El recorrido es libre, sí. Y eso podría ser interesante. Pero termina siendo desordenado. La mezcla de obras no construye nuevas lecturas: las confunde. No hay claridad, no hay narrativa, no hay descubrimiento. Y hay algo más: el edificio ya se siente viejo. No envejecido con dignidad simplemente fuera de tiempo desde el inicio.
En resumen: una chilena desde medio campo.
Un gesto espectacular que busca el “wow”, pero cuya probabilidad de éxito es mínima. El balón no entra. Se va. Y lo más inquietante no es el error, sino de quién viene. Porque al ver fotografías de Peter Zumthor en la inauguración, hay algo en su expresión que no parece orgullo. Más bien, una especie de distancia y tristeza. Que no se puede ocultar.