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Horizontes de Sentido
“Un paisaje es un lugar donde el aire no choca con los muros, donde los ojos pueden liberar sus dioptrías [...]
11 septiembre, 2012
por Juan José Kochen | Twitter: kochenjj
La propuesta de regeneración, con mayor contenido paisajista y museográfico que arquitectónico, compartirá altura con otros cinco edificios más sobre Greenwich Street, frente al nuevo National September 11 Memorial and Museum. Éste último, diseñado por el arquitecto Michael Arad y el paisajista Peter Walker, se trata de un proyecto de 6.5 hectáreas donde se integrará el museo y el monumento “Reflecting Absence”, enterrado a 21 metros, donde se localizaba la cimentación de las Torres Gemelas. En el sitio que ocuparon las torres, a nivel de banqueta, se colocaron dos cascadas que dejan caer el agua en enormes contenedores flanqueados con muros de bronce, en los que están inscritos los nombres de las 2 mil 983 personas fallecidas en los ataques del 11 de septiembre.
Además, se plantaron 225 robles blancos, que se unen a otros 175 especies arbóreas para delinear un tapiz verde en medio del asfalto grisáceo de la ciudad, rodeado de grandes edificios. Así, con una serie de intervenciones arquitectónicas inconexas que retoman la reminiscencia sobre la Zona Cero, comienza a redefinirse el punto neurálgico de Nueva York y evoca una nueva edición, pero en otro contexto, del libro The Life and Death of Great American Cities de Jane Jacobs, escrito en los años sesenta. A 11 años del 11 de septiembre, la vida y muerte de esta zona, el cambio de escala, la materialidad y el emplazamiento de emergentes hitos arquitectónicos, invita a repensar la condición del espacio público y la apropiación de nuestros alrededores, sin dejar a un lado los temas políticos, sociales y bélicos de este suceso.
“La construcción no sólo tiene la finalidad práctica de dar cobijo, ni la de crear las infraestructuras modernas de un estado. Aunque pueda parecer anclada en el pragmatismo, es una expresión poderosa y extraordinariamente reveladora de la psicología humana. Es un medio de hinchar el ego humano a la escala de un paisaje, una ciudad o, incluso una nación. Refleja las ambiciones, las inseguridades y las motivaciones de los que construyen y, por eso, ofrece un fiel reflejo de la naturaleza del poder, sus estrategias, sus consuelos y su impacto en los que lo ostentan…Si un país no cuenta con sus propios símbolos nacionales puede conseguir una suerte de gloria reflejada adoptando el estilo de una potencia declaradamente victoriosa, que sea sinónimo de eficacia, valor y éxito” (Sudjic, Deyan (2007) La arquitectura del poder, 2007).
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