Las compras del 19 de diciembre 2025 al 5 de enero 2026 se enviarán el 6 de enero.
El proyecto se inspira en la forma de una duna para ofrecer un espacio de deporte, cultura y contemplación que refleja la actitud de flujo y relajación propia de quienes navegan en el Caribe colombiano. A pocos kilómetros de Barranquilla, en el litoral del Atlántico, las playas de Salinas del Rey —uno de los destinos más destacados del mundo para el kitesurf y los deportes de viento— albergan un centro de deportes náuticos concebido conjuntamente por los estudios DEB y El Equipo Mazzanti.
Pensado como una extensión del paisaje costero, el proyecto integra arquitectura, ecología y turismo en un mismo gesto: una duna habitable que protege, conecta y organiza el territorio. Más que un equipamiento deportivo, el centro reúne espacios de entrenamiento, recreación y cultura junto con áreas para el comercio local y la gastronomía, impulsando la economía de la zona y reforzando su identidad. Una barrera vegetal de especies nativas delimita el crecimiento urbano y resguarda el ecosistema, asegurando que el espacio público de la playa se mantenga abierto tanto para la comunidad como para los visitantes. El proyecto ofrece a la sociedad espacios de disfrute, crecimiento y bienestar, demostrando cómo el diseño puede mejorar la calidad de vida a través de la convivencia, el deporte y el contacto con el paisaje.
La lógica de la duna
El concepto arquitectónico parte de una premisa clara: las dunas no son simples acumulaciones de arena, sino barreras naturales que protegen la costa y generan vida. En el proyecto, esta lógica se traduce en volúmenes orgánicos, permeables y estratificados, capaces de suavizar la transición entre lo construido y lo natural.
La edificación principal adopta la morfología de una duna, elevándose como una gran cubierta curva de madera que parece emerger de la arena. Su estructura alberga espacios interiores frescos y protegidos del asoleamiento, mientras que en la superficie se convierte en un área de encuentro social y cultural. El deck curvo de la duna principal se plantea como un escenario teatral abierto hacia el horizonte: desde allí, los visitantes contemplan atardeceres espectaculares, donde los verdaderos actores son los kiteros.
La madera es el material protagonista, utilizada en la cubierta curva y en los detalles constructivos que acompañan la geometría fluida del proyecto. Su elección responde a criterios ambientales y formales: aporta calidez, permite trabajar superficies curvas y conecta con una tradición de construcción costera más ligera y sostenible. El resultado es una estructura que dialoga con el entorno sin imponerse, demostrando que la arquitectura puede ser monumental y respetuosa al mismo tiempo.
El conjunto se complementa con dunas paisajísticas que integran vegetación y senderos, generando espacios para el descanso y áreas de sombra, mientras que un malecón ondulante enlaza la playa con el equipamiento y los estacionamientos. Su trazo curvo recuerda los pliegues del terreno costero y funciona como acceso principal, al tiempo que actúa como infraestructura de prevención contra inundaciones.
En Salinas del Rey, el viento se convierte en aliado del diseño. Sus flujos determinan la orientación y los pliegues de la arquitectura, consolidando una relación estrecha entre naturaleza y construcción. El diseño refleja la misma actitud de flujo y relajación que caracteriza a quienes practican estos deportes: una manera de habitar el litoral en sintonía con el ritmo del mar y del viento. El resultado es un proyecto que trasciende la función deportiva: una arquitectura-paisaje en madera que fortalece la imagen de Salinas del Rey como destino internacional de deportes náuticos y lo consolida como hito cultural y turístico del Caribe colombiano.