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Columnas

The day after

The day after

2 agosto, 2013
por Armando López Carrillo | Twitter: opalodehielo

Si fuera preciso caracterizar el estado actual de las cosas, diría que se trata del posterior a la orgía.

Jean Baudrillard, La transparencia del mal

En el más reciente capítulo de una larga historia ayer conocimos los detalles de XKeyscore, un programa de espionaje informático estadounidense con alcances tan extensos y profundos como el HTTP con el que nos comunicamos diariamente, un ente que eventualmente puede conocer y analizar toda nuestra actividad en internet. La nota publicada por The Guardian constituye una carambola cuidadosamente preparada, para lanzarse una vez que Edward Snowden, el más reciente y peligroso antihéroe de la National Security Agency, finalmente recibiera el asilo ruso ante la persecución de su país.

Muchos gobiernos (no todos) inmediatamente protestaron, indignados por la escandalosa intromisión en su soberanía y cuestionaron su cooperación con los estadounidenses; por nuestra parte, los millones de usuarios de internet en todo el planeta confirmamos que la gran red nunca nos brindó privacidad alguna. Esa tarde en la sobremesa, una amiga se enteró de la noticia mientras nerviosamente tecleaba un mensaje tras otro en su celular. Notablemente indignada, casi triste, me cuestionó mientras remataba el postre: “¿Te das cuenta de que estos cabrones pueden saber completamente todo lo que hemos estado haciendo y diciendo desde hace años? Es el colmo, porque internet fue un lugar en que todos éramos libres”.

Marshal McLuhan, aquel visionario que predijo el colapso de la Galaxia Gutemberg y el surgimiento del gran “espacio de resonancia” en que vivimos , confirma en el último de sus libros (1) cómo una tecnología cae en su opuesto cuando se satura su uso y cómo se recupera en su opuesto. Desde esta lectura, hemos visto que la tecnología desarrollada por Arpanet, un sistema diseñado por Estados Unidos en los años 60 para el control militar, una vez popularizada y comercializada por medio de internet y sus múltiples aplicaciones, se ha transformado en una herramienta de comunicación fundamental para los movimientos sociales y la subversión popular, con manifestaciones radicales en las primaveras árabes de 2012 y en las travesuras de Anonymous sobre los servidores más seguros de los espías más secretos. Más allá de esto, las tecnologías de la información y comunicación resultan hoy, en muchos casos, los medios más accesibles para la simple y llana expresión individual.

Es como ver el retorno de un péndulo tecnológico desde su extremo, con toda su inercia, como enfrentar la cara oculta de una paradoja. Quizá la filtración de Snowden nos libera, lejos de lastimar la intimidad de toda la información que devotamente hemos depositado en Internet, pues comprueba e incluso divulga muchos de aquellos terrores tecnológicos que han nutrido la imaginería humana desde los fundamentos del lenguaje mismo, desde el Golem hasta The Matrix, pasando por multitud de ficciones informáticas, en las redes pequeñas, medianas y mundiales. Después de todo, podemos continuar encriptando el lenguaje entre nosotros y ya el Gran Hermano, aquel que nos mira constantemente, explicaba en sus máximas que “la libertad es la esclavitud”.

Horas después recibo en el celular un mensaje de mi amiga: “Tengo que contarte algo”. Yo respondo: “Si se trata de algo personal, mejor dímelo al oído”.

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Cuartel general de la NSA. Fort Meade, Maryland, EUA. Fotografía vía Wikipedia.

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Google Data Center. Douglas County, Georgia. Foto: Google/Connie Zhou vía Wired.


(1) Marshall McLuhan y B.R.Powers, La aldea global, Gedisa, México, 1991.

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