Noventa kilómetros al poniente de la Ciudad de México y muy cerca del pueblo lacustre de Valle de Bravo, Casa Rancho Avándaro emerge a la orilla de un bosque de encinos y oyameles como el segundo hogar de una joven familia que busca un refugio del caos de la ciudad. Emplazado en un terreno alargado al que se accede por una calle cerrada, rodeado de imponentes árboles y con una privilegiada orientación hacia el sur, el proyecto fue concebido bajo la premisa de convertirse en un espacio de descanso, donde la convivencia familiar y el contacto con la naturaleza suceden de forma especialmente íntima.
El programa es el resultado de un análisis profundo de las actividades de sus habitantes en un contexto de ocio, y se desarrolla esencialmente en dos bloques:
El primero, el más cercano a la calle, alberga las áreas más privadas: servicios, recámaras y una sala familiar. El segundo, abierto hacia un amplio jardín, da cabida a la estancia donde sucede la convivencia con familia y amigos, y que, gracias a la permeabilidad de sus fachadas, desdibuja los límites entre interior, exterior y el imponente paisaje boscoso. Ligados por un pasillo – donde además se ubica el acceso principal a la casa – ambos bloques se ordenan en torno a un patio central ajardinado en el que la bastedad del paisaje circundante adquiere una escala doméstica: entra a la casa en su justa medida.
Valle de Bravo resguarda una rica tradición arquitectónica. Los techos a dos aguas, las viguerías de madera, las fachadas porticadas y los patios centrales son elementos comunes en la mayoría de sus construcciones vernáculas, que, haciendo de lado consideraciones estéticas, los integran como respuesta a las particularidades climáticas de la zona.
Una de las líneas que guiaron éste proyecto fue el rescate de dichos elementos, que se ensamblan a través del cuidadoso estudio de la superposición de planos, la proporción de vano contra macizo y el correcto dimensionamiento de los espacios. El resultado es una forma de casa casi arquetípica, en la que dos cuerpos que se erigen sobre un claro basamento se entretejen a través de una retícula de proporciones áureas que, además, nos recuerda composiciones arquitectónicas más clásicas.
Bajo ese mismo espíritu fue que se realizó la selección de los materiales.
Planteada como una estructura honesta, en la que los elementos que la sostienen son a su vez los que la visten, el concreto y el tabique aparecen como protagonistas de la composición. Así mismo, el uso del barro y la madera de pino – igualmente arraigados en la tradición constructiva local – hacen gala de una mano de obra refinada y detallista. La constante presencia del rojo aparece como un guiño a las calles de Valle de Bravo y sus característicos guardapolvos.
A pesar de estar ubicado en una región de clima templado, este proyecto contempla un conjunto de estrategias bioclimáticas que lo hacen comportarse de forma eficiente frente a los marcados cambios de estación: la orientación de los espacios habitables hacia el sur, los aleros que lo protegen del sol y la incorporación de aperturas que propician la ventilación cruzada, garantizan una casa confortable durante todo el año. De la misma manera, a través de una serie de canalones y bajadas pluviales cuidadosamente diseñados, se aprovecha el agua de la copiosa temporada de lluvias para almacenarse y utilizarse en la época de estiaje.