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Columnas

Formas comunes desde lo accidental

Formas comunes desde lo accidental

26 agosto, 2013
por Andrea Griborio | Twitter: andrea_griborio | Instagram: andremonida

Rafael Moneo en su discurso de ingreso a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando “sobre la arbitrariedad en la arquitectura” menciona la leyenda que aparece en el primer capítulo del cuarto libro de Vitrubio cuando adjudica la autoría del capitel corintio al azar, Vitrubio cuenta la historia de una doncella de Corinto que muere y en ese momento su nodriza reúne varios objetos en su memoria para colocarlos en un cesto que tapa con un ladrillo y al cual le crecen raíces. Al pasar Calímaco por el frente de ésta tumba y ver el canastillo, repara en la delicadeza y belleza de aquellas formas, para reproducirla y establecer las proporciones de lo que se convertiría en forma arquetípica, en el elemento por antonomasia de la arquitectura occidental.

Nos dice Vitrubio acaso que ¿hay que responsabilizar al ojo atento y sensato de Calímaco el descubrir aquellas formas que se convertirán en norma? ¿Acaso el accidente de reparar en la estructura formal que componía aquella sumatoria de  elementos se puede considerar como el origen de un paradigma? ¿Pueden lo arbitrario y el azar ser el origen de una forma? Entendiendo dos posibles caminos, aquel que encuentra justificación y confiere licencia al hecho de que cualquier cosa puede ser forma y ser arquitectura y en la que nos dice que finalmente solo la forma útil se convierte en norma y por tanto en buena arquitectura.

“Maqueta de un lugar común” es el título de LIGA 10, muestra del arquitecto tapatío Luis Aldrete – inaugurada la semana pasada en la Av. Insurgentes entre Chiapas y Manzanillo – quien en la entrevista del pasado lunes para #LaHoraArquine se refería al lugar común como el punto de coincidencias y conexiones, donde precisamente lo accidental se pone en evidencia para manifestar, para ser y construir desde la experiencia espacial y sensorial. La pieza de Aldrete parece reunir en sí misma lugares comunes de las muestras de LIGA que le preceden, para convertirse a su vez en una pieza cargada de autoreferencias y particularidades. Una maqueta como representación y colección de accidentes que en su afán por despojarse de la intelectualización del detalle, termina por producir en exceso la esencia de la materia.

Aldrete menciona su afán de reparar en los accidentes, como una especie de placer culposo que le confiere herramientas para plantear determinadas estrategias proyectuales, repara en la dificultad de despojarse de las cosas para encontrar la esencia de las mismas, reforzando la idea de lo accidental y la renuncia como conceptos recurrentes en su búsqueda. Según Aristóteles solo los cambios de lugar, cantidad o cualidad, pueden definirse como accidentes, aquellos cuya modificación no altera la sustancia o la esencia. Re-encontrar en la maqueta de un lugar común, escenas alteradas – accidentes – y reinterpretaciones desde el proceso sensorial de la experiencia natural, es quizás lo más destacable de la pieza.

Si la leyenda de Calímaco es cierta, y fue un accidente lo que dio origen a la columna corintia, no debemos olvidar desde la arquitectura el valor tácito de aquello que está a la vista y que por común deja de ser extraordinario. Moneo afirma que “Una vez la arbitrariedad generó una arquitectura, todo el interés de quienes al amparo de la misma construyen es hacerse perdonar aquel desliz: buena parte de la historia de la arquitectura puede ser entendida como el denotado esfuerzo que los arquitectos hacen para que se olvide aquel pecado original que la arbitrariedad implica. La arbitrariedad introducida en el pasado reclama el olvido y toda teoría de arquitectura pretende justificar, desde la racionalidad, la forma”.

ALDRETE

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