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Columnas

La noción de copia en arquitectura

La noción de copia en arquitectura

21 enero, 2014
por Pedro Hernández Martínez | Twitter: laperiferia | Instagram: laperiferia

The world is full of objects, more or less interesting; I do not wish to add any more”

Douglas Huebler

Si la semana pasada atendía a aquellas copias que, desde países como China, han utilizado y plagiado la arquitectura de forma más la superficialidad y escenografía y que olvidan la complejidad de la ciudad o los estilos arquitectónicos tiene sus orígenes en factores tanto sociales como materiales, económicos o culturales, me gustaría atender sin embargo la posibilidad de la copia como un ejercicio de construcción arquitectónica, capaz al tiempo de ser una operatividad a la hora de enfrentarse al proyecto de arquitectura.

De hecho, si somos consecuentes, replicar, copiar o reproducir son ejercicios ocasionales que encontramos durante nuestra formación. Repetir un dibujo de arquitectura se convierte para el estudiante en un medio más allá que una reproducción mecánica –como ocurre en China consecuencia de un consumismo exacerbado. Por el contrario, representa un sistema muy eficaz de aprendizaje. Durante el proceso el alumno no repite sin más, sino que establece una relación de lectura, escritura y rescritura con la que aprehender la obra original. Copiar –alejado aquí de toda pretensión económica– supone uno de los ejercicios más básicos a la hora de entender una arquitectura, pero ¿y cómo un ejercicio arquitectónico en sí mismo? ¿Supone un proceso válido? ¿En qué diálogo se puede inscribir?

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Dentro del mundo arquitectónico, hay algunos pocos ejercicios, muchas veces realizados desde aspectos más teóricos que prácticos, que se han atrevido a plantear el problema de la copia desde un sentido más profundo que el que se abordaba en China. Cabría destacar la obra de Ines Weizman, en concreto la villa que realizó con Andreas Thiele para Ordos –ese proyecto ideado por Herzog y De Meuron, y hoy abandonado, en mitad de un desierto de Mongolia que aspiraba a ser una suerte de suburbio plagado de grandes nombres. El de Weizman es, posiblemente, uno de los ejercicios más curiosos de cuantos se realizaron. Planteaba la construcción del proyecto no construido de la ‘Casa para Josephine Baker’ de Adolf Loos a través de la documentación que dejó el arquitecto. El trabajo se acercaba en su propuesta a varios hechos: al sentido de la originalidad en el país chino; al archivo del propio arquitecto, que nunca fue destruido tal y como solicitó en su testamento; o a los derechos de autor.

Weizman, a modo de archivista, usó la documentación que había sobre la obra del arquitecto austriaco, ahora en dominio público tras cumplirse más de 70 años de su muerte –momento que establece el derecho europeo para que cualquier obra pueda ser utilizada en forma libre sin violar los derechos de autor– para plantear la creación del edificio que Adolf Loos nunca llegó a construir. Ante esto, y apoyándonos en aspectos meramente legales, cabría preguntarse si nos encontramos ante un proyecto original, una copia o una consecuencia de qué ocurre con los derechos de autoría una vez expiran.

2Ala oeste del edificio del Institute of Aboriginal Studies, Canberra. Una réplica en negro de la Villa Savoye de Le Corbusier

¿Qué ocurrirá cuando se acaben los de otros arquitectos como Le Corbusier o Mies van der Rohe? ¿Veremos copias de sus edificios repartidas por el mundo? Ya aun más, ¿qué pasa con el desarrollo de fórmulas que cuestionan nociones de autoría? licencias alternativas al copyright como el creative commons o el copyleft, o plataformas de conocimiento distribuido como el open-source o las wikis. Dicho de otro modo: en un mundo donde mucha información circula libremente y de forma distribuida–en ocasiones hasta de manera incorrecta– ¿cuál será el sentido de originalidad?

Aún con todo, parecen quedar muchas cuestiones sin resolver en la arquitectura en lo referente a todo esto. Tal como apuntan Urtzi Grau y Cristina Goberna (Fake Industries Architectural Agonism) en el número 7 de la revista chilena SPAM_arq: el campo de la arquitectura sigue ofreciendo una fuerte “resistencia  a reconocer y utilizar de manera consciente la copia. La arquitectura mantiene el tabú sobre la copia y, al negarse a utilizarla, coarta el potencial que ha transformado otros campos” como la pintura, la escultura o la literatura.

Pero, ¿cuál es ese potencial?

“Copiar –continúan los arquitectos– exige la definición de cada gesto que define al original y, además, hacerlo desde el presente. Ahí radica su complejidad. Copiar significa volver a pensar una obra de arquitectura, y al hacerlo sin tener que preocuparse por decisiones formales. Esas ya están tomadas”. Copiar es pues un ejercicio profundo, que implica un conocimiento exhaustivo de cada gesto y detalle de lo que se copia. Copiar no puede verse reducido a una imagen –lo que carecería de interés– sino que debe sumergirse en la profundidad del ejercicio original. Copiar sería un ejercicio de responsabilidad.

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