Para analizar, determinar, identificar y etiquetar a estos personajes de la serie
Los Simpson, propongo una tabla de características físicas, anímicas y de comportamiento que se identifican con el género femenino occidental perteneciente a la segunda mitad del siglo XX. La tabla estaría compuesta, así pues, por vestimenta que se relaciona con las mujeres: vestidos, tacones, faldas, bragas, bisuterías, pelucas, adornos para el cabello, entre otros; maquillaje, cremas, coloretes, etc.; conductas delicadas o suaves: contoneo, mímica, gestos, expresiones blandas o suaves; y por atributos fisiológicos y sociales como voces agudas y nombres femeninos. Bajo este espectro cabrían, sin problema alguno, las varias caracterizaciones de miembros de la familia Simpson como Bart, Homero, o el abuelo; y personajes cercanos como Milhouse Van Houten, así como las únicas del jefe Gorgory, Ned Flanders, Barney Gómez, el señor Burns, Martin Prince y el doctor Julius Hibbert.
Empecemos a hablar sobre ellos. Bart ha sido a quien en más ocasiones se le ha travestido: en concreto, en cuatro capítulos más otro en el que él mismo insinúa que podría pasar por su hermana Lisa en un cita romántica (ocultamiento de la identidad verdadera). Bart es astuto, sagaz, travieso, gallardo, hiperactivo y puede sacar provecho propio de cualquier situación. Sus conocimientos acerca de la vida sorprenden pese a sus escasos 10 años de edad; nos revela, por ejemplo, algunos tips para sobresalir en concursos de belleza: “Y luego yo te enseño algunos trucos: repegarte al traje de baño, jalea de petróleo en los dientes para una sonrisa fácil y el antiguo arte del algodón [relleno, esponjas para el busto y la cadera]”.

La enunciación de estos recursos sorprende tanto a Marge y Lisa Simpson como a los televidentes, y termina por dejarnos atónitos cuando al primogénito de Homero se le ve caminar con soltura, de manera sensual y con profesionalismo al unísono de “tacón, punta, tacón, punta”. “Empiezo a pensar que podría ganar yo”, termina por declarar sin balbuceos, pues, según sus palabras, andar con tacones “no tiene ciencia”.