El Muro es el proyecto ganador del Concurso Arquine No.28 para el Pabellón MEXTRÓPOLI 2026, diseñado por Pedro Pérez, Ismael Torrano, Marcio Mota, Naiara Barbosa y Andrés Corona.
COORDINACIÓN Anna Adrià Reventós y Josué Daniel Marín
CONSTRUCCIÓN Factor Eficiencia | Fermín Espinosa, Francisco Javier Espinosa y Elizabeth Valencia
Con el apoyo de la Secretaría de Cultura a través del PROFEST, Grupo INOFE y Andamios ICAM
La propuesta parte de una pregunta sencilla, ¿qué hemos construido los humanos para separarnos? La respuesta se materializa en un gran muro de casi 60 metros de largo por 6 metros de alto que atraviesa la Alameda Central y cruza transversalmente tres de sus andadores. Un gesto contundente que remite, entre otras cosas, a la propia historia del espacio: la Alameda ya había sido cercada en el pasado. El pabellón introduce una nueva escala en el espacio público y altera, por un instante, la experiencia cotidiana del parque. El muro obliga al transeúnte a detenerse, a cambiar su recorrido y a preguntarse qué significa encontrarse frente a una barrera. Sin embargo, aquello que a primera vista parece un límite infranqueable resulta ser completamente permeable en su experiencia.
La estructura se resuelve mediante una secuencia de andamios multidireccionales que atraviesan los tres andadores de manera transversal. Los apoyos puntuales, dispuestos cada tres metros, permiten mantener libres los pasos peatonales y hacen posible que el muro se extienda sobre la Alameda sin interrumpir por completo su circulación. Las dos caras longitudinales de la estructura se cubren con más de 1,600 metros de tela, cedida por Grupo INOFE, mediante lienzos de 9 metros de ancho por 6 metros de largo, confeccionados por Eva Martínez Ávila. La repetición de estos lienzos construye visualmente la continuidad de un único gran muro.
Pero el muro no es realmente sólido. En los puntos donde atraviesa los corredores, la tela se transforma en tiras que permiten el paso. Desde cierta distancia, el efecto visual mantiene la apariencia de una barrera; al acercarse, el cuerpo descubre que puede atravesarla. La percepción del límite cambia según la distancia, el movimiento y la posición del visitante. A lo largo del día, la luz transforma nuevamente el pabellón. Las telas plisadas reciben un constante juego de luces y sombras, que modifica sus superficies y proyecta sobre ellas una arquitectura cambiante. El viento introduce otra dimensión: mueve las telas, las separa, las vuelve a juntar y hace visible aquello que desde lejos parecía inmóvil. Así, el muro deja de comportarse como un elemento rígido. Se mueve, se abre, se cierra y respira. La arquitectura de la barrera se convierte en una arquitectura del movimiento, donde los límites son menos definitivos de lo que parecen.

Esta condición también está presente en la elección de los materiales. Desde su concepción, el proyecto plantea que los elementos necesarios para su construcción sean reciclables, reutilizables o reciclados. La estructura de andamios, ya contemplada en la propuesta ganadora del Concurso Arquine, permite su desmontaje y reutilización una vez concluido el festival. Las telas tendrán también una segunda vida. Una vez desmontado el pabellón, serán reutilizadas en distintas construcciones efímeras, entre ellas el Altar de Muertos que Factor Eficiencia realiza cada año, así como posibles instalaciones en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara y Zona MACO. Parte del material tendrá además un uso más permanente, como cortinas cedidas para distintas viviendas de la Ciudad de México.

El Muro plantea así una paradoja, construir una gran barrera para hacer evidente que las barreras pueden ser atravesadas. Frente a una arquitectura que separa, el pabellón propone una estructura que se transforma con quienes la recorren, con la luz y con el viento.