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Columnas

Entre marchas y portadas de arquitectas del año: arquitectura y feminismos blancos

Entre marchas y portadas de arquitectas del año: arquitectura y feminismos blancos

13 marzo, 2023
por Aura Cruz Aburto | twitter: @auracruzaburto | instagram: @aura_cruz_aburto | web: academia.edu

Hace algunos años, un amigo trabajaba en una oficina de arquitectura —de cuyo nombre no quiero acordarme— que se componía por dos niveles: una planta baja donde se encontraban las arquitectas y arquitectos que podían ser vistes por los clientes —por ser más guapos, más classy— y un sótano donde los más “humildes” y talacheros se hallaban.

Pues resulta que esta metáfora espacial de la discriminación tenía, a su vez, varios corolarios: Uno de ellos era que, por lo general, las chicas de la planta baja provenían de escuelas privadas y los hombres que las rodeaban solían desdeñar sus capacidades profesionales y acentuaban que habían sido contratadas por “bonitas”. Ya aquí había una violencia de género que provenía de diversos frentes: de los contratantes tanto como de los compañeros de trabajo. 

Sin embargo, ocurrían opresiones que, a su vez, empalmaban cuestiones de género con temas de racismo y clasismo, por lo menos. Uno de estos eventos sucedió cuando una chica que trabajaba en el sótano solicitó un ascenso. Ella argüía que su desempeño lo ameritaba. Ante esta petición, una socia de la firma le negó el ascenso bajo el siguiente argumento: “no tienes el perfil”. Al ser increpada acerca de a qué se refería con esto solamente se dignó a repetir la misma frase: “no tienes el perfil”. Esta chica no era delgada ni blanca, no era tampoco considerada “guapa” dentro de los parámetros estéticos de las clases altas de México.

 

Feminismo blanco

¿Qué nos dice este relato ante el tema tan vigente de la lucha de nosotras las mujeres? Yo creo que muchas cosas. En lo personal celebro que varias mujeres de nuestro gremio se organicen en un contingente los días 8 de marzo de unos años para acá. Me parece una manifestación legítima. Sin embargo, creo que aún nos queda mucho por visibilizar porque, por lo general, las caras que nos representan a las mujeres gremialmente son mujeres con ciertos privilegios. Es lo que diversas autoras señalan como feminismo blanco o feminismo liberal. 

En este sentido, el feminismo blanco no debe leerse de manera literal como feminismo de mujeres de tez blanca. Se llama así porque se conceptualiza en el marco de los Estados Unidos de América donde los planteamientos de ciertas mujeres (ahí sí blancas) sostienen que el problema al que nos enfrentamos es un asunto de desigualdad ante los privilegios del género masculino y ya.

Ok, ok, no se debe negar en absoluto que todas las mujeres, también aquéllas con más privilegios de diversos órdenes, han atravesado injusticias que derivan de un sistema patriarcal, pero también es cierto que, muchas veces, desde el privilegio mismo no se perciben siquiera otras voces que viven circunstancias diferentes donde, en ocasiones, las mismas mujeres privilegiadas se vuelven opresoras. Esto es precisamente lo que señalan las feministas críticas del feminismo blanco que sólo reconoce el tema de la desigualdad de género, pero olvida entretejer esos problemas con opresiones estructurales tales como la raza, la clase social, entre otros.

 

Otros feminismos

Entonces, ¿qué hacemos? La pregunta es complicada, pero lo es mucho más su respuesta. De entrada, tenemos que cuestionar nuestras propias creencias y prácticas. Hablar de arquitectura y feminismo no se limita a las arquitecturas que producimos, aunque por supuesto que lo incluye. 

Hablar de arquitectura y feminismo supone un problema de representación, por un lado. Es preciso dar a conocer a quienes han sido silenciadas en la historia: sí, Lilly Reich, Aino Marsio, Eileen Gray… pero también a los colectivos detrás de los grandes nombres de arquitectas que hoy engalanan las revistas cada 8 de marzo, así como también a otras fuerzas sociales de mujeres que desde el absoluto anonimato reconstituyen y producen socialmente su hábitat sin la necesidad de un saber disciplinar certificado por institución alguna.

Hablar de arquitectura y feminismo, además de considerar la manera en que concebimos nuestro quehacer, y de la manera en que se configura la representación de sus productoras, también requiere enfrentar y transformar nuestras prácticas diarias. Por supuesto que la de los hombres, de eso no hay discusión. Pero también de las propias mujeres que, en ocasiones, con conciencia o sin ella, nos convertimos en las propias opresoras de nuestras compañeras. Para cerrar esta idea, tanto como este artículo, contaré una historia más:

Había una vez una arquitecta de elegante nombre y de gran capacidad comunicativa. En su magnífica oficina trabajaban otras mujeres a las que ella buscaba “empoderar”. Una de estas mujeres, que residía en el oriente de la ciudad, acababa de tener una hija lo que hacía de su desempeño laboral todo un reto. Un día, la elegante arquitecta, ya desesperada le increpó un domingo —en que, gracias a que durante la pandemia los horarios laborales se habían vuelto borrosos, fue convocada— a que debería aprender de ella, que podía hacerse cargo de sus dos retoños y ser completamente profesional y competente… Lo que la fina arquitecta no mencionó es que ella contaba con la ayuda de asistentes domésticos en su casa —localizada en una zona céntrica de la ciudad—, con una nana y por lo menos con un chofer.

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