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Escenografía contra dialéctica

Escenografía contra dialéctica

14 abril, 2015
por Joaquín Díez Canedo | Twitter: joaquindcn

Recientemente vi una imagen que corría en redes sociales y que, a partir de comparar los números de la producción y recaudación petrolera de México y Qatar, pretendía poner frente a frente a estos dos países tan disímiles. Los datos duros —como barriles diarios y renta anual, — eran parecidos, pero las imágenes mostraban dos realidades contrastantes: mientras que las qataríes presumían un Doha ultra moderno, lleno de rascacielos de cristal y marinas con yates; las mexicanas se centraban en algunas fotos de las comunidades más marginales del país. Como estocada final, una imagen de la Torre Latinoamericana, deslucida y poco contrastada, remataba este discurso de estar al margen, como si éste fuera un edificio poco digno, de un país pauperizado y, por decirlo claramente, jodido. Evidentemente, la inmediatez de las imágenes asumía una postura chantajista: los qataríes, ejemplo de [sic] “democracia y repartición fiscal”, viven en estos lujos mientras nuestros líderes nos mantienen jodidos.[1]

Por otro lado, un artículo publicado por el periódico Reforma[2] recopila las demandas hechas por parte del gobierno de la ciudad de México a la producción de la nueva película de James Bond, Spectre, que incluirá escenas filmadas en la ciudad. Entre las cinco que menciona, todas cuidadas para enaltecer el “espíritu” del “nuevo” México, destaca en términos urbanos la petición de mostrar, además del Centro Histórico, una escena donde el agente secreto sobrevuela en helicóptero los “modernos edificios” de la ciudad, porque no vayan a pensar los ingleses que todo México es Chimalhuacán. Lo que es claro es que a través de las imágenes se puede construir cualquier tipo de discurso.

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En una entrevista de 2013 para este mismo blog[3], el filósofo y crítico de arte Boris Groys define a la mirada turística como una acción que “sustituye la historia por el espacio y la contemporaneidad”. Esta mirada turística no es nada más que un síntoma del régimen visual al que estamos sometidos, ejemplo del cual son las dos situaciones arriba descritas. Este régimen de espectáculo inmediato pretende asignar a la realidad un carácter plano a partir de reducirla a un concepto unitario, totalizador, y que no admite discursos encontrados. Para los fines prácticos de la mirada turística, da igual si Qatar es un país donde mueren rutinariamente los obreros migrantes que construyen esas torres de cristal que tanto presumen; si la riqueza de México no solo deriva del petróleo; o si la Torre Latino, evidente símbolo de esta ciudad, es un resultado de una manifestación cultural muy particular, cuya presencia da sentido a su centro. No, la mirada turística usará todo lo que esté a su alcance para asignar un concepto elegido a priori y con intenciones a veces poco claras a una realidad que es mucho más compleja. Más que un diálogo, la mirada turística es un discurso unitario.

Para Roland Barthes[4], el “mito”, idea paralela a la mirada turística de Groys, sirve para naturalizar y reivindicar la ideología burguesa. Es decir que, a partir de someter cualquier contexto a un concepto unitario, el mito es una manera de instaurar un control social basado en los intereses particulares de quienes están en el poder. Así, las torres de cristal de Reforma o Doha, más que ser resultado de un complejo sistema económico, se presentan mitificadas como “lo moderno”, mientras que el Centro Histórico de la ciudad, más que un entramado histórico que muestra la evolución política, moral y estética de la capital del país, es reducido a “nuestro patrimonio”.

1188992Filmación de Spectre en el Zócalo de ciudad de México | Fotografía vía Excelsior

¿Es esta la manera en que queremos concebir a nuestras ciudades? Dice Pier Vittorio Aureli[5] que la ciudad se define por la confrontación de sus partes. La ciudad, es, pues, escenario del choque entre la voluntad privada (el oikos griego, o economía —literalmente “administración del hogar) y la vida pública (la polis, la política). Esta dialéctica, que da pie a la complejidad de la cohabitación, deriva del hecho de que para existir, la política, o vida pública — esa que Hannah Arendt definiera como “el espacio intermedio”, — requiere de una toma de postura por parte de los participantes. Para tomar postura, o lo que es lo mismo, para dar forma a la realidad, es preciso establecer límites que confinen ese espacio. La política es, pues, el constante enfrentamiento entre múltiples formas o posturas encontradas; y es también una alegoría abstracta de la relación entre la arquitectura (formas finitas) y la ciudad (el “espacio intermedio”). De esta manera, el espacio urbano en su cotidiano es resultado de un ejercicio complejo de dialéctica y el hecho de ser tan vasto en sus diferentes manifestaciones es, naturalmente, perjudicial a la idea totalizadora que se le pretende aplicar.

Las ciudades como gran conjunto tampoco han estado exentas de ser mitificadas, y es por eso es que es importante seguir preguntándonos qué queremos de la ciudad. Lo que no cabe duda es que si queremos que la respuesta sea incluyente y abra el diálogo entre sus diferentes partes, tendremos aprender a negociar con la complejidad de las fuerzas que actúan sobre sus territorios, so riesgo de que la ciudad termine siendo una mera escenografía, o la reificación de conceptos totalitarios.

[1]Sobra decir que en la imagen no se presentaban otros datos que pondrían la discusión en términos más parejos, demostrando que una comparación tan elemental es directamente absurda. Por poner uno de muchos ejemplos: Qatar tiene una población de unos cuatro millones de habitantes, contra los más de ciento veinte de este país.

[2] http://www.reforma.com/aplicaciones/articulo/default.aspx?id=504083&v=5 con fecha del 2 de abril, consultado el 7 del mismo mes. Acceso restringido.

[3] http://www.arquine.com/ciudad-utopica-y-mirada-turistica-conversacion-con-boris-groys/

[4]Barthes, Roland; Mitologías. Editorial Siglo XXI

[5]Aureli, Pier Vittorio; The Possibility of an Absolute Architecture. MIT Press.

 

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