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Parque aeroportuario

Parque aeroportuario

21 octubre, 2014
por Arquine

por Juan José Kochen | @kochenjj

#ConcursoArquine: ¿Cuál será la vocación del [futuro ex] Aeropuerto Internacional Benito Juárez de la Ciudad de México? | Más información

Berlín se avizora entre grúas y edificios que se superponen. Una de las ciudades europeas que ha sufrido más reconstrucciones, reinvenciones y vuelcos de identidad. Pero la ciudad alemana no esconde sus antiguas fachadas por más lamentables, grotescas o bélicas que hayan sido, al contrario, muestra y exhibe las grietas de su pasado nacionalsocialista. Entre memoriales y museos, la ciudad contagia un ánimo distinto, de permanencia y transformación. De la Isla de los Museos, la reminiscencia de la Bauhaus, los edificios de la ocupación, las reconocidas plazas, las nuevas embajadas, Friedrichstraße, el impresionante Reichstag, la estación de Hauptbahnhof, el Kulturforum o las quirúrgicas intervenciones de David Chipperfield en el Neues Museum o la Neue Nationalgalerie.

En un itinerario ciclista, de noreste a sureste, del efervescente y popular barrio de Mitte (similar a Soho o la Condesa) pasando por la unidad habitación de Le Corbusier para la Exposición Internacional de Construcción “Interbau”, el imponente parque de Tiergarten y la torre de telecomunicaciones de Berlín en Alexanderplatz, se asoma el antiguo aeropuerto de Berlín-Tempelhof. Este gigante de 380 hectáreas convertido en parque urbano es uno de los anclajes históricos más relevantes de la ex capital. Construido entre 1937 y 1941, a sólo 20 minutos en bicicleta de Potsdamer Platz (tierra de nadie que ahora simboliza la reunificación sobre la división del muro), el aeropuerto guarda capas de historias y pasajes.

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El arquitecto alemán Ernst Sagebiel diseñó la terminal, con base en principios del Tercer Reich, el símbolo aéreo alemán (Luftwaffe) y reminiscencias de Albert Speer. Todo un búnker militar, el proyecto radial envuelve las pistas con un semicírculo lleno de fosas, túneles, hangares y refugios. Tras la Segunda Guerra Mundial y la división de Berlín, el aeropuerto fue controlado por Estados Unidos de 1945 a 1948, año en que se llevó a cabo el “Puente Aéreo” que operaría 1,400 vuelos diarios para abastecer de alimentos y víveres a Berlín tras el bloqueo de la Unión Soviética. Entre los cincuenta y setenta continuó con operaciones privadas y pequeños vuelos, vio nacer a Lufthansa en 1953 y British Airways y Pan Am fueron dos de las aerolíneas más provechosas hasta su mudanza al actual aeropuerto de Tegel.

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Su primera clausura fue en 1975. Luego de un periodo de tráfico aéreo comercial, principalmente con Estados Unidos, y de algunos vuelos domésticos, el 30 de octubre de 2008 despegó el último avión de Tempelhof para dar paso a otro tipo de abastecimiento. Se convocó a un referéndum y los alemanes votaron por cerrar el aeropuerto. En 2009, el gobierno se preguntó qué hacer con 380 hectáreas libres en una de las zonas más céntricas y con mayor plusvalía de la ciudad. ¿Qué hacer con este vacío de brutal extensión? Más grande que el Central Park y poco menos de la mitad del terreno que ocupa el actual Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.

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La decisión fue dejar el vacío. Ese mismo año se anunció que el aeropuerto abriría como parque en 2010 con una inversión de 60 millones de euros y que se concluiría en su totalidad en 2017. El equipamiento y las terminales aéreas serían parte de un plan maestro a cargo de la oficina escocesa GROSS.MAX + Sutherland Hussey Architects –luego de un concurso en el que participaron 78 firmas– para reactivar los espacios en desuso, integrando los distritos de Friedrichshain-Kreuzberg, Neukölln y Tempelhof-Schöneberg dejando un gran espacio central, abierto y verde. La gente va, ocupa el espacio, y el espacio invita a ser ocupado. En pleno desarrollo, aunque el estado actual es espectacular. Las pistas están llenas de ciclistas, corredores, patinadores y deportistas que incluso alzan el vuelo. Seccionado por áreas para hacer comer, acampar o simplemente salirse de la ciudad, se trata de uno de los proyectos urbanos mejor logrados por su extensión y capacidad de transformación. Se bautizó como “Tempelhofer Feld”, como “un espacio abierto para la ciudad del futuro”. Los alemanes lo describen como un símbolo de libertad, una puerta al mundo y ahora, como el mejor parque urbano de la ciudad. Un buen desenlace para la restauración de un aeropuerto en etapa terminal.

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