Moverse o construir, maneras de cuidar el habitar
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27 agosto, 2026
por Mariana Barrón | Twitter: marianne_petite | Instagram: marianne_petite
Harrie Verstappen
Era el final del verano en 2014, llegaba al Museo Tamayo de la Ciudad de México la exposición “Yayoi Kusama. Obsesión infinita”, la primera retrospectiva de la famosa artista japonesa en América Latina. La muestra hablaba de su trabajo a través de un recorrido de más de 100 obras, creadas entre 1949 y 2013, y que incluían pinturas, obras en papel, esculturas, videos, presentaciones con diapositivas e instalaciones, así como sus famosos cuartos de espejos que aludían a una pérdida de los límites y nos exponían un universo infinito.

Esta exposición se visualizó muy poco de sus performances o happenings realizados en una Nueva York sesentera y que iba acorde con las crisis sociales y políticas. Siempre utilizando el cuerpo como micrófono de sus pensamientos, Kusama materializaba sensaciones extáticas donde sus convicciones políticas se externaban ante una sociedad estadounidense y mundial dividida por las restricciones sociales y la protesta de la guerra como pretexto económico. En 1969, un año después del aclamado happening llamado “Anatomic Explosion”, Kusama escribió una carta pública a Richard M. Nixon con lo siguiente: “Nuestra tierra es como un pequeño punto, entre millones de otros cuerpos celestes, una esfera llena de odio y conflictos entre las esferas silenciosas y pacíficas. Vamos tú y yo a cambiar todo eso y hacer de este mundo un nuevo Jardín del Edén… no se puede erradicar la violencia mediante el uso de más violencia”, una carta abierta a mi héroe Richard M. Nixon de Yayoi Kusama.
Después de 57 años, el mundo no ha cambiado. La guerra y los conflictos siguen latentes, pero sin Yayoi Kusama, quién falleció el pasado 14 de agosto a los 97 años en un hospital de Tokio (Japón).
La noticia fue dada a conocer 12 días después. Con el algoritmo a tope, miles de medios y cuentas en redes sociales recuerdan su arte, sus calabazas con lunares, fotos de su estilo incofundible.
The Washington Post/Getty Images
Nacida en Matsumoto, Japón, en 1929. Tuvo una infancia infeliz debido a una madre abusiva y un padre mujeriego. Su adinerada familia administraba viveros de plantas, y Kusama dibujaba flores, a pesar de los frecuentes intentos de su madre por impedírselo. Desde niña comenzó a experimentar alucinaciones, en las que las flores le hablaban. Para hacer frente a ellas, dibujaba lo que veía.
Su salud mental se deterioró aún más durante la década de 1970, con alucinaciones, ataques de pánico e intentos de suicidio. Regresó a Japón y, en 1977, ingresó voluntariamente en un hospital psiquiátrico de Tokio que ofrecía terapia artística. Esto le proporcionó la estabilidad necesaria para continuar desarrollando su arte sin distracciones. Vivió durante décadas en un hospital y trabajaba en su estudio, situado al otro lado de la calle, seis días a la semana.
En 2018 declaró a The Guardian: “Cuando llego a mi estudio por la mañana, me pongo la ropa de trabajo y empiezo a pintar de inmediato, y trabajo hasta la hora de la cena. No descanso. Incluso ahora, si se me ocurre una idea en mitad de la noche, tomo mi cuaderno de bocetos y dibujo”.
Sonja Blom/Alamy
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