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Columnas

Voto para reconversión

Voto para reconversión

3 mayo, 2014
por Juan José Kochen | Twitter: kochenjj

En el prólogo de This is Hybrid, Steven Holl escribe que “la concentración de muchas actividades sociales dilatan y alabean el tipo edificatorio puro. Si fueran examinadas bajo las preocupaciones teóricas actuales, algunas asociaciones de formas, abandonadas anteriormente, serían acopladas a la ciudad moderna para generar edificios que podrían erigirse como una anti-tipología”. Su concepto de híbrido, una mezcla a veces ecléctica de usos y tipologías, subraya la condición de complejos incubados en las ciudades del siglo XXI como conformadores del espacio público, condensadores sociales multifacéticos, yuxtaposiciones programáticas, dinámicas de la sección, una arquitectura sostenible y una libertad compositiva para nuevas formas arquitectónicas. Entre adjetivos sustentables, renovables e híbridos, muchos edificios ‘modernos’ comparten cada vez más su función multidisciplinar, tanto de profesiones como de usos flexibles. La reutilización se ha vuelto una herramienta de la arquitectura para regenerar o potenciar edificios antes deteriorados, obsoletos o descuidados. Así como han existido propuestas de “Voto para demolición”, también debiera existir su contraparte de rescate. La lógica actual destruye lo existente para imponer “lo nuevo” que a su vez quedará a la espera de su futura demolición. Frente una ciudad que crece sobre ruinas parece tomar fuerza una revisión del método y de los objetivos de la arquitectura a través de la transformación de lo existente, aunque no dejan de haber casos lamentables de “magnífica desaparición” como el Manacar de Carral o el Súper Servicio Lomas de Kaspé, ambos edificios multifuncionales insignes de la modernidad.

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Una de estas ‘hibridaciones formales’ es el espacio de trabajo; entornos densos favorables a interacción donde pasamos el mayor tiempo-horas de nuestro día. Así, la adaptación permanente del espacio físico a las necesidades cotidianas, creando distintas posibilidades espaciales, permiten puestos de trabajo abiertos, cerrados, salas de trabajo concentrado, o de trabajo en equipo, áreas de comunicación informal o de descanso y entretenimiento. Un caso recurrente de esta reconversión sucede con los espacios fabriles en desuso, muchas veces buscados para fines artísticos o galeristas. En la colonia Mixcoac, una antigua bodega de ladrillo y cubierta de asbesto sin valor patrimonial es sometida a un reciclaje sin más requerimientos que la utilidad en su nuevo uso. El proyecto de Lucía Villers plantea un programa de oficinas y espacio de exhibición para una colección privada de arte contemporáneo. Aunque “El Chopo” nos ha demostrado lo contrario, muchas veces con la única guía del sentido común se elimina lo superfluo de la edificación anterior mientras se rescata o hace visible la estructura y los materiales originales. Por lo tanto, la organización del espacio sólo se determina por muros bajos al centro de un perímetro de bodega con las zonas de recepción, trabajo, dirección y la colocación de dos cilindros transparentes como salas de reuniones que son suficientes para transformar los cuadrados de la bodega sin recurrir a la utilización de puertas. El lenguaje de las cosas se vuelve parte del mismo contenedor. El ‘éxito’ de estas disecciones pende de un hilo entre la intervención sutil y el protagonismo de la puesta en escena. La anti-tipología de Holl, más allá de su teoría híbrida, podría ser esta forma de recuperación no sólo de la arquitectura sino de la ciudad. A la vez, como apuesta por resignificar arquitectura de la modernidad sin catalogar y cada vez más expuesta a la voracidad inmobiliaria. Así la hibridación de la ciudad, su reciclamiento y reconversión frente a la pérdida de su memoria histórica.  

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