Ubicada en la región de Alto da Boa Vista, en São Paulo, la nueva sede de Pedagogía y Psicología del Colegio Rudolf Steiner es un proyecto de Biselli Katchborian, firma brasileña dirigida por Mario Biselli y Artur Katchborian. Seleccionado a través de un concurso organizado por la propia institución, el edificio responde a los valores holísticos de la pedagogía Waldorf y su estrecha relación con la naturaleza.
Con una superficie de aproximadamente 3,850 metros cuadrados, la estructura en forma de U abraza el centro del terreno y protege un árbol de mango centenario, cuya preservación fue el punto de partida del diseño. Todas las áreas del proyecto se orientan hacia este patio central, un espacio concebido para la contemplación y la interacción con la naturaleza.
En la investigación de arquitecturas para instituciones Waldorf, el despacho identificó la importancia del trabajo manual y la madera como materiales esenciales en la identidad del proyecto. Sin embargo, dadas las dimensiones reducidas del terreno, se optó por una estructura de acero, capaz de generar grandes claros sin necesidad de columnas en la planta baja, asegurando un espacio abierto y acogedor.
La madera se incorporó de dos maneras. Primero, de forma literal, a través de una estructura de madera laminada anclada al sistema de losas, que además de conformar los cerramientos hacia el patio interior, se transforma en mobiliario fijo para los estudiantes. Segundo, de manera simbólica, mediante patrones orgánicos inspirados en la textura microscópica de la madera, aplicados sobre las superficies metálicas del revestimiento y los sistemas de control solar.
El programa se distribuye en planta baja y dos niveles, con seis aulas en cada uno. Los espacios destinados a las actividades pedagógicas fueron diseñados con flexibilidad, permitiendo reorganizarse según las necesidades y ofreciendo mayor libertad de uso. Esta flexibilidad también se extiende a la circulación, pensada como un sistema que fomenta el encuentro y la socialización.
En el último nivel, una terraza abierta funciona como un área de descanso para estudiantes y maestros. Con una vista privilegiada del entorno, el mobiliario refuerza la conexión con el exterior.
Para conectar los niveles externamente, dos ascensores panorámicos de vidrio fueron instalados en el patio central, enmarcando la vista del mango centenario. En la azotea, un volumen suspendido alberga las áreas administrativas, mientras que la biblioteca se sitúa en el punto más alto del edificio, como un faro que subraya el compromiso con el conocimiento.