Manuel Gausa (1959-2025)
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31 marzo, 2026
por Miquel Adrià | Twitter: miqadria | Instagram: miqadria
La ampliación del New Museum, proyectada por OMA bajo la dirección de Shohei Shigematsu, ha sido leída como una operación excesivamente reducida a una gran escalera. Sin embargo, esa lectura pierde de vista una condición fundamental: el edificio original de SANAA, diseñado por Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa, adolecía precisamente de una circulación insuficiente, resuelta mediante una escalera casi de servicio, incapaz de articular la experiencia vertical del museo. En este sentido, la nueva intervención no sólo corrige una deficiencia funcional, sino que la convierte en proyecto. La escalera monumental, de geometría precisa y desplazamientos laterales sucesivos en cada tramo, introduce una nueva lectura del edificio: no como una secuencia cerrada de cajas apiladas, sino como un recorrido continuo, abierto y legible. Más que un elemento circulatorio, opera como un dispositivo espacial que organiza el museo y lo hace inteligible.

Al final de este recorrido, aparecen pequeñas terrazas que rematan el ascenso, ofreciendo nuevas vistas sobre la ciudad. No es difícil reconocer aquí una operación ya ensayada por Koolhaas en la Casa da Música de Oporto, donde los desplazamientos y aperturas laterales construyen una experiencia dinámica del recorrido. En Nueva York, sin embargo, esa estrategia adquiere un carácter más contenido, casi didáctico, como si la arquitectura buscara explicarse a sí misma en cada giro. El nuevo volumen incorpora además salas expositivas en la parte posterior de cada nivel: espacios funcionales, neutros, sin ventanas, que renuncian deliberadamente a cualquier protagonismo formal para concentrarse en su capacidad operativa. En contraste con la expresividad de la circulación, estas salas responden a una lógica casi invisible, reafirmando la vocación del proyecto por equilibrar espectáculo y eficacia.

Sobre esta nueva infraestructura se despliega la exposición New Humans: Memories of the Future, que propone un ambicioso marco conceptual para pensar la condición contemporánea. Partiendo de la célebre frase de Karel Čapek —“Nada es más extraño para los humanos que su propia imagen”—, la muestra construye una historia diagonal de los últimos cien años, reuniendo más de doscientos creadores en torno a la transformación de lo humano frente a la tecnología. El recorrido establece un paralelismo explícito entre las vanguardias del siglo XX —marcadas por la mecanización, la guerra y la aparición del “robot”— y el presente, atravesado por la inteligencia artificial, la hiperconectividad y la desinformación. En este tránsito, emergen figuras ambiguas: cuerpos optimizados, deformados o híbridos, que oscilan entre la promesa emancipadora y la amenaza distópica. La exposición insiste en esa tensión, evitando cualquier lectura lineal del progreso.
Dentro de este marco, la sección Future Cities traslada estas transformaciones al ámbito urbano, proponiendo una genealogía de ciudades imaginadas que van de las visiones futuristas de Albert Robida y H. G. Wells a las especulaciones contemporáneas de Anicka Yi. La ciudad aparece así como extensión de estos “nuevos humanos”: un campo donde tecnología, política y ecología redefinen simultáneamente las formas de vida y sus entornos. Sin embargo, más que ofrecer respuestas, la exposición se construye como un archivo especulativo de futuros posibles —y también fallidos—. En su acumulación de imágenes, narrativas y dispositivos, deja ver tanto la potencia como el riesgo de estas proyecciones: la dificultad de distinguir entre emancipación y control, entre innovación y repetición de viejas fantasías bajo nuevas formas. Como la propia arquitectura que la contiene, la muestra oscila entre claridad y saturación, entre sistema y dispersión, dejando abierta una pregunta que atraviesa todo el proyecto: ¿qué significa hoy ser humano en un mundo que ya no se reconoce del todo como tal?.
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