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El jardín rescatado

El jardín rescatado

12 mayo, 2016
por Miquel Adrià | Twitter: miqadria | Instagram: miqadria

Para algunos Barragán fue un gran escenógrafo. Otros lo vieron como un jardinero exquisito. Y, sin duda, como ya se ha dicho, fue un arquitecto que aportó al mundo y a la historia de la arquitectura algo que no existía: su revolución callada consistió en un acto de sincretismo entre la modernidad y la idiosincrasia mexicana. Sus muros ciegos, la incorporación de luz y sombras, la arquitectura a cielo abierto y la esencialidad de sus diseños son aspectos de una personalidad única y compleja.

2015_06_Entorno_CasaPrieto_019Fotografía: © Rafael Gamo. Cortesía Entorno

Con el reciente rescate del jardín original de la que fue la Casa Prieto López —ahora Casa Pedregal—, culmina un proceso iniciado por su nuevo dueño César Cervantes. La restauración de la casa estuvo a cargo del arquitecto Jorge Covarrubias, con una suerte de investigación cromática que abocó en una serie de colores terciarios, muy distinta a la paleta canónica y estereotipada del Barragán globalizado. Y el jardín, rescatado bajo capas de pasto, ha renacido de las manos de Entorno (Tonatiuh Martinez y Hugo Sánchez) y de la exploración iconográfica de su nuevo propietario. Cabe recordar, apuntaba Federica Zanco en la introducción de la Guía Barragán (Arquine,
2002) que “en los Jardines del Pedregal donde se ubica la casa, Barragán buscó darle valor a las conformaciones de piedra volcánica entre extensiones de pastos, espejos de agua y manchas de vegetación coloreadas por la flora local. El criterio de intervención se basaba en el respeto a la naturaleza del lugar para resaltar su carácter, bajo la normativa de un reglamento constructivo que incitara a concebir una arquitectura contemporánea y respetuosa con las características naturales del lugar”.

Entorno_CasaPrieto3_566Fotografía: © Rafael Gamo. Cortesía Entorno

Cabe recordar que a mitad de los años cuarenta, Luis Barragán decidió no ejercer la arquitectura dadas las malas condiciones con que ésta se llevaba a cabo en México. Después de un paréntesis de cinco años se reconcilió con su profesión, recuperando las ganas de construir, e inició su primera casa en Tacubaya —llamada posteriormente Casa Ortega— donde resumió todo su mundo personal y espacial hasta el momento. Posteriormente, vendió la propiedad y construyó al lado su casa definitiva. Estas dos casas y sus respectivos jardines constituyen la matriz arquitectónica de su madurez expresiva, donde exploró el nexo entre la intimidad del espacio habitable y su relación con el espacio exterior. Pocos años después realizó la Casa Prieto López en El Pedregal y la Casa Gálvez, en San Ángel, donde llevó a cabo secuencias espaciales ensayadas en sus casas, y la capilla de las Capuchinas en Tlalpan, a medio camino entre la intimidad de sus espacios domésticos y los experimentos hacia la monumentalidad icónica de sus proyectos a cielo abierto. Si en estas primeras casas Barragán exploró el potencial de la luz, con las casas Prieto López y Gálvez, Barragán incursionó de lleno en el color. A su vez, en las tres casas, el agua se unió a su paleta personal de elementos compositivos.

Entorno_CasaPrieto3_599Fotografía: © Rafael Gamo. Cortesía Entorno

El jardín de la Casa Prieto López respondía puntualmente a los principios expuestos en el reglamento de construcción del área, redactados por el mismo Barragán: hacia la calle un alto muro de piedra volcánica delimitaba el amplio patio de entrada; los volúmenes de la casa se articulaban con respecto al jardín, que respetaba las características del suelo lávico, enriquecido por una cuidadosa composición con vegetación local; y la alberca, las rocas volcánicas y el jardín superior eran parte integral del proyecto que contrastaba con las líneas austeras de los volúmenes arquitectónicos. Con los años, el terreno de la Casa Prieto López sufrió una transformación domesticada al estilo de las residencias de Cuernavaca, perdiendo la fusión con el paisaje original.

Entorno_CasaPrieto3_001Fotografía: © Rafael Gamo. Cortesía Entorno

El rescate del jardín asume que pocos paisajes naturales tuvieron la potencia del Pedregal como para imponerse a la forma de la arquitectura. Así, se decidió recuperar los atributos básicos de las tres áreas intervenidas: el patio de acceso como un espacio para recibir, el jardín como área de estar y el reducto posterior como paisaje para perderse. Se procedió a desenterrar un jardín que durante años permaneció oculto debajo de la tierra. Progresivamente se descubrió la historia en capas de piedra, concreto y tierra de relleno, a la vez que se restauró el jardín siguiendo tres criterios: recuperar la privacidad y la ilusión de aislamiento, perdidos por la construcción de edificios vecinos que se asoman por encima de los muros, plantando árboles de porte alto (aile y fresno) en el perímetro de los jardines y la recuperación del muro jardinera en el patio de acceso. A su vez, se recreó forma y función a los afloramientos de piedra con personajes, ágoras, escalinatas, corales pétreos y olas de lava, que resultaron ser auténticos accidentes felices. Por último se seleccionó la vegetación siguiendo los procesos naturales del hábitat de matorral xerófilo, reparando el diálogo entre flora y piedra; se plantaron suculentas en los pliegues expuestos al sol, rupícolas adheridas a los muros de piedra, herbáceas anuales, arbustivas y árboles locales de porte bajo donde el suelo es más abundante y helechos en las grietas donde se almacena la humedad. Proyectar un jardín es un acto de paciencia, a la espera de que se adapte y madure, hasta que por fin vuelva a adueñarse del espacio para el que fue concebido sesenta años antes.


La obra de Barragán está protegida por la Ley Federal de Derecho de Autor: copyright Barragan Foundation, Suiza/SOMAAP.

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