Un equipo internacional encabezado por SANAA, en colaboración con Estudio A0, Caá Porá Arquitectura, Jerome Haferd Studio y Taller Capital Landscape, fue seleccionado en el esperado concurso para el diseño del Museo Nacional del Ecuador (MUNA).
La propuesta liderada por SANAA, titulada “Living Strata” (Estratos Vivos), celebra la síntesis entre diversidad y unidad, entre paisaje y cultura, entre lo ancestral y lo contemporáneo, describe el equipo. Inspirado en las culturas precolombinas y poscolombinas, el proyecto adopta el círculo como expresión de la memoria colectiva, el encuentro y la conexión con el cosmos. La propuesta busca representar a todos los pueblos del Ecuador e invitar a la comunidad internacional a acercarse a esta rica historia.
Los patios atraviesan el edificio como reinterpretaciones contemporáneas de estas tradiciones, conectando la tierra y el cielo, las colecciones y los programas educativos dentro de un paisaje cultural continuo. El diseño detallado de estos patios se inspira en plazas y sitios arqueológicos ecuatorianos, como Santa Ana–La Florida, el Valle del Upano, Valdivia y el Museo de Sitio Tulipe, así como en las cúpulas de iglesias, los retablos barrocos, las fachadas de piedra, las celosías, las cerámicas vidriadas y los pavimentos de hueso de los periodos Colonial y Republicano.
En la planta baja, los programas públicos y el acceso principal al museo se organizan como una serie de islas dentro de un paisaje abierto, concebido como una extensión del cercano Parque La Carolina. Esta experiencia de plaza abierta continúa hacia los niveles principales de galerías, que se abren a amplias terrazas ajardinadas. Estas galerías, flexibles y de gran escala, se conciben como una experiencia espacial fluida donde la percepción se expande y se contrae. El espacio genera momentos de intimidad y apertura, permitiendo que los visitantes recorran las exposiciones de manera inmersiva y dinámica.
Las formas curvilíneas del museo establecen un diálogo con el volcán Pichincha, integrando el edificio al paisaje de Quito y conectándolo simbólicamente con las cuatro regiones del Ecuador. Desarrollado en colaboración con asesores indígenas, afroecuatorianos y mestizos, el proyecto concibe el museo como un sistema de plazas verticales interconectadas que fomenta la participación de todos los ecuatorianos.
El nuevo paisaje del museo se vincula con el Parque La Carolina y fortalece el corredor verde del valle, transformando las condiciones ambientales propias de Quito —su temperatura de montaña, la exposición solar, las precipitaciones y la luz natural constante— en recursos de diseño. La planta baja y la plaza incorporan diversos jardines circulares, entre ellos las denominadas “chakras de agua”, una forma tradicional de agricultura que antiguamente era sustentada por el lago Iquitos. Las principales especies vegetales del paisaje se relacionan directamente con las exhibiciones y con la narrativa museográfica. En el interior y a lo largo de los recorridos del museo, se despliega una secuencia de terrazas ajardinadas, cada una poblada con especies propias de un ecosistema andino específico: matorral altoandino, matorral seco interandino, bosque montano, páramo y humedal.

Desde el punto de vista ambiental, el proyecto integra estrategias pasivas y activas que minimizan el consumo de recursos y optimizan el clima interior. Una estrategia integral y autosuficiente de gestión del agua incorpora captación de agua de lluvia, reutilización de aguas grises, humedales construidos y jardines de agua para la filtración natural. La ventilación natural se potencia mediante el efecto de circulación vertical del aire generado por los patios.

El proyecto representa una evolución significativa en el diseño de museos, tanto a escala regional como internacional. El edificio celebra tres grandes tesoros: el país y el territorio del Ecuador, la colección del museo y, finalmente, el pueblo ecuatoriano. La propuesta invita tanto a habitantes como a visitantes a encontrarse, reconocerse mutuamente y descubrir la historia compartida a través de la colección. Con el apoyo de los consultores museográficos DVDL y Monica Vorbeck, y en sintonía con nuevas formas de pensar el diseño contemporáneo, el proyecto incorpora principios de acceso público integral y hospitalidad, eliminando barreras para hacer de la experiencia museística un espacio más abierto e inclusivo.

La propuesta fue finalmente seleccionada durante la fase final del concurso, que incluyó la evaluación de un jurado especializado y un proceso de votación pública en Ecuador.
