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Un incendio en la mirada o una forma de mirar

Un incendio en la mirada o una forma de mirar

11 marzo, 2026
por Liana Vázquez

Una amiga muy querida me dijo hace unos años que las pinturas de Fernanda Caballero le recordaban a las pinturas de flores de Georgia O’Keeffe. Me lo dijo caminando por las salas de ‘Beginner’s Mind’ la primera exposición de la mexicana en Galería Enrique Guerrero, mientras yo le contaba sobre el proceso de esta artista y cada una de las piezas que conformaban la muestra. Hablamos un rato sobre el tema. Ambas hemos estudiado mucho la obra producida por mujeres en diferentes momentos, épocas, espacios y nos apasiona la eterna discusión de si existe o no un lenguaje femenino que se contrapone al masculino y produce obras que pueden identificarse desde un lado u otro.

O si hay algo común en este discurso femenino que acompaña o matiza toda la obra producida por mujeres. Paradójicamente, yo que todo lo cuestiono, no había mirado las pinturas de Fernanda desde ahí. Quizás porque la conocía, porque sentía la muestra muy cercana, o porque mis dos piezas favoritas, (dos linos, dos manchas, dos universos), no me recordaban para nada a mi amada Georgia de quien había escrito un largo ensayo años atrás en Cuba. También sabía que mi amiga era de todo menos simple y que no hablaba solo de lo que veía. Ella buscaba encender una chispa en mi cabeza, mover algún engranaje que me pusiera a inventar relaciones y paradojas entre ambas artistas.

Soy historiadora del arte, sé que es inevitable que unas cuantas pinturas de aquella muestra recordaran invariablemente a las flores de O’Keeffe. Supongo que ni Fernanda podría negar tal cosa, ni le interesaría hacerlo; y en última instancia ni una fue la primera en pintar flores, ni otra será la última. A estas alturas sabemos que en el arte lo innovador no importa tanto si el concepto que secunda la forma abofetea a quien mira. Mi amiga y yo salimos de la Galería y con un café pasamos a otros temas, otras risas, otras cosas.

Hace unas semanas se inauguró la segunda muestra de Fernanda Caballero en Galería Enrique Guerrero. ‘Néctar’ es una exposición diferente. En formatos, en colores, en esencia. Dice en el texto que estas piezas salieron de un momento de parón y de contemplación de la artista. Y eso se nota. Pero a la vez, son orgánicas respecto a su producción anterior. Son consecuencia de. Hay linos, mis absolutos favoritos, que representan manchas gigantes que desbordan la tela, que abrazan a quien mira, que gritan verdades que nadie más sabe.

Y hay formatos más pequeños que tienen nombres bellísimos como ‘Existen plantas sagradas’ o ‘Ese día el fusil era una rosa’ que devienen claras declaraciones de intención de una artista que muestra sin temor, posicionamientos claros, basta revisar un poco sus redes sociales, cosa extraña en este tiempo convulso que nos ha tocado vivir. Sin embargo en un pequeño dibujo archivado por ahí y reproducido en un libro con olor a nuevo, Fernanda dice: soy bien cursi en el fondo y me da pena. Una tremenda paradoja que me produce una ternura infinita.

La exposición es preciosa en su conjunto, pero hay una pieza solita en una sala en medio de todo los demás, que te absorbe sin querer. ‘Atardecer o incendio’ se nombra; y es una tela blanquísima, repleta de tonos rosas, y verdes, y naranjas. Y tiene texturas y transparencias y líneas borrosas y la pincelada es larga y fina. Esta pieza es una forma de la artista de decir: estoy aquí, no me he ido, sigo siendo yo. No lo sé de cierto, pero sospecho que Fernanda se ha reconstruido. Y se ha reencontrado consigo misma en el proceso. A todas nos pasan cosas, y se aprende y se trabaja, y se saca. Pero debo decirlo, yo creo, a riesgo de parecer muy cursi (otra vez esa palabra), que esa pieza a visto a Fernanda llorar.

Georgia O’Keeffe pintaba sobre lo efímero y lo permanente. No lo digo yo, lo dice la crítica que habla sobre su producción pictórica; y es que todo en la vida se mueve dentro de esa dicotomía. Todo es lo uno o es lo otro. Y si bien yo no veía con tanta claridad la influencia conceptual de O’Keeffe en aquellas pinturas iniciales de Fernanda, sí veo esta dicotomía en las piezas que conforman ‘Néctar’. Las pienso como un ejercicio de colocación. De colocación de colores, de texturas, de recuerdos, de memorias y ahí, justo entre esos límites se mueve la abstracción. La de Fernanda al menos.

Mi amiga no puede venir a esta exposición. Hace años que no vive en México y su trabajo no le permite viajar todo lo que quisiera. Pero le hago una video llamada y camino con ella las salas de la muestra. Y me detengo en cada pieza y le explico y le digo que ahora yo sí veo a Georgia en alguna pincelada, en alguna forma, en el centro oscuro de una pieza. Y mi amiga sonríe y me dice lo que yo ya sabía, que nunca se trató de influencias, ni de Georgia, que siempre se trató de la forma de mirar.

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