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El efecto Garnier

El efecto Garnier

6 junio, 2015
por Alejandro Hernández Gálvez | Twitter: otrootroblog | Instagram: otrootroblog

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“La Ópera de París es una de las creaciones características del Segundo Imperio. Fue diseñada por un joven arquitecto desconocido, Charles Garnier, cuyo proyecto se seleccionó entre otros 160 presentados. Su teatro, construido entre 1861 y 1875, fue concebido como un lugar para exhibirse… Era el escenario en el que el París imperial podría verse a si mismo satisfecho. Los recién llegados al poder y al dinero, mezclas de elementos cosmopolitas —esto era un nuevo mundo y exigía un nuevo nombre: la gente ya no hablaba de la Corte, sino del Tout Paris, todo el París de moda… Era un teatro concebido como un centro urbano, un centro de la vida social —esto era una nueva idea y un signo de los tiempos.”

El párrafo anterior lo escribieron Dubech y d’Espezel en su Histoire de Paris, y lo copió Walter Benjamin, entre muchos otros, en lo que ahora conocemos como La obra de los pasajes. La bonanza económica del Segundo Imperio se materializó con las intervenciones del Barón de Haussmann en París. O se desmaterializó, si tomamos en cuenta la cantidad de edificios demolidos para abrir la red de calles y bulevares cuyo “verdadero objetivo —según Benjamin— era asegurar a la ciudad contra la guerra civil impidiendo la erección de barricadas en las calles de París.” Junto con la apertura de las nuevas calles, Napoleón III le encargó a Haussmann planear la construcción de un nuevo teatro para la ópera. En 1858 Haussmann escogió el sitio, guiado probablemente más por la visión general que tenía de la ciudad que por sus condiciones específicas, pues eligió un lugar justo por encima de un manto freático.

Rouault de Fleury, arquitecto del antiguo teatro de la calle Le Peletier, había preparado planos para el nuevo edificio que Napoleón III había revisado, pero finalmente se convocó un concurso el 29 de diciembre de 1860. Se dice que el concurso fue idea de la Emperatriz, que esperaba lo ganara su arquitecto favorito, Eugène Viollet-le-Duc. Béatrice Bouvier cuenta que el 31 de enero de 1861 se cerro el concurso; se habían recibido 169 propuestas que se expusieron en el Palacio de la Industria en febrero del mismo año. Adolphe Lance, redactor de la Encyclopédie d’architecture pensaba que la mayoría se inspiraban demasiado en características de la arquitectura de la antigüedad. Lance, que había sido alumno de Viollet-le-Duc, no menciona el proyecto de su maestro quien, según Bouvier, venía trabajando en un proyecto que pudiera sintetizar sus teorías acerca de una arquitectura funcional. Pero el proyecto de Viollet-le-Duc no quedó ni siquiera entre los cinco finalistas, resultando ganador del concurso un joven de 36 años sin ninguna experiencia: Charles Garnier. El 6 de junio de 1861, el conde Alexandre Walewski, encargado de la dirección de Bellas Artes del Imperio, le avisó a Garnier de su triunfo en una carta:

Señor, habiendo el jurado del concurso de la Ópera elegido por unanimidad el proyecto que usted presento, le anuncio, que por decreto del día de hoy, usted es nombrado arquitecto de la nueva sala de la Ópera y estará a cargo del estudio del proyecto definitivo y de la dirección de los trabajos de construcción. Estoy contento, Señor, de expresarle mis felicitaciones.

Charles Garnier había nacido el 6 de noviembre de 1825 en París, donde estudió arquitectura. Recibió el premio que le permitió viajar a la Academia de Francia en Roma, en donde estuvo entre 1849 y 1853. Un año después ya estaba de vuelta en París, donde realiza algunos proyectos pequeños y sin importancia, hasta que ganó el concurso de la Ópera. Garnier visitó todos los teatros europeos que pudo, tomando notas y haciendo levantamientos. El 21 de julio de 1862, el conde Walewski colocó la primera piedra de la nueva Ópera, aunque se venía trabajando desde el año anterior en la cimentación, que debía resolver el problema del manto freático.

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El Segundo Imperio cayó en 1870 sin que la Ópera se hubiera terminado. El teatro, con sus 2156 lugares y el escenario más grande del momento, se inaugurará el 5 de enero de 1875. La avenida de la Ópera, que se dice Haussmann abrió con el único fin de que el Emperador pudiera llegar y, sobre todo, salir rápidamente del teatro, no se terminó sino hasta 1879. Tras la Ópera, Garnier diseñó más casas, algunas tumbas —las de Bizet y Offenbach, por ejemplo—, el observatorio astronómico de Niza —en cuya cúpula colaboró Eiffel— y el Casino y la Ópera de Monte Carlo. Murió en París, el 3 de agosto de 1898.

 

 

 

 

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