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Pensar/clasificar

Pensar/clasificar

21 junio, 2015
por Alejandro Hernández Gálvez | Twitter: otrootroblog | Instagram: otrootroblog

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Georges Perec nació. Punto. Para escribirlo como lo hizo él en uno de sus textos de la memoria y el olvido. Nació el 7 de marzo de 1936. Y Georges Perec murió, cuatro días antes de cumplir 46 años, el 3 de marzo de 1982. Unos días antes de morir, Perec publicó un texto titulado Pensar/Clasificar. En desorden o, más bien, en otro orden alfabético, Perec escribe en ese texto de d) los sumarios, a) los métodos, n) las preguntas, s) los ejercicios de vocabulario —“¿cómo clasificar los siguientes verbos: acomodar, agrupar, catalogar, clasificar, disponer, dividir, distribuir, enumerar, etiquetar, jerarquizar, numerar, ordenar, reagrupar, repartir?”—, u) el mundo como rompecabezas —“cuán tentador es el afán de distribuir el mundo entero según un código único”—, r) utopías —“todas las utopías son deprimentes porque no dejan lugar para el azar, la diferencia, lo «diverso»”—, e) veinte mil leguas de viaje submarino, l) razón y pensamiento, i) los esquimales —porque afirman que ellos no tienen un nombre genérico para designar el hielo—, g) la Exposición Universal —por los 18 grupos y las 121 clases en que se distribuyeron los objetos expuestos—, t) el alfabeto —porque “el orden alfabético es arbitrario, inexpresivo y, por ende, neutro”—, c) las clasificaciones —porque “hay un vértigo taxonómico”—, o) las jerarquías —porque hay modos de pensar/clasificar que imponen algo más que una serie en cierto orden—, p) la manera como clasifica —él, Perec, que confiesa tener un problema con las clasificaciones porque nunca son duraderas, porque apenas se pone un orden, caduca—, f) Borges y los chinos —por la clasificación de los animales en una enciclopedia china, según Borges (a. pertenecientes al Emperador, b. embalsamados, c. amaestrados, d. lechones, e. sirenas, f. fabulosos, g. perros sueltos, h. incluidos en esta clasificación, i. que se agitan como locos, j. innumerables, k.dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, l. etcétera, m. que acaban de romper un jarrón, n. que de lejos parecen moscas) y que Michel Foucault citó en Las palabras y las cosas—, h) Sei Shônagon —por la escritora japonesa, autora de El libro de la almohada, en el que Peter Greenaway basó su película y que, según Perec, no clasifica: enumera y recomienza otra vez, lista tras lista—, v) las innegables alegrías de la enumeración —porque “en toda enumeración hay dos tentaciones contradictorias; la primera consiste en el afán de incluirlo todo; la segunda, en el de olvidar algo—, m) el lbibro de récords, x) bajeza e inferioridad, q) el diccionario, b) Jean Tardieu —por algún verbo de infinitamente preciso significado cuya inexistencia lamentaba aquél escritor—, j) cómo pienso —sobre cómo piensa y, sobre todo, cómo piensa cuando piensa en cómo piensa—, y) varios —donce presenta una “clasificación de las interjecciones según un (muy mediocre) diccionario de palabras cruzadas— y z), una interrogación, literal: ?

La serie de listas elaborada por Perec puede parecer un divertimento de escritor y en parte lo es. Pero también dirige nuestra atención al efecto que el acomodo de ciertos datos pueda tener de nuestra interpretación de los mismos. En el 2005, Franco Moretti publicó el libro Graphs, maps, trees, en el que planteó un considerable giro en la manera de acercarse a la historia de la literatura: en vez de atender a las obras concretas e individuales —las grandes obras de los grandes autores—, proceder mediante un trío de construcciones artificiales en los que, dice Moretti, “la realidad del texto es sometida a una reducción y abstracción deliberadas.” Se trata de una lectura “distante” en la que la distancia no se tiene por un obstáculo sino como una forma específica de conocimiento: menos elementos implican un sentido más agudo de su interconexión general. Con las gráficas, por ejemplo, Moretti cuantifica la cantidad de novelas publicadas en distintos países y, sin distinguir entre grandes obras y literatura ahora ya olvidada, muestra el auge de dicha forma literaria y su rápido crecimiento en unas cuantas décadas y, luego, la sucesión en períodos similares de géneros que –a falta confesa de mejor explicación– atribuye a cambios generacionales. En arquitectura un método similar nos obligaría a cuantificar la cantidad de casas, departamentos, fábricas, hospitales o escuelas construidas en distintas épocas sin distinguir diferencias cualitativas hipotéticas o canónicas. Ese tipo de gráficas, aclara Moretti, no explican nada: no son respuestas sino preguntas. Muestran en qué punto, en qué momento hay algo que sugiere el juego de fuerzas que habrá que rastrear.

Desde que en 1973 Charles Jencks —que nació el 21 de junio de 1939 en Baltimore, Maryland— publicó Modern Movements in Architecture, ha venido desarrollando varios árboles evolutivos de las corrientes arquitectónicas y la manera como se cruzan y separan. En aquél libro “las seis mayores tradiciones” de la arquitectura eran la lógica, la idealista, la auto-consciente, la intuitiva, la activista y la inconsciente (el 80% de nuestro entorno, dice). Después, a esas tradiciones les seguirán otras seis de la arquitectura posmoderna: el historicismo, el revivalismo simple, el neo-vernáculo, el urbanismo ad-hoc, el matafórico-metafísico y el espacio posmoderno. En los árboles de Jencks, a esas tradiciones corresponden distintos estilos y etiquetas, desde el funcionalismo hasta el parametricismo pasando por el pop, y también algunos nombres de arquitectos reconocidos: Le Corbusier o Gaudi, Wright o Breuer. En esa orografía las corrientes a veces confluyen, otras se merman y de pronto resurgen o secan definitivamente, y a los arquitectos los podemos imaginar unas veces como veleros que con habilidad navegan a contracorriente o como botes a la deriva, a veces barcos encallados o pequeñas islas, otras se transforman en la corriente misma. Es cierto que a los árboles de Jencks les hace falta los mapas y las gráficas de las que habla Moretti, pero los productos de sus clasificaciones hacen sin duda pensar en los ejercicios descritos por Perec. A final de cuentas Jencks asume que “los mejores arquitectos son los menos clasificables.”

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