En un terreno que primero albergó una fábrica de armas, después una planta de autopartes y más tarde permaneció abandonado durante años, Hérault Arnod Architectures ha concluido Paysage Habité – Résidence Harmonie, un edificio de 92 viviendas que parte de una observación sencilla: el 80 % de los franceses afirma que preferiría vivir en una casa que en un departamento. El proyecto busca hacer más atractiva la vivienda colectiva incorporando cualidades habitualmente asociadas con la vivienda unifamiliar.
Paysage Habité forma parte de una visión más amplia de ciudad basada en la movilidad sostenible, la diversidad social y la calidad residencial. El proyecto ocupa una posición estratégica, en el punto de transición entre el desarrollo urbano de la ZAC de l’Arsenal y el tejido de viviendas de baja altura situado al otro lado de la rue Voltaire. Resolver la relación entre el nuevo desarrollo y el barrio existente fue una preocupación central: la volumetría del edificio dialoga con su entorno, reduciendo gradualmente su altura y minimizando las sombras proyectadas sobre las construcciones vecinas.
El edificio adopta la forma de un amplio anillo que envuelve un jardín comunitario. Su escasa profundidad permite que todas las viviendas disfruten de doble orientación y de un acceso inmediato tanto al exterior como al interior del conjunto, hacia la calle y hacia el jardín. La mayoría de los departamentos ofrece dos vistas diferenciadas, y todas las viviendas cuentan con balcón o terraza.
Cada uno de los programas residenciales —vivienda social en alquiler, vivienda de acceso subvencionado a la propiedad y vivienda de mercado libre— dispone de su propio núcleo de circulación vertical. Los departamentos se agrupan según su modalidad, sin mezclarse entre sí, lo que facilita la gestión del edificio. Sin embargo, esta organización permanece invisible desde el exterior: el conjunto se percibe como una única arquitectura coherente, donde la diversidad social está integrada sin expresarse mediante tratamientos arquitectónicos diferenciados. Desde la calle, todos los residentes acceden a través de un mismo gran pórtico abierto que conduce a un jardín organizado en torno a un espejo de agua que refresca el ambiente y recoge el agua de lluvia proveniente de las cubiertas. Junto al acceso se ubica un salón comunitario, abierto hacia la calle y con entrada independiente, que funciona como un espacio de transición entre la vida del barrio y la del edificio.
Son los detalles los que mejor reflejan la ambición del proyecto. En lugar de los tradicionales trasteros en el sótano —espacios poco apreciados y raramente utilizados en su totalidad— cada vivienda dispone de un pequeño almacén revestido de madera integrado en su propia terraza, que además funciona como elemento de privacidad entre vecinos. En vez de dejar las bicicletas a nivel de calle, el edificio las acompaña hasta la puerta de cada vivienda: ascensores dimensionados para transportar bicicletas y carriolas permiten llegar hasta el rellano y continuar hacia plataformas cubiertas y seguras, equipadas con puntos de recarga para bicicletas eléctricas. Ubicadas en las esquinas del jardín, estas plataformas quedan ocultas tras vegetación trepadora, transformando una solución práctica frente al robo de bicicletas en cuatro columnas verdes que ascienden por el edificio.
En la cubierta, terrazas ajardinadas de uso exclusivo para los residentes de los niveles superiores se mantienen deliberadamente con una vegetación espontánea. Estas cubiertas verdes mejoran el aislamiento térmico del edificio y contribuyen a la retención del agua de lluvia.
Desde el punto de vista constructivo, el proyecto fue concebido para ser económico y de alto rendimiento. El edificio está realizado con paneles prefabricados de concreto color arena, cuya superficie presenta una textura acanalada en patrón de espiga diseñada específicamente para este proyecto, motivo que también se reproduce en las pantallas metálicas que protegen los balcones. En lugar de ocultar un material económico, los arquitectos decidieron convertirlo en el principal recurso expresivo del edificio: son precisamente estos pliegues y nervaduras los que confieren a los balcones orientados hacia la calle su carácter escultórico, sin recurrir a acabados costosos.