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Ámina Wind Resort: un retiro aislado frente al Mar de Cortés

Ámina Wind Resort: un retiro aislado frente al Mar de Cortés

Nombre de proyecto

  • Ámina Wind Resort: un retiro aislado frente al Mar de Cortés

Sitio web

País

Año

Superficie

  • 5,022 m2

Fotógrafo

Ámina Wind Resort es un hotel boutique completamente off-grid, ubicado en una playa virgen a lo largo de 20 km, al sur de La Ventana, en Baja California Sur. Además de su privilegiada ubicación geográfica, se encuentra frente al Mar de Cortés y muy cerca de la Isla Ceralvo, también conocida como Isla Jacques Cousteau, quien nombró al Mar de Cortés “el acuario del mundo” por su extraordinaria biodiversidad y riqueza de especies marinas

El proyecto surge con la intención de crear un espacio de retiro aislado, creado por y para una comunidad deportiva de amigos y familias jovenes amantes de este deporte, así como de la convivencia con el entorno natural. Este desarrollo tardó más de seis años en concebirse con el sueño inicial de Jaime Guzmán por crear una comunidad autónoma en estrecha relación con la naturaleza.

La intervención del despacho abarca desde el desarrollo inmobiliario, la arquitectura, la construcción, el diseño interior hasta el mobiliario. Su complejidad y diseño distintivo, vinculados con el contexto inmediato, además de aumentar el valor agregado para cada uno de sus usuarios, convierten a Ámina Wind Resort en un proyecto inédito. Se logra desde el concepto de diseño que consiste en crear una volumetría sobria que se mimetiza con el paisaje. La disposición de los volúmenes responde a las condiciones extremas de Baja California Sur, considerando estudios de incidencia solar y análisis de vientos para favorecer la ventilación cruzada y optimizar el confort ambiental.

Comprometidos con respetar el entorno y conscientes de encontrarse en un contexto prácticamente inalterado, se toma la decisión de construir únicamente tres niveles, manteniendo una vocación horizontal, aun cuando el reglamento permitía levantar el doble. El color de la fachada retoma los tonos de la arena sobre la que se desplanta, logrados a partir de una mezcla elaborada in situ con arena del propio terreno y cemento.

Al interior se utilizó un tratamiento distinto: se optó por emplear resina de chukum, que, aunque no es una técnica originaria de la zona, resulta una solución acertada, ya que, además de aportar textura, es un material con propiedades térmicas, manteniendo los interiores cálidos en invierno y frescos en verano.Se suma que la vegetación es 100% endémica de la región requiriendo poco consumo de agua y mantenimiento. Se colocó de manera estratégica, aunque parece estar dispuesta al azar, como si no hubiera existido la intervención humana y el sitio siempre hubiera estado así, reforzando su integración con el paisaje natural.

El conjunto se organiza en seis torres construidas en concreto armado, debido a la ubicación y la vulnerabilidad de la zona ante huracanes. Esta decisión garantiza la durabilidad del proyecto a largo plazo. Cada una cuenta con tres departamentos por piso. Estos se rotan hacia el centro del predio con la intención de asegurar vistas exclusivas al mar, generando una secuencia rítmica de volúmenes.

Al centro de las torres se ubican las áreas comunes, cuyo corazón es una gran palapa que contiene áreas sociales que albergan un restaurante, un bar, un concept store y una ludoteca. Su acceso está marcado por una gran escultura de volúmenes de madera que homenajea a los primeros socios, quienes creyeron en este proyecto. Las áreas sociales también cuentan con amenidades al exterior como canchas de padel, alberca y zonas de relajación a pie de playa. Desde este núcleo, un sendero orgánico se abre hacia el mar, fluyendo entre los volúmenes. A lo largo de este recorrido, se crea un juego de luces y sombras proyectado por la arquitectura, mientras que en las fachadas laterales, se crea un contraste entre vanos y macizos. Este camino culmina en la alberca que remata visualmente con el horizonte.

Las fachadas principales frente al mar se abren en una secuencia de terraceo que, además de brindar privacidad, genera un vínculo directo con el entorno. Cada torre alberga un departamento por nivel y su volumetría se escalona para conformar terrazas privadas, cada una rematada con jardineras que integran el paisaje al interior de las estancias. Cuentan con parasoles de celosía de hueso de palma a medio entrepiso que filtran la luz, proporcionando un microclima interior y reforzando el carácter orgánico. El acceso a los departamentos conduce a un vestíbulo que conecta directamente con la zona social central, conformada por sala, comedor y cocina abierta.

Los departamentos están pensados para hospedar a familias de varias generaciones o parejas de amigos con hijos, ofreciendo una flexibilidad espacial para los distintos estilos de convivencia. Cuentan con tres recámaras con capacidad para hospedar hasta 8 personas: la principal con salida a la terraza vinculada al área social, una secundaria y una tercera con cama para dos personas y una litera doble. El mobiliario fijo se resolvió en albañilería de concreto pigmentado, fusionando arquitectura y función para lograr espacios de bajo mantenimiento y costo. Todos los demás muebles fueron diseñados y fabricados por artesanos mexicanos, estableciendo un diálogo entre diseño y oficios locales.

El diseño de iluminación se incorpora al proyecto, aportando una atmósfera acogedora; se utilizó iluminación indirecta en el plafón con cajillos que resaltan la textura del chukum, y en los muros se instalaron arbotantes de madera, generando un ambiente controlado.

El penthouse de cada torre se desarrolla en dos niveles. El primero replica la distribución de los demás departamentos, mientras que el segundo desplanta una amplia terraza cubierta en la azotea, equipada con jacuzzi, lounge, comedor y asador. El espacio está cubierto por una estructura ligera con la característica celosía de hueso de palma que difumina la entrada de luz . Este espacio se convierte en un área de descanso privada, donde se respira tranquilidad, siendo un lugar privilegiado de convivencia con vistas panorámicas al área desértica; en la noche se transforma en un mirador hacia el cielo estrellado de la Vía Láctea que se puede apreciar por la ausencia de luces en los alrededores.

Uno de los mayores retos que enfrentó la oficina fue durante la construcción; al ubicarse en una zona casi completamente aislada, implicó un desafío transportar los materiales de construcción y contar con mano de obra especializada de la región. Ámina al ser off-grid es un complejo 100% autosustentable que depende de sus propios sistemas de abastecimiento, cuidadosamente estudiados. Cuenta con captación solar mediante paneles fotovoltaicos y sistemas de almacenamiento en baterías, así como un sistema interconectado de agua potable, diseñado para maximizar la eficiencia y abastecer a todo el desarrollo.

Apoyados por estudios climáticos, se implementaron soluciones pasivas que responden al asoleamiento para generar sombras en las áreas sociales; adicionalmente el posicionamiento de los volúmenes permite la ventilación cruzada tanto en exteriores como en los interiores de los departamentos.

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