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Columnas

Factory Walls

Factory Walls

11 septiembre, 2013
por Adam Wiseman

Se trata de una serie de composiciones abstractas, fotos banales de muros totalmente blancos excepto por algunos puntos de color creados por un extintor rojo, algún equipo de emergencia o bien el marco de una ventana. Su banalidad retrata un paisaje sin expresión individual: son espacios  funcionales cuyo único propósito es la producción. Los muros de una fabrica separan los empleados del exterior. Un cárcel de 8 a 12 horas al día en un espacio sin distracciones. Limpios y vacíos, estos espacios son el lugar donde las identidades culturales se erosionan y son reemplazadas por un estándar moderno y global. Son parte de un paisaje que incluye centros comerciales, suburbios, cocinas integrales y pantalones kakis. Como una radiografía del espacio de trabajo contemporáneo, estos lugares cotidianos adquieren importancia a través de esta mirada.  Con una sencillez estética que empapa al espectador de luces blancas y líneas rectas, estas fotos, una vez descontextualizadas, se convierten en una aséptica huella de belleza abstracta. El efecto de ver estas composiciones austeras se magnifica por el detalle en las impresiones de gran formato.

Factory Walls: una sintaxis paralela.

por Javier Ramírez Limón

Encuadrar, es decir, volver cuadro, es una traducción. Walter Benjamin entiende este término como “despliegue” o elaboración de sentido. Adam Wiseman, en Factory Walls, traduce una estrategia de mejora productiva para evidenciar una sintaxis espacial, anterior a la representación fotográfica.

¿A quién obsesiona la asepsia que observamos cuando vemos las imágenes de Factory Walls, título de la serie de Wiseman? Pregunto por supuesto por una forma de neurosis, una que se asocia a la funcionalidad de ciertas empresas (fábricas). La respuesta es obvia: a una ideología que busca incidir en la producción, las relaciones laborales y la “imagen” de una empresa mediante una sintaxis específica. Wiseman no intenta violentar una determinada disposición de elementos; por el contrario, cuida el encuadre para mantenerlos y desplegar el enunciado original, el que corresponde a esa ideología.

Sabemos desde hace tiempo que la dimensión estética le crea serios conflictos al ejercicio crítico y muchas veces lo subordina. No es el caso de Factory Walls. Paralela a la orientación explícita que concibe la asepsia como una forma placentera de estar en el mundo, Factory Walls suma a sus equilibrios formales la ironía, una reflexión conceptual. El cuadro aséptico permanece por una reiterada trasparencia de realidad, lo que, al final, genera el comentario irónico. Es verdad, existe un estilo todavía con fuero: ser singularmente cool es la apuesta de un mundo que se quiere amable, sin importar sus efectos erosionantes.

Enmascarándola, Adam Wiseman crea un enunciado que trata de ocultar su propia estrategia. Pero al utilizarla gana en articulación retórica: la ironía siempre será uno de nuestros mejores amortiguadores.

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* Factory Walls se inaugra el miércoles 11 de septiembre en la galería Patricia Conde, Lafontaine 73, Polanco (www.patriciacondegaleria.com). La serie fue recientemente nominada para el prestigioso premio Prix Pictet.

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