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Columnas

El Pentágono mexicano

El Pentágono mexicano

17 abril, 2023
por Reinhold Balam

Hace un par de meses me encontraba en la fiesta de cumpleaños de un querido amigo y, entre la plática y el baile, comenté sobre mi trabajo en el Museo Legislativo de la Cámara de Diputados. Muchos a mi alrededor se quedaron asombrados porque no sabían de la existencia de aquel museo. Para mi sorpresa, entre aquellas personas se encontraba el editor de una revista y le pareció adecuado armar una cápsula informativa sobre el museo para hacer pública una invitación con información necesaria para los visitantes.

Su visita se programó y se solicitaron permisos y oficios para su ingreso: Nombre completo, fotografía de su identificación, y el modelo y marca de su equipo fotográfico. A su llegada, el primer filtro por atravesar fue una valla metálica con 6 guardias como si se tratara de los cadeneros en la puerta del antro de moda. Después, un segundo filtro donde se solicita el asunto o persona a la que visita, y la toma de una fotografía al momento, que será impresa sobre una calcomanía que deberá portar todo el tiempo. Por último, la clásica banda de rayos X y el sensor de metales para dejar llaves, celulares, monedas, etc. Su visita de una hora se redujo a 20 minutos después de esto.

Al encontrarme finalmente con él, me comentó que se sintió peor que en un aeropuerto y más como si hubiera entrado al mismísimo Pentágono. Sí, ese famosos edificio de 5 fachadas —y no las de Le Corbusier—, construido entre 1941 y 1943, sede del Departamento de Defensa de los Estados Unidos.

Su comentario me pareció bastante pertinente y lógico. Quizás la Cámara de Diputados se distingue por un fin más gubernamental y no tanto militar como lo es El Pentágono, pero sin duda las dos edificaciones llaman la atención por su poca porosidad y su falta de relación con el entorno urbano. Las amplias avenidas que los rodean perimetralmente, las murallas impenetrables y los altos muros de piedra y concreto, los convierten en bunkers cerrados hacia el exterior, generando entre la población la idea de lo que sucede adentro es secreto y debe permanecer oculto y alejado de nosotros los mortales.

En unas perspectivas del proyecto original de Ramírez Vázquez, el complejo parece abrirse hacia la ciudad por medio de dos pórticos laterales, permitiendo el acceso libre hacia el patio central, lugar donde se proponían exposiciones, reuniones y consultas públicas, justo en el centro entre los diputados y los senadores. “Esa es la impresión que se tiene a primera vista porque esa parte de la obra está aún en proceso y no tiene las rejas que cierran el espacio. Desde luego que tendrá puertas de control y será un ámbito cerrado, no de cruce libre” menciona en 1984 el arquitecto, durante la Cátedra Extraordinaria Federico Mariscal en la Facultad de Arquitectura de la UNAM.

En 2019, la Secretaría de Cultura y la Cámara de Diputados firmaron un convenio de colaboración entre las dos instituciones para abrir las puertas del recinto con la finalidad de promoverse como un espacio cultural. El presidente de la Mesa Directiva de aquel entonces, Porfirio Muñoz Ledo, además puso sobre la mesa la idea de quitar las rejas que rodean al Palacio Legislativo para convertirlo en un espacio verdaderamente público. Esto como consecuencia de la apertura de Los Pinos o la eliminación de las vallas en Palacio Nacional tras la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia.

Con el aniversario número 40 de la construcción de la Cámara de Diputados en 2021, se organizó una mesa de diálogo integrada por personal de la Cámara, arquitectos y diseñadores, en la que se retomó el tema de la apertura y la conectividad tanto con el Centro Histórico como con el resto de la población.

Es decir, referirse al recinto legislativo como un espacio blindado y aislado, protegido y desintegrado del contexto, ha sido un tema recurrente cuando se habla de proyectos de regeneración urbana.

Pero a diferencia del Pentágono, la Cámara de Diputados no enclaustra en su interior un Taco Bell o un Dunkin Donuts, sino que tiene en su interior un museo que en octubre del año pasado cumplió 28 años.

El Museo Legislativo “Sentimientos de la Nación” se inauguró en 1994, y en 2017 tuvo una renovación completa tanto arquitectónica como curatorial y museográficamente. El proyecto estuvo a cargo de Margen Rojo, una de las primeras oficinas mexicanas especializadas en el diseño de exhibiciones. Se divide en cuatro salas: Democracia y Parlamento; Historia de México; Sociedad y Democracia; y por último, Trabajo Parlamentario. Funciona por medio de visitas guiadas y su principal público son los grupos de estudiantes de distintos grados escolares, desde primaria hasta preparatoria y estudiantes de Derecho. Aborda temas relevantes sobre la ciudadanía y su participación en las decisiones gubernamentales

Los excesivos filtros de seguridad y el acceso, son definitivamente una gran barrera que urge desintegrar ya que hasta ahora las visitas se programan únicamente mediante la invitación de algún diputado o diputada, excluyendo a los visitantes solitarios o a los vecinos de los barrios aledaños.

Quizás las bardas y rejas por ahora no vayan a eliminarse, y el deseo de convertirse en un lugar público y permeable se vea como algo lejano; pero sí realmente existe la intención de borrar las barreras hacia este espacio tan importante para la sociedad, el Museo es, sin duda, una de las mejores herramientas que podría comenzar a cambiar la percepción pública sobre este lugar.

La apertura y difusión del museo, los programas culturales y la invitación abierta al público en general podrían convertir a la Cámara de Diputados en un lugar amable, justo, transparente y democrático, como lo que (se supone) los representantes de la sociedad, realizan en este lugar.

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