Columnas
Cascarones sin Candela
En el libro La estela de Félix Candela. Cascarones de concreto armado en México y el mundo (2021), cuya premisa fue que [...]
6 diciembre, 2022
por Juan Ignacio del Cueto
Candela llegó a México en 1939 y obtuvo la nacionalidad mexicana en 1941. Diez años después de si arrobo, y tras unos inicios profesionales inciertos —trabajó en Chihuahua, Acapulco y la Ciudad de México y se aventuró hasta como productor cinematográfico—, construyó su primer cascarón experimental: una bóveda funicular o catenárica que aplicaría al año siguiente en el proyecto de una escuela rural en Tamaulipas.
Animado por el éxito de esta bóveda y convencido del abanico de posibilidades que se abrían en ese campo innovador, Candela fundó con sus hermanos Antonio, Julia y con los arquitectos mexicanos Fernando y Raúl Fernández, una compañía constructora para introducir los cascarones de concreto en el campo de la arquitectura industrial. Así nació Cubiertas Ala, la empresa desde la que Félix Candela —actuando como arquitecto, ingeniero, consultor, calculista, contratista y constructor— levantó las cubiertas que lo harían mundialmente famoso.
“Por fin, al cumplir los cuarenta años, descubrí asombrado que mi desordenada y casual formación parecía haber sido misteriosamente dirigida en un determinado sentido que me permitía encontrarme preparado para la labor que tenía que ejecutar.” “Era como si todos los acontecimientos previos de mi vida empezaran a tener sentido y significado. Comencé a sentirme mentalmente en forma, como un atleta se siente físicamente. Me di cuenta de que había llegado el momento de hacer algo.”[...]
Los paraboloides hiperbólicos, que marcaron una época en la arquitectura mexicana, sólo pudieron ser construidos en el lugar y gracias a la capacidad constructiva y la visión espacial de Félix Candela y pocos arquitectos más —Fernando López Carmona, Juan Antonio Tonda y Oscar Coll, entre ellos— que alcanzaron a dominar el complejo sistema constructivo. Hubiera sido difícil construirlos en otros países, pues las delgadas láminas de hormigón que conforman los cascarones no cumplían las normas mínimas de seguridad del reglamento de construcciones de naciones más desarrolladas (“la reglamentación rigurosa de lo que se permite hacer, significa la casi imposibilidad de intentar algo nuevo, de evolucionar y progresar”, decía el mismo Candela). Además, estaba el aspecto económico: estas cubiertas basaban su rentabilidad en la mano de obra —barata y de primera calidad— que aportaban los albañiles mexicanos.
La clave del proceso constructivo de los cascarones estaba en la complicada elaboración de la cimbra, hecha a base de tablones rectos de madera, que conformaba la superficie alabeada que daba forma a la cubierta; sobre la cimbra se colocaba el armado de finas varillas que creaban una retícula sobre la que se vaciaba el cemento; una vez que fraguaba el concreto, era desprendida la cimbra y el cascarón tomaba, así, su forma definitiva. Para esto era necesaria la participación de muchos peones —reclutados de los flujos migratorios que llegaban del campo a la ciudad—, que aportaban buena mano de obra a cambio de una baja remuneración. Cuando en 1964, el presidente en turno, Gustavo Díaz Ordaz, promulgó una ley en la que se establecía un nuevo salario mínimo para los trabajadores, los cascarones dejaron de ser económicamente rentables y Cubiertas Ala inició su declive. En el libro La estela de Félix Candela. Cascarones de concreto armado en México y el mundo (2021), cuya premisa fue que [...]
Publicado por University of Texas Press en las postrimerías del contagioso 2020, Miró Rivera Architects. Building a New Arcadia condensa, [...]