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Valor sentimental, la grieta que atraviesa la casa

Valor sentimental, la grieta que atraviesa la casa

19 enero, 2026
por Carlos Rodríguez

Si a la casa no le gustaba el ruido, el silencio le desagradaba aún más. Esa es la hipótesis de Nora cuando escribe en la escuela un texto desde el punto de vista de un objeto. Ella elige la casa familiar, que durante más de cien años ha alojado a sus ancestros.  

La metáfora de Valor sentimental (2025), la nueva película de Joachim Trier, es arquitectónica y emotiva, la casa es equiparable a la historia familiar, guarda los días felices y también las penas y las desdichas. Nora (Renate Reinsve) se pregunta qué siente la casa cuando la pisan, si siente cosquillas cuando tocan sus paredes. Los ruidos son las peleas de sus padres y el silencio, su separación. 

Como en todo el cine nórdico, la casa, en el centro de Oslo, es insoportablemente bella, amplia, sus postigos son de color rojo. Su diseño interior, que cambia con el tiempo, como muestra Trier en varios flashbacks, mantiene la línea impoluta que simboliza Ikea, que recuerda la canción inmortal de Manuel Alejando: sí, era bella, sí, era muy bella, pero vacía, pero tan fría…  

Justo así se siente Nora, actriz de teatro que en el funeral de su madre, una psicoterapeuta, se reencuentra en la casa familiar con su papá, Gustav Borg (que encarna de forma espléndida Stellan Skarsgård). Cineasta, Borg prefirió su vida individual y su trabajo, odia el teatro, prefiere leer a Chéjov en vez de ver su obra en los escenarios. También está Agnes, la otra hija, que de niña actuó para su papá, pero se dedicó a la historia y la investigación.  

Trier liga la historia familiar, es decir, la casa, con el estado anímico de los personajes, que batallan con una melancolía cada vez más aguda. Si se atiende la metáfora, la casa tiene una grieta en sus antiguos cimientos, como se narra al principio del filme. La fisura es muchas cosas, entre otras, el suicidio de la abuela paterna, la tortura que sufrió la madre de Nora y Agnes por su compromiso anti nazi.   

Las hermanas forman un espejo al estilo de Bergman, pero aquí, contrario al cine del genio sueco, no se trata de una madre totémica y cruel sino de un padre egoísta que marcó a sus hijas con la hendidura que provocó su abandono. El triángulo familiar es explícito en la secuencia donde se unen sus tres rostros, que se funden hasta transformarse en el otro.   

En Valor sentimental los personajes están juntos, pero solos. Los episodios melancólicos de Nora, sus ataques de pánico antes de salir a escena, la aíslan, vive sumida en ella misma, en el vacío. Aunque Agnes está casada, su compañero es apenas una sombra; su hijo, la única figura de alteridad del filme, la anima a funcionar como el gozne que une a la familia. Gustav, por su lado, es un hombre que se da cuenta de que se ha hecho viejo y está solo.  

A diferencia de otras películas del director, por ejemplo Más fuerte que las bombas (2015), donde la madre muerta en un accidente arruina la vida de su familia con su pesada sombra, Valor sentimental quiere, por alguna razón, ser menos pesimista, quizá porque es la obra más internacional de Trier hasta ahora. 

Más que sentimental, el resultado del filme es ambiguo y bordea el lugar común. Nora termina por aceptar la propuesta de su padre de actuar en su próxima película, que va a filmar en la casa familiar. Se trata de la historia de una mujer que se parece mucho a la madre de Gustav y a ella misma. Siendo así, nadie más la puede interpretar, ni siquiera la fulgurante Rachel Kemp (Elle Fanning), la actriz de Hollywood que busca convertirse en una intérprete seria. 

Seguramente los seguidores del método Stanislavski aplaudirían la decisión de Nora. La imaginación, por otro lado, queda menoscabada en este acuerdo en el que el arte va a fungir como una especie de cura, una terapia, idea demasiado ingenua que desarticula la potencia confrontativa e incluso misteriosa de la creación, que no se explica con la propia vida ni atiende la propia experiencia; es una dirección que no lleva a terrenos desconocidos o riesgosos. 

La película de Gustav es el medio de la anhelada reconciliación con Nora —que en su conflicto parece haber algo incestuoso, por lo menos de manera simbólica, por la forma en que Trier los filma, como si fueran una pareja—, pero el avenimiento parece un arreglo escenográfico, fingido, un gesto filmado en un set que reproduce la casa familiar donde ruedan la película.

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