Desde el sembrado del proyecto ganamos ventilación, iluminación y perspectivas naturales únicas. Aunado a esto potencializamos la propuesta a partir de una separación de elementos; como si abriéramos a una casa-núcleo en partes y cada área libre tuviera una razón perceptiva y bioclimática.
El carácter también fue influido en este procedimiento, perdiendo la plástica de vivienda “convencional”, a simples cubos unidos únicamente por bóvedas para su transición.
Las estrategias bioclimáticas pasivas fueron elementales desde la construcción; con muros armados del suelo extraído del mismo sitio, compactados en capas de 10 cm y con 40 cm de espesor; a la par y en otros módulos, se erigieron muros de ladrillo en tejido 21 (o de 21 cm de espesor), así como las cubiertas de bóvedas en ladrillo, con relleno aislante para nivelación y compresión.