Columnas
La arquitectura necesita crítica, no teoría
Lo que se necesita en arquitectura no es pensar en teoría en abstracto sino en su capacidad de ser crítica [...]
14 abril, 2015
por Joaquín Díez Canedo | Twitter: joaquindcn
Filmación de Spectre en el Zócalo de ciudad de México | Fotografía vía Excelsior
¿Es esta la manera en que queremos concebir a nuestras ciudades? Dice Pier Vittorio Aureli[5] que la ciudad se define por la confrontación de sus partes. La ciudad, es, pues, escenario del choque entre la voluntad privada (el oikos griego, o economía —literalmente “administración del hogar) y la vida pública (la polis, la política). Esta dialéctica, que da pie a la complejidad de la cohabitación, deriva del hecho de que para existir, la política, o vida pública — esa que Hannah Arendt definiera como “el espacio intermedio”, — requiere de una toma de postura por parte de los participantes. Para tomar postura, o lo que es lo mismo, para dar forma a la realidad, es preciso establecer límites que confinen ese espacio. La política es, pues, el constante enfrentamiento entre múltiples formas o posturas encontradas; y es también una alegoría abstracta de la relación entre la arquitectura (formas finitas) y la ciudad (el “espacio intermedio”). De esta manera, el espacio urbano en su cotidiano es resultado de un ejercicio complejo de dialéctica y el hecho de ser tan vasto en sus diferentes manifestaciones es, naturalmente, perjudicial a la idea totalizadora que se le pretende aplicar.
Las ciudades como gran conjunto tampoco han estado exentas de ser mitificadas, y es por eso es que es importante seguir preguntándonos qué queremos de la ciudad. Lo que no cabe duda es que si queremos que la respuesta sea incluyente y abra el diálogo entre sus diferentes partes, tendremos aprender a negociar con la complejidad de las fuerzas que actúan sobre sus territorios, so riesgo de que la ciudad termine siendo una mera escenografía, o la reificación de conceptos totalitarios.
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[1]Sobra decir que en la imagen no se presentaban otros datos que pondrían la discusión en términos más parejos, demostrando que una comparación tan elemental es directamente absurda. Por poner uno de muchos ejemplos: Qatar tiene una población de unos cuatro millones de habitantes, contra los más de ciento veinte de este país.
[2] http://www.reforma.com/aplicaciones/articulo/default.aspx?id=504083&v=5 con fecha del 2 de abril, consultado el 7 del mismo mes. Acceso restringido.
[3] http://www.arquine.com/ciudad-utopica-y-mirada-turistica-conversacion-con-boris-groys/
[4]Barthes, Roland; Mitologías. Editorial Siglo XXI
[5]Aureli, Pier Vittorio; The Possibility of an Absolute Architecture. MIT Press.
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