Barcelona, capital mundial de la arquitectura
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10 agosto, 2026
por Miquel Adrià | Twitter: miqadria | Instagram: miqadria
Installation view, Architects of Liberation: Modernism in Western Africa, on view at The Museum of Modern Art, New York, from July 5, 2026 through January 2, 2027. Photo by Martin Parsekian © The Museum of Modern Art, New York
La exposición Architects of Liberation: Modernism in Western Africa, organizada por el Museum of Modern Art de Nueva York, propone una ampliación necesaria del mapa de la arquitectura moderna. Curada por Martino Stierli, director del Departamento de Arquitectura y Diseño del MoMA, y por el historiador Ikem Stanley Okoye, la muestra reúne cerca de cuatrocientas piezas —dibujos, planos, maquetas, fotografías históricas, películas y documentos de archivo— para reconstruir el desarrollo de la arquitectura moderna en siete países de África occidental: Ghana, Nigeria, Senegal, Costa de Marfil, Benín, Togo y Camerún. El arco temporal, comprendido entre finales de los años cincuenta y comienzos de los ochenta, coincide con los procesos de independencia y con la construcción de nuevas identidades nacionales tras décadas de dominio colonial.
Pyramide, Plateau, Abidjan, 2017 © François-Xavier Gbré
La modernidad significó un cambio de paradigma en la historia de la arquitectura. Aunque se gestó en algunos talleres y escuelas de referencia europeos —Le Corbusier, la Bauhaus y otros semilleros de las vanguardias—, pronto se expandió por todo el mundo. Estados Unidos recibió el relevo de manos de destacados emigrantes europeos, antes y, sobre todo, durante la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, uno de los grandes laboratorios donde esas ideas adquirieron mayor libertad, escala e intensidad fue América Latina, especialmente Brasil, Venezuela y México. Aquí la arquitectura moderna dejó de ser únicamente un lenguaje formal para convertirse en un instrumento de urbanización, representación pública y construcción nacional. Brasilia, la Ciudad Universitaria de Caracas y la Ciudad Universitaria de México son quizá los ejemplos más evidentes de aquella confianza en la capacidad de la arquitectura para dar forma a una nueva sociedad, demostrándo que la modernidad podía adquirir identidades propias, adaptarse a otros climas y dialogar con culturas distintas de aquellas que le habían dado origen.
La exposición del MoMA narra cómo, una década más tarde de aquellas experiencias latinoamericanas, un proceso semejante tuvo lugar en África occidental. La independencia de Ghana en 1957 y la emancipación de diecisiete países africanos en 1960 —el llamado Año de África— desencadenaron una extraordinaria transformación cultural, política y territorial. Los nuevos Estados encontraron en la arquitectura un medio privilegiado para representar su soberanía, proyectar una imagen de progreso y construir las instituciones necesarias para una sociedad independiente. La muestra se organiza en siete capítulos temáticos dedicados a la reorganización del territorio, el desarrollo urbano, los edificios cívicos, la vivienda, los espacios para ferias y festivales, la construcción de instituciones culturales y la expansión de la educación. Aparecen presas, carreteras, aeropuertos y estaciones ferroviarias, pero también parlamentos, ministerios, bancos, hoteles, universidades, conjuntos habitacionales, centros culturales y estadios. En todos ellos se percibe una misma aspiración: anunciar el comienzo de una nueva era y hacer visible, mediante formas modernas, la ruptura con el pasado colonial.
A diferencia del caso latinoamericano, donde muchos de los arquitectos más destacados fueron locales, en África occidental asistimos inicialmente a una extensa producción de arquitectos franceses, británicos, italianos y estadounidenses que encontraron allí un campo de experimentación particularmente fértil, donde muchos de ellos interpretaron la modernidad de una manera más libre, plástica y climáticamente sensible que en sus países de origen. Los grandes voladizos, las celosías, los parasoles, las galerías abiertas y los sistemas de ventilación natural respondían a las condiciones tropicales y, al mismo tiempo, daban lugar a una arquitectura de intensa expresividad formal. Progresivamente se sumó una primera generación de arquitectos africanos formados todavía en las antiguas metrópolis coloniales, pero cada vez más interesados en las tradiciones constructivas, los materiales y las identidades culturales de sus propios países. Éste es uno de los aspectos más relevantes de la exposición: la modernidad africana no aparece como una simple copia tardía de la europea, sino como un lenguaje transformado por la independencia, el panafricanismo y la voluntad de africanización de las nuevas instituciones. Figuras como Demas Nwoko o Jean Léon trasladaron tradiciones artísticas y espaciales nigerianas o marfileñas a edificios modernos, mientras las nuevas escuelas de arquitectura comenzaron a estudiar con rigor las formas de construcción autóctonas y su posible continuidad dentro de una sociedad contemporánea.
Lomé, Togo, 2025 © François-Xavier Gbré
Entre otros proyectos visionarios aparece un hallazgo sorprendente: el proyecto para el museo de las Civilizaciones Negras proyectado por Pedro Ramírez Vázquez y Jorge Campuzano en los años setenta en Dakar, como resultado de una visita del nuevo presidente senegalés al Museo de Antropología de la Ciudad de México. Un concepto similar en versión radial alrededor de un patio circular, que quizá fuera el antecedente del Museo que contruyó en Asuan, Egipto, décadas más tarde.
Crédito: Miquel Adrià
El despliegue documental es extraordinario. Cuatro años de investigación y la consulta de decenas de archivos permiten presentar numerosos materiales inéditos y reconstruir proyectos hasta ahora ausentes de las historias canónicas de la modernidad. Las maquetas, las filmaciones y las fotos contemporáneas de los edificios de François-Xavier Gbré resultan especialmente valiosas, pues confrontan el optimismo de los años sesenta con su condición actual. Sin embargo, la exhaustividad del archivo también deja algunos vacíos. La exposición explica exhaustivamente qué se construyó, pero quizá profundiza menos en las contradicciones políticas de aquellos procesos de liberación y en la vida cotidiana posterior de esos edificios. Aún así, su aportación historiográfica es indudable. Más que añadir un capítulo periférico a una historia ya conocida, Architects of Liberation obliga a reconsiderar la modernidad como un fenómeno verdaderamente global. La arquitectura moderna de África occidental no fue una derivación secundaria, sino uno de los instrumentos con los que las nuevas naciones imaginaron su futuro y trataron de convertir la independencia política en una realidad espacial.
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