Símbolo de excelencia en África Occidental, la Universidad Cheikh Anta Diop de Dakar (UCAD) constituye un referente que trasciende las fronteras del continente. Los 16 nuevos edificios, diseñados para albergar a cerca de 10,000 estudiantes, se distribuyen en dos emplazamientos (10 en el campus de la UCAD y 6 en Cité Claudel). La calidad de los espacios interiores y el confort térmico guiaron el diseño mediante una cuidadosa selección de materiales, ventilación natural, un equilibrio entre protección solar e iluminación natural suficiente, canalización de los vientos, entre otros aspectos. La morfología de los edificios refleja este enfoque bioclimático y respeta las dimensiones contenidas de la urbanización existente.
Pese a que la obra estuvo marcada por disturbios estudiantiles y por la incertidumbre en el acceso a materiales locales, y gracias a la perseverancia de los arquitectos, los dos primeros edificios recibieron a sus primeros 750 estudiantes en junio de 2024. El Sector A constituye la primera fase de un importante programa bioclimático de vivienda estudiantil.
Los edificios comprenden cuatro niveles de dormitorios y salas de estudio, junto con una serie de espacios comunes y servicios en la planta baja: salas de televisión, lavanderías, servicios de conserjería, así como locales destinados a comercios que forman parte integral de la vida estudiantil en el campus.
El campus universitario constituye uno de los últimos grandes pulmones verdes de la ciudad. Desde el inicio, la intención arquitectónica fue preservar esta condición e introducir a los estudiantes en las ventajas de la construcción sostenible mediante la experiencia del confort bioclimático.
Los edificios se componen de dos alas dispuestas a ambos lados de un vacío central concebido como un jardín interior, una configuración que favorece el frescor y la ventilación natural. La implantación de los edificios responde a los vientos predominantes (del noreste durante la estación seca y del noroeste durante la temporada de monzones).
La disposición de ocho estudiantes por habitación exigió una altura entre niveles de 3.95 metros. Esta particularidad permitió diseñar fachadas más esbeltas, contrarrestando la horizontalidad de sus líneas.
Los edificios tienen cuatro niveles y se organizan en dos alas separadas por un corredor central concebido como un jardín interior. Esta disposición favorece el confort térmico y la ventilación natural. El acceso principal se realiza a través de este corredor, donde también se ubican las rampas y escaleras exteriores que conducen a los corredores de distribución de las habitaciones. Todos los corredores están protegidos del sol y la lluvia, con un núcleo compacto de escaleras en cada extremo.
En los niveles superiores, las salas de estudio suspendidas se sitúan entre ambas alas, donde aprovechan el frescor generado por los “jardines de lluvia”. El diseño paisajístico está pensado para reducir el efecto de isla de calor y gestionar el agua pluvial mediante su infiltración directa al terreno. Las ligeras variaciones en la altura y la posición de las terrazas generan efectos de deslizamiento y abren nuevas perspectivas a escala urbana.
Para los arquitectos, mantener la imagen arquitectónica original representó un verdadero desafío debido a los continuos cambios ocurridos hasta la entrega del proyecto por diversos factores. El éxito del proyecto se debe en gran medida a la modularidad de su diseño. La repetición de un mismo sistema, sustentado en elementos invariables (estructura y envolvente), permitió incorporar variaciones tipológicas dentro de un único esquema, haciendo posible que los arquitectos adaptaran el proyecto durante todo su desarrollo.
La estrategia de diseño, desarrollada junto con la oficina de ingeniería Elioth by Egis, se basa en tres principios: protección frente a la ganancia solar, elevada inercia térmica y ventilación. Esta estrategia se materializa mediante el uso de moucharabiehs y aleros; la incorporación de corredores ventilados y cubiertas ventiladas; un sistema de doble muro con un material más denso en la cara interior y materiales de alta inercia térmica; una importante ventilación natural nocturna; y la concientización de los estudiantes sobre el uso de la ventilación natural durante el día y la noche para garantizar un funcionamiento óptimo.
Cada habitación para ocho estudiantes cuenta con diez ventanas, incluyendo un paño superior practicable que favorece el movimiento del aire y el enfriamiento nocturno. La mayoría de las ventanas corredizas se ubican detrás de celosías de ladrillo que proporcionan protección contra la radiación solar. Junto a la puerta de acceso, un gran ventanal fijo de vidrio armado proporciona iluminación natural al dormitorio.
En la entrada de cada habitación, un compartimento fijo permite a los residentes quitarse los zapatos antes de ingresar. La ropa, que normalmente se secaría a la vista sobre las fachadas, queda oculta dentro de la doble piel, donde se instalaron cables específicos para este fin. Esta solución, que podría parecer un detalle menor, transforma radicalmente la percepción de la vivienda estudiantil y la dignifica.
Las residencias están construidas en concreto armado (estructura de columnas y vigas con losas macizas) y muros de relleno de ladrillo de arcilla, ya sea macizo o hueco en las zonas de moucharabieh que favorecen la ventilación natural. El ladrillo también se utiliza como pavimento.
En simbiosis con el proyecto arquitectónico, el diseño paisajístico incorpora senderos ajardinados, el tratamiento de las áreas circundantes y de los terrenos, fundamentales para la vida comunitaria y el trabajo informal al aire libre bajo la sombra de los árboles y las fachadas. Los distintos jardines reducen el efecto de isla de calor y permiten la infiltración del agua de lluvia en un contexto urbano caracterizado por la baja permeabilidad del suelo.
Se desarrollaron tres patrones para los muros de moucharabieh, que cumplen diversas funciones: preservar la privacidad de las habitaciones al proteger las numerosas ventanas necesarias para la ventilación natural; proporcionar protección solar pasiva; ocultar la ropa de los estudiantes, que se seca en la doble piel mediante un sistema diseñado para ello; y dinamizar las largas fachadas mediante una vibración visual que rompe la repetición de los demás elementos arquitectónicos seriados.
Los patrones de las celosías fueron diseñados en colaboración con ALUN BE. Basados en tres formas geométricas simples —círculo, triángulo y cuadrado—, los motivos conforman un lenguaje armónico susceptible de múltiples variaciones y modulaciones.
Estos patrones se inspiran en los saberes de los distintos grupos étnicos de la subregión: la medicina akán, la astrología dogón, la literatura mandinga, entre otros.