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Daniel Buren en Casa Gilardi

Daniel Buren en Casa Gilardi

15 octubre, 2026
por Karina Reyes

Casa Gilardi ha recibido a un invitado, o al menos así se siente la presencia de Daniel Buren dentro de la última obra construida por Luis Barragán. Seis piezas pertenecientes a la serie Las Cajas, trabajos situados (2022), realizadas originalmente para la exposición homónima presentada en la Galería Hilario Galguera, intervienen ahora los espacios de la casa.

En estas piezas, Buren juega con la geometría, el color y los reflejos, estableciendo coincidencias inesperadas con la arquitectura de Barragán. Más que imponerse sobre ella, las obras parecen señalar y hacer visibles elementos que ya estaban ahí. El recorrido habitual por Casa Gilardi se transforma: la arquitectura permanece, pero algunas de sus cualidades se perciben de otra manera a través de la presencia de las piezas.

Esto ocurre desde la entrada, donde la luz ámbar se entrelaza con la primera obra de Buren que aparece en el recorrido. Sucede también en la alberca, uno de los espacios más reconocibles de la casa, donde la cercanía entre los tonos rojos y azules de ambas obras, sumada a la presencia de los espejos, convierte el espacio en una especie de loop infinito de color, interrumpido únicamente por la presencia del espectador.

En la escalera y la terraza ocurre algo similar. Las dimensiones, geometrías y colores de las piezas parecen corresponder de tal manera con el espacio que por momentos hacen pensar que fueron concebidas específicamente para la casa. Pero no fue así. Es precisamente esa coincidencia la que hace particular el encuentro entre ambos autores.

La obra arquitectónica de Luis Barragán y la obra plástica de Daniel Buren encuentran puntos en común en la reducción de los materiales, el uso de la geometría y, especialmente, en el color. Sin embargo, cada uno se aproxima a estos elementos de manera distinta. En Barragán, el color construye atmósferas y modifica la percepción de la arquitectura a través de la luz en Buren, se convierte en una herramienta para intervenir, señalar y alterar temporalmente la lectura de un espacio. En Casa Gilardi, ambas maneras de trabajar parecen encontrarse sin que una anule a la otra.

La idea de Buren como un invitado no es únicamente una impresión producida por esta exposición. Su práctica ha buscado establecer una relación particular con los lugares que interviene. En una conversación con el curador Hans Ulrich Obrist durante Art Basel 2021, Buren describió esta postura al explicar que nunca se apropia de un espacio, sino que lo toma prestado: no es un habitante, sino un huésped.

En Casa Gilardi, Buren se suma así a una lista de figuras que han establecido distintas relaciones con la última obra de Barragán, entre ellas David Hockney, Tadao Ando, Patti Smith y Pedro Friedeberg. Sin embargo, su encuentro con México tiene antecedentes mucho más antiguos.

La relación de Buren con el país comenzó cuando lo visitó siendo estudiante y quedó profundamente marcado por el movimiento muralista mexicano. Le interesó particularmente la posibilidad de sacar el arte de la galería y la capacidad de los muralistas para establecer una relación histórica y arquitectónica con el espacio público. Al regresar a Europa durante la década de 1960, su práctica comenzó a cuestionar los límites del espacio expositivo y elpapel de las instituciones culturales, convirtiéndo en una figura fundamental dentro de las discusiones que posteriormente serían asociadas con la crítica institucional.

A través de sus características franjas verticales de 8.7 centímetros y de recursos como el color, la luz, los reflejos y la repetición, Buren ha desarrollado intervenciones que establecen relaciones directas con la arquitectura que las recibe. Su trabajo ha ocupado tanto el espacio público como algunos de los edificios culturales más reconocibles del mundo, entre ellos el Museo Solomon R. Guggenheim de Nueva York, diseñado por Frank Lloyd Wright, y la Fondation Louis Vuitton de París, diseñada por Frank Gehry.

En Casa Gilardi, sin embargo, la escala es otra. Buren no ocupa un museo ni transforma una plaza: entra en una casa. Sus piezas se encuentran con los colores, reflejos, recorridos y geometrías de Barragán como si hubieran llegado temporalmente a habitarla. Quizá por eso resulta tan pertinente pensar en ellas como un visitante: uno que no busca apropiarse del espacio, sino descubrir, durante su estancia, otras maneras de mirarlo.

La exposición estará abierta hasta el 30 de octubre, una oportunidad para recorrer nuevamente la Casa Gilardi y encontrarse con su visitante temporal.

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