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Urbanismo hecho a mano

Urbanismo hecho a mano

17 noviembre, 2013
por Miquel Adrià | Twitter: miqadria | Instagram: miqadria

Dice Wolfgang Nowak que las ciudades ya no las construyen los humanos, las construyen los inversionistas. Añado que en México, como en casi todo el mundo, las ciudades son el resultado de la presión demográfica, la especulación inmobiliaria y la gestión de políticos cortoplacistas, aderezado con buenas dosis de corrupción que engrasan las grietas entre lo formal y lo informal.

Esta semana se presentó el libro Handmade Urbanismeditado por Ute Weiland, con Ana Álvarez entre otros, e inspirado por Wolfgang Nowak, creador del premio Urban Age-, que destaca las acciones de transformación creativa de las grandes metrópolis del planeta, realizadas desde las comunidades informales y desde la autogestión. El libro refleja un programa que investiga el futuro de las mega-ciudades del planeta en el siglo XXI y que premia anualmente las acciones más ejemplares. Presentado por Ute Weiland, la mesa estuvo conformada por Ana Álvarez, curadora del capítulo mexicano, Jose Castillo, arquitecto, doctor en urbanismo y consejero de Urban Age, Oscar Pérez, líder de la comunidad Miravalle ganadora de la última edición del premio, Betsabé Romero, artista visual que formó parte del jurado, y el que suscribe estas líneas.

Cinco macrociudades son los paradigmas del cambio de este planeta mayoritariamente urbano: Mumbai, Sao Paulo, Estambul, Ciudad del Cabo y ciudad de México. De cada una se seleccionaron casos de éxito de alianzas de responsabilidad compartida entre ciudadanos, inversores y ONGs para que contribuyan a mejorar la calidad de vida de sus respectivas ciudades. Este premio anual otorga 100,000 dólares al proyecto destacado. El ganador, ubicado en la comunidad de Miravalle de Iztapalapa, es una de las casi doscientas iniciativas que se presentaron y muestra el efecto benéfico de la acupuntura sociocultural en tejidos de la periferia metropolitana, rescatando espacios donde sus habitantes se convierten en ciudadanos, transformando no-lugares en plazas y basureros en parques, recuperando ríos contaminados y mejorando la accesibilidad. Concretamente, la comunidad de Miravalle convirtió un terreno abandonado en un espacio público provisto de biblioteca, centro digital, salones para talleres, comedor económico para 300 personas diarias, y dos foros abiertos para actividades culturales y sociales. También tienen una planta de reciclaje de plástico que ocupa a unos treinta jóvenes del barrio.

Sin duda un premio y una publicación como ésta sirven para llamar la atención, en el mejor sentido, apuntando que es urgente asumir que se trata de un problema global. Aunando experiencias de las periferias metropolitanas se teje una red de conocimientos. No se puede repensar la ciudad sin reconocer las experiencias llevadas a cabo por la comunidad, diseñadas por la gente y no por urbanistas o arquitectos. En realidad el premio permite poner sobre la mesa distintos proyectos de todo el mundo, compararlos y aprender de ellos. Todos parten del trabajo en colaboración entre la gente, para mejorar sus condiciones de vida en sus comunidades y crear redes entre ellas que los hace más fuertes y eventualmente, más concientes de sus problemas y sus posibilidades. A su vez, se reconoce una realidad informal, no como alternativa ni como otro mundo paralelo, sino como parte de una misma sociedad, de una misma metrópolis.

El libro refleja una narrativa fluida para todos los lectores, una excelente selección de entrevistados y también de entrevistadores, entre lideres de la comunidad, del gobierno, de la academia y de la cultura. Cifras duras que permiten comparar escenarios globales, con acciones precisas a nivel local, dibujos infantiles y líneas de tiempo, permiten completar la información. Un libro que refleja la energía de un proyecto cargado de humanidad, de ritmo ameno y bien diseñado, que se convierte en una poderosa herramienta para compartir unas iniciativas que desplazan la marginalidad hacia una ciudadanía integrada y que debería estimular a alcaldes y urbanistas a mirar a su alrededor. Con este premio –apunta Ute Weiland- se hace visible lo invisible. 

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