15 agosto, 2013
por Arquine
Pablo Lazo Elizondo
Primera parte de la estadía en Santiago…
Ciudad acaso más bella que La Habana. Vagando por sus calles y plazas, uno siente que ahí sucedió algo fantástico, pero hace tanto tiempo que (salvo los viejos) casi nadie recuerda qué fue --viéndola tan apagada por esa división insultante entre el país de los turistas y el de los cubanos, que viven arrinconados en su propia casa. Después está la casta de nuevos ricos, funcionarios del partido y del gobierno. Porque la miseria es enorme, pero en esa economía paralela dolarizada se encuentra de todo, siendo que el 80% de los productos es importado. La pregunta es quién accede a esa abundancia, porque el salario medio de un cubano son 15 dólares y en esas tiendas un jabón cuesta 1 dólar. Las remesas de los cubanos en el exilio son la segunda fuente de ingresos del país y el robo a las empresas del estado (por sus propios trabajadores) es la manera habitual de “resolver” la sobrevivencia. El gobierno finge demencia. Como reza la constante consigna en muros y tiendas, plazas y baldíos: “Santiago es Santiago - con el esfuerzo de todos venceremos” (a fuerza de incitaciones a la victoria, uno no termina de entender quién es el enemigo y termina convencido de que los derrotados son los propios cubanos).
En esos días estaba el acalorado “debate” sobre la economía, en la TV, en los monolíticos Granma y Juventud Rebelde (esos órganos de información tan imparciales y objetivos del régimen), donde todo era un golpeteo de pechos (con el ministro de economía a la cabeza) por los fracasos del sistema, y Raúl Castro diciendo, con una mano en la cintura, que “puede que nos hayamos equivocado en todo, arruinando las vidas de varias generaciones” (aplausos), jugando la última carta con la “vía china”: maniatada apertura económica y cero apertura política; un intento desesperado de legalizar lo que ya es una hecho: la economía sumergida que hace funcionar al país, pero con un sistema de impuestos patético e injusto en el peor sentido capitalista. Para este año está prevista la eliminación de la ya raquítica libreta de racionamiento y van a despedir a más de un millón de empleados del estado: que se arreglen, dicen partido y gobierno, ya no los podemos mantener. Si no fuera por los 100 mil barriles de petróleo que les manda Chávez, aquello estaría hundido en el barro… A ver qué iniciativas podrán tomar las personas, después de medio siglo donde se prohibió tomar cualquier iniciativa…
Segunda parte de la estadía en Santiago…
Lo que no cuentan los periodistas y no dicen los informes (sin importar la tendencia), es cómo ese “sistema” ha impactado e impacta las vidas cotidianas de millones de cubanos: sus deseos, sus horizontes profesionales, su psicología, su ánimo, el miedo ante la prohibición de todo lo que no se ajuste a la línea y a la moral oficiales, sus relaciones sociales y amorosas.
La prostitución está ahora más encubierta. Tras la represión que ha enviado a miles de chicas a campos de trabajo, ha migrado rocambolescamente a internet… en un país donde --fuera del e-mail controladísimo, sólo pocos privilegiados acceden a la red-- y cómo incide en decenas de miles saber que quien mantiene a toda la familia es, a menudo, alguna de las hijas (incluso menores de edad), que en un fin de semana con algún cliente extranjero gana más que los padres en todo el año.
Otro dato llamativo: la cantidad de gente que no hace literalmente nada: si el estado finge que les paga, ellos fingen que trabajan. No sé cómo se mide la desmoralización generalizada que produce un hecho tan brutalmente básico… como la mendicidad y la transa tan difusas.
La otra cosa que no se dice en los medios es que, tras 50 años de ese régimen, ha habido un retroceso al paleolítico: el 95% de los cubanos consume toda su energía diaria en sobrevivir, no hay tiempo ni ganas para otra cosa. La gran conquista es que hace unos años casi todos los cubanos pudieron adquirir un refrigerador (un “frío”) y una olla a presión, a pagar en incómodas cuotas durante diez años. En cuanto al famoso nivel educativo, cada vez que escriben, la mitad está llena de faltas ortografía, con una sintaxis de segundo año de escuela…
Primera parte de la estadía en La Habana…
Dentro de su esplendor fantasmagórico, la capital estaba más triste que de costumbre. Conviven consignas oficiales y publicidad de santería para aliviar los males, infinitos changarros donde se venden sobras y se ofrecen servicios tan básicos como inverosímiles. El cartel del homenaje a Lezama Lima es un ultraje: la mitad de los participantes son los que lo traicionaron y le hicieron la vida imposible; ahora lo festejan. El grupo de chicos travestis que ocupaba cada noche la escalera de entrada a nuestro edificio, usaba el zaguán para tener sexo, mear y llenarse de pastillas. Después de medio siglo de reprimir a los homosexuales, ahora se toleran un par de discotecas gays… pero igual mañana Fidel o Raúl Castro se despiertan con el pie izquierdo y ordenan cerrarlos con arrestos en masa contra esa lacra social de degenerados contrarrevolucionarios.
Segunda parte de la estadía en La Habana…
La belleza melancólica del Vedado está cada vez más descascarada, salpicada aquí y allá con la casona impecable de algún nuevo rico o funcionario del gobierno. Las escenas de vida parecen de un tiempo detenido al margen de la vida. Uno les puede encontrar su poesía, pero es siempre un poco escandalosa apenas penetra en la intimidad de las casas y las charlas (serán para otro momento)…
La desinformación total, ligada a la ilusión de saberlo todo, se acompañan con un desinterés casi absoluto por lo que pasa en el resto del mundo: Cuba sigue siendo para el 95% de los cubanos que he conocido, el ombligo no del mundo sino del universo. Uno no sabe si el desinterés se debe a que no pueden salir de ahí ni acceder a ningún tipo de información fuera de la oficial, entonces para que interesarse en algo que nunca voy a conocer... Fuera del e-mail, salvo una minoría de privilegiados del régimen, la población no tiene acceso a internet o a la prensa extranjera: el régimen (como un papá severo pero responsable) vela por la salud mental de sus hijos, no sea cosa que sepan cosas que luego les harán daño.
Mi próxima etapa será Miami, para completar el mosaico del universo cubano. Es que cuando regresen (o vayan) los cubanos de Florida todo será aún peor, no desesperen…
por Javier Barreiro Cavestani