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Columnas

El último de los surrealistas de la colonia Roma; Pedro Friedeberg y el mundo fantástico de lo onírico

El último de los surrealistas de la colonia Roma; Pedro Friedeberg y el mundo fantástico de lo onírico

5 marzo, 2026
por Christian del Castillo

Hoy 5 de marzo de 2026, el arte en México está de luto; a temprana hora se notificó sobre el lamentable y sensible fallecimiento del gran “Hartista”, (sí, con “H”) Pedro Friedeberg (Florencia, Italia, 1936 – San Miguel de Allende, 2026), o como era llamado también “el último de los surrealistas”.

Onírico, fantástico, proveniente del mundo del inconsciente, Friedeberg, fue una de esas pocas personas que la vida le dio múltiples aventuras: viajes, romances, absurdos, confusiones, exposiciones, amistades y enemistades; además de ser reconocido mundialmente por un objeto suigéneris, la famosa y mítica — y curiosamente odiada por él mismo — silla-mano (1962), originalmente elaborada con madera de caoba forrada con hoja de oro y/o plata; objeto que, transita entre la escultura y el mobiliario utilitario; y que, parafraseando a su autor, posiblemente este diseño fue consecuencia (inconsciente) de haber visto aquella película del cine francés La bella y la bestia (Jean Cocteau, 1946) donde se aprecian objetos funcionales — además de la escenografía teatral — de carácter antropomórfico. Este mismo objeto lo hizo sumarse al grupo de los surrealistas, de acuerdo a una invitación que del propio André Breton (Tinchebray, Normandia, 1896 – París, 1966), pionero de los grupos antirracionales de vanguardia, le hizo llegar.

Friedeberg llegó a la ciudad de México a muy corta edad en 1939, como consecuencia de un autoexilio dirigido por su madre de Italia hacia América, derivado de la tensión política impuesta por Mussolini hacia la comunidad judía, así comenzó esta fantástica historia de este lado del mundo. Desde muy joven desarrolló un gusto por el dibujo a mano alzada, — hasta ese entonces de manera empírica — y como consecuencia de consultar y observar la extensa biblioteca de los “abuelos Friedeberg” con quienes se establecieron a su llegada a México.

Eventualmente se consolidó — ya con una habilidad tremenda para la representación gráfica: plantas arquitectónicas, alzados, cortes, perspectivas a un punto de fuga (dibujando a manera del arquitecto que no quiso ser), técnicas mixtas y ensamblajes escultóricos, muy al estilo de los dadaístas y surrealistas, — vanguardias artísticas que para él eran relevantes y de las cuales valía la pena hablar — y con notables referencias gráficas de M.C.Escher o Piranesi o de arquitecturas altamente ornamentadas como el Art Nouveau. Esta misma habilidad y las relaciones sociales que periódicamente fue haciendo, — destacando a Remedios Varo (Anglés, Gerona, España, 1908 – Ciudad de México, 1963), — lo llevaron a exponer individualmente a muy temprana edad algunos de sus dibujos, con una estética muy influencia por el pintor e ilustrador Aubrey Beardsley (Brighton, Inglaterra, 1872 – Menton, Francia, 1898) en la galería Diana en 1959, así comenzó su trayectoria artística, en la cual él vio que se podía vivir y disfrutar de esto, literalmente estar de vacaciones por la vida.

Hay un momento crucial en su etapa como estudiante de arquitectura en la Universidad Iberoamericana (1957), en donde tiene como profesor a Mathias Goeritz (Danzig, Alemania, 1915 – CDMX, 1990) (entre otros grandes titanes ya del arte en México), Friedeberg menciona que, fue de manera natural e instantánea la conexión que tuvo con el propio Goeritz en aula, mismo que, lo motivó a dedicarse al arte y no a la arquitectura de manera per se, idea que le fue ampliamente seductora al propio Friedeberg, ya que, — curiosamente — aborrecía la arquitectura moderna de Mies Van Der Rohe, Walter Gropius, Le Corbusier, entre otros y principalmente el ángulo de 90° grados, gran parte de lo que también en la ciudad de México se estaba edificando en ese momento.

Friedeberg y Goeritz hablaban el mismo idioma artístico, conocían a los mismos artistas del arte clásico o de las vanguardias europeas, al fin ambos provenientes del viejo mundo; fue asistente del propio Goeritz y participó también en la primera exposición anti-arte,— muy al estilo de los ya mencionados dadaístas—, refiriéndonos a Los Hartos, llevada a cabo en la legendaria galería de Antonio Souza en 1961, donde también participaron en esta José Luis Cuevas, Jesús Reyes Ferreira, entre otros Hartistas y no Hartistas, así transcurrió una vida llena de recompensas culturales, exposiciones nacionales e internacionales, individuales y colectivas, y trabajo estético sin parar hasta su último aliento.

En el año de 2009 el palacio de Bellas Artes en la Ciudad de México le dedicó una exposición retrospectiva titulada “Pedro Friedeberg: arquitecto de confusiones impecables”,— curada por James Oles — debido a la gran importancia de su obra y como consecuencia de esta exposición, Friedeberg avivó la llama de su obra plástica a niveles descomunales; galerías, coleccionistas y propios y ajenos al arte, peleaban por adquirir su obra, otros museos más y galerías también le dedicaros varias salas para exhibir su mundo fantástico (es una larga lista), en 2012 le fue entregada la medalla de Bellas Artes por su amplia trayectoria (entre otras distinciones a nivel nacional e internacional), y en el año de 2021 el Museo Experimental El Eco presentó una muestra del trabajo de Friedeberg, titulada “Salón de los astrólogos homeopáticos”, curada por David Miranda, y el resto de su trayectoria,— apriori y posteriori — es historia…

Su manifiesto creativo quedó impregnado en libros, catálogos, colaboraciones, comisiones, portadas e ilustraciones — para otros autores—, escultura, pintura, dibujo, ensamblajes, murales, grabados, mobiliario fantástico, el mundo de lo esotérico y lo simbólico, los códices, el ornamento saturado, cofundador del movimiento “Chinchismo” (junto con Javier Girón), son parte del legado tangible que dejó en este mundo; ya no más se le verá caminando en las calles de la colonia Roma (lugar donde decidió desde décadas atrás fuera su habitáculo) o tomando café frente al parque México, sin embargo, su manera siempre de pensar y decir, desde una dimensión irreverente y crítica, es lo que el mundo va a extrañar, su mirada a manera de juicio y su bagaje y cultura estética para argumentar sus hechos, nunca más alguien lo volverá a hacer, el México de lo onírico acaba de perder a su máximo representante del mundo de lo irracional.

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