otro cuarto. Obsesión que la directora traduce en imágenes que echan mano de los espacios vacíos de la casa, una especie de encierro que se va adentrando cada vez más en un interior infinito. En el audio se oye la voz de un joven García Márquez, antes de la gloria y los premios, lo cual ayuda a reconstruir su figura a partir de elementos desconocidos y que por lo mismo hace un retrato más rico en texturas, más profundo en sus raíces.
La idea de La casa, que se presentó como parte del Festival de Cine Al Margen, es mostrar que los espacios no son impermeables al paso del tiempo, que se construyen y permanecen en la memoria por los lazos que ahí se hicieron; los sentimientos surgen y se contienen en los lugares en los que, a veces, se regresa en sueños. Un poco como decía la protagonista sin nombre de Rebeca (1940), el filme gótico de Hitchcock, también sobre una casa: “anoche soñé que volvía a Manderley”. Villaseñor no lleva al espectador a Macondo, pero lo acerca a su origen.
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