Columnas
Espacios: Cantona: Dos ciudades para dos escalas, primera parte
Hace tres años, mi colega, la Mtra. María del Pilar Álvarez y yo, escribimos un artículo que fue presentado en [...]
5 septiembre, 2022
por Jose Maria Wilford Nava Townsend
La huella dibuja un patrón geométrico preciso, la tortuga sale de su ámbito cotidiano y el movimiento coordinado de sus extremidades, en combinación con el vientre de su concha generan la peculiar forma que marca la ruta realizada. La huella convertida en trayecto nos lleva de seguirla, a uno, dos y hasta tres sitios donde el quelonio realizó pruebas para excavar su nido.
Así es querides lectores, el ejercicio de anidar implica un análisis serio por parte de este espécimen marino, pues no necesariamente el primer sitio elegido cumple, a su criterio, con las condiciones de estabilidad de la arena, la profundidad adecuada, la humedad requerida en el fondo para el desarrollo de la cría en el interior del huevo, o la libertad espacial que necesitarán una vez que hayan eclosionado los huevos, aquellos pequeños seres que inician un nuevo ciclo de vida. Una raíz oculta que pueda estorbar a la salida de las pequeñas tortuguitas, un olor inadecuado que propicie un riesgo potencial, incluso la orientación del nido en la duna, pueden ser motivo de abandonar ese intento de construcción para probar en otra ubicación, ya ve usted lo poco que intuimos de lo mucho que saben los quelonios sobre la construcción.
Hace tres años, mi colega, la Mtra. María del Pilar Álvarez y yo, escribimos un artículo que fue presentado en [...]
Como parte del conjunto de reflexiones de esta columna, han seguido queridas y queridos lectores lecturas referentes a la naturaleza, [...]